Un mundial que debe ser anulado
José del Olmo
Cuadernos de Fútbol n.o 188 | Julio 2026
Un mundial que debe ser anulado
Autor: José del Olmo
Publicación: Cuadernos de Fútbol, nº 188
Fecha: 1 de julio de 2026
Fecha de recepción: 13 de mayo de 2026
Fecha de aceptación: 15 de junio de 2026
ISSN: 1989-6379
Resumen / Abstract:
El Mundial de 1934, ganado por Italia, debería ser anulado porque la selección italiana alineó repetidamente jugadores que incumplían la normativa FIFA vigente sobre cambios de selección nacional. Además de las ayudas arbitrales y la influencia del régimen fascista de Mussolini, existieron once infracciones reglamentarias que cuestionan la legitimidad del título.
The 1934 FIFA World Cup, won by Italy, should be annulled because the Italian national team repeatedly fielded players who violated the FIFA regulations then in force regarding changes of national-team eligibility. In addition to controversial refereeing decisions and the influence of Benito Mussolini’s fascist regime, there were eleven regulatory infringements that cast serious doubt on the legitimacy of the title.
Sobre el Campeonato del Mundo de 1934 ganado por Italia con el apoyo explícito del régimen fascista de Benito Mussolini se ha escrito mucho. Se ha resaltado la tremenda implicación de aquel gobierno italiano en la organización del certamen y de las constantes ayudas arbitrales que recibió la Squadra Azzurra para llegar a la final y alzarse con el título. Sin embargo, por ese tipo de circunstancias condicionantes precisamente el Mundial de 1934 no se diferencia mucho de otros mundiales que también ser resolvieron con decisiones arbitrarias y polémicas. Uruguay 1930, Inglaterra 1966 o Argentina 1978, por citar tres campeonatos en los que la presión ambiental fue decisiva, pueden servir de ejemplo.
CUANDO LA POLÍTICA INTERFIERE EN EL DEPORTE
Con la instauración de los Juegos Olímpicos de la Edad Moderna el mundo encontró una proyección social del deporte en un principio insospechada. Fueron concebidos por el barón de Coubertin para diferenciar a los deportistas íntegros, los que los practicaban por afición, frente a las competiciones organizadas como espectáculos protagonizadas por profesionales. Esa concepción del deporte puro no dejaba de ser una versión elitista, donde solo podrían destacar aquellos que dispusiesen de suficiente tiempo libre y medios económicos para entrenarse y desplazarse. Eran los modernistas, los mismos que aparecen retratados en Luces de Bohemia, jóvenes, si no aristócratas, al menos despreocupados de la realidad, que preferían evitar la crudeza de la industrialización, refugiándose en una idílica antigüedad clásica, que cada cuatro años celebraba los Juegos Olímpicos en honor a Zeus.
La Carta olímpica dejaba muy claro el rechazo absoluto a aquel que obtuviese una compensación económica por la práctica del deporte. Por lo tanto, para los Juegos Olímpicos, por reglamento, quedaban vetados todos aquellos deportistas que ganasen premios en metálico, como los boxeadores, o incluso los corredores, que llegaban a cobrar solo por participar en pruebas, dependiendo de la fama que hubiesen alcanzado. El mundo de las apuestas, tan antiguo que se pierde en la noche de los tiempos, permitía a muchos escapar de la dura vida que llevaban las clases más modestas.
Si los deportistas olímpicos salían de la aristocracia y de las universidades, la mayoría de los profesionales se formaba en el seno del proletariado. En un principio, los participantes en los Juegos Olímpicos lo hicieron a título personal. Fue en Londres 1908 la primera edición en la que se desfiló bajo una bandera nacional… y ya surgieron los primeros problemas políticos 1. También fue la primera vez que hubo oficialmente fútbol, aunque llevado a cabo por la Football Association inglesa, que gozaba de la confianza de la FIFA, organismo que asumiría ya la organización del torneo a partir de 1912.
Dando un salto en el tiempo, en 1920, cuando se reanudan los Juegos Olímpicos tras la I Guerra Mundial, el fútbol toma un impulso sin precedentes y se asiste a un verdadero torneo internacional. Con todo, la germanofobia se había apoderado del ambiente en la Europa vencedora y en Amberes, proscritos los derrotados Alemania, Austria y Turquía, la animadversión popular se cebó con Checoslovaquia, representante de un nuevo estado surgido de la descomposición del Imperio Austro-húngaro. Propiamente en Amberes se produjo la primera interferencia de la macropolítica mundial con el deporte 2.
El éxito del Torneo de Fútbol en la Olimpiada de Amberes fue secundado por el de París 1924. A partir de esos juegos, la FIFA fue consciente de una profesionalización del fútbol fuera de las Islas Británicas que le planteaba un conflicto con la Carta Olímpica. Para Ámsterdam 1928, en el seno de la FIFA se había aprobado una definición de jugador profesional que discrepaba significativamente de la que defendía el movimiento olímpico. Por mediación del Comité Olímpico Holandés, puesto que el fútbol era el deporte más popular en ese país, FIFA y COI firmaron una especie de tregua, dejando, a criterio de sus respectivos comités olímpicos nacionales, la inscripción de los jugadores. Con ello se salvaron económicamente los Juegos de 1928, pero bajo estas condiciones el torneo quedó adulterado, pues la mayoría de los equipos, como el de España, se presentó con una selección puramente amateur; mientras que otros, como Italia, se presentaron con todos sus jugadores disponibles. Más coherentes fueron Checoslovaquia, Austria y Hungría, que prefirieron no participar.
De ese conflicto surgió la necesidad de crear una competición independiente y regulada exclusivamente por la FIFA. Una idea que se venía gestando desde hacía años hasta que en el XVIII Congreso, Barcelona 1929, se aprobó el Campeonato del Mundo, una competición que pudiesen disputarla tanto profesionales como amateurs, y se eligió como primera sede Uruguay. En consecuencia, dado que el Comité Olímpico Internacional no modificaba su definición de amateurismo, un concepto decimonónico para Jules Rimet3, la propia FIFA entendió que el fútbol no debía entrar en el programa de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. A esto se añadía el éxito mediático que había alcanzado el Mundial de 1930, pese al boicot europeo.
La exaltación del sentimiento uruguayo, la identificación del público con la Celeste y la implicación del gobierno en la organización del evento, haciéndolo coincidir con el centenario de la independencia de Uruguay, fueron tres factores que seguro que llamaron la atención del Duce. Esa fue la diferencia de planteamientos con que Suecia e Italia afrontaron su candidatura para organizar el Mundial de 1934, precisamente en el XXI Congreso FIFA, mayo de 1932 en Estocolmo. Retirada la candidatura de Suecia, en las actas de ese congreso se refleja la falsa modestia de la delegación italiana4:
El Sr. Mauro, en nombre de la Asociación Italiana, declaró que no podía dar una respuesta definitiva en ese momento, ya que las obligaciones financieras de esta competición solo han sido establecidas por este Congreso.
Sin embargo, todo indicaba que esa respuesta ya se llevaba preparada. Porque la construcción de estadios como el Berta de Florencia o el Benito Mussolini de Turín, prácticamente finalizados a finales de 1932 con las más modernas técnicas arquitectónicas de la época, no eran producto de ninguna improvisación. Era una idea que venía directamente del máximo mandatario italiano 5.
Lo cierto era que Mussolini sí había entendido lo que suponía el Mundial: publicidad de su régimen ante el mundo e identificación con los deseos populistas más llanos: ganar el campeonato para mayor gloria de Italia. Y se trataba de ganar como sea.
LA ITALIA DE LOS ORIUNDI Y EL REGLAMENTO DE LA FIFA
La ley italiana nº 555 del 13 de junio de 1912 básicamente reconocía, por ius sanguinis, que todo hijo de padre italiano tenía automáticamente la ciudadanía italiana. Eso permitía reconocer como italiano a todo hijo de emigrante. El Calcio no tardó en recurrir a ella para reforzar primero a sus clubs y seguidamente a su combinado nacional.
Julio Libonatti fue el primer argentino traspasado a Europa, naturalmente a Italia, dado que tenía ascendencia calabresa. En 1925 pasó del Newell’s Old Boys al FBC Torino. Fue internacional con Argentina entre 1919 y 1922 en 15 ocasiones, la última el 15 de octubre de 1922 en Río de Janeiro contra Brasil. El 28 de octubre de 1926 debutó con la selección italiana en Praga.
Un par de años después llegó Raimundo Orsi. Tras ser subcampeón olímpico en Ámsterdam con Argentina y ganar a los uruguayos en Buenos Aires (1-0) en el partido de revancha del 30 de agosto de 1928, pasó del Independiente de Avellaneda a la FBC Juventus de Turín. No tuvo problemas para recibir la ciudadanía italiana ya que su padre era emigrante italiano. Debutó con los azzurri el 1 de diciembre de 1929 ante Portugal, marcando dos goles del contundente 6-1. Orsi también llegó al Mundial de 1934 y contribuyó al éxito de la Squdra Azzura, y, además, cumpliendo con la normativa FIFA para aquellos jugadores que defendían una segunda selección nacional en vida.
Inicialmente la reglamentación FIFA para la alineación de jugadores en partidos de selección absoluta llevaba una lógica natural. Era un honor para todo jugador defender los colores nacionales y ese honor correspondía a los nativos de cada país. A lo sumo, podía tener esa distinción aquel jugador que, aun habiendo nacido en un territorio extranjero, tuviese la nacionalidad correspondiente a la federación a la que estaba afiliado. En esos primeros partidos internacionales, con esa idea era suficiente para que cada federación tuviese muy claro qué jugador era elegible.
En el congreso FIFA de mayo de 1924 en París, Manuel de Castro, como representante de la RFEF, planteó la situación de René Petit6:
Permitir que René Petit, nacido en España de padres franceses, educado en España y saliendo del país solo excepcionalmente, fuese considerado elegible para la Selección Española, pese a que conserve la ciudadanía francesa.
El representante español sostenía que hubiese una nacionalidad deportiva diferente a la nacionalidad legal. En algunos países se admitía que los hijos de ciudadanos nacidos en territorio extranjero pudiesen adoptar la nacionalidad de dicho territorio.
La propuesta se debatió, teniéndose en cuenta el comentario de Uruguay, que señalaba un conflicto legal: la mayoría de los países sudamericanos aplicaban el criterio del lugar de nacimiento, mientras que muchos países europeos se acogían al ius sanguinis, es decir, a que el hijo adoptara la nacionalidad del padre de manera indistinta al lugar de nacimiento. Finalmente se consideró que tomar una decisión sobre este tema se escapaba de las competencias de la FIFA y se dejó el reglamento como estaba, es decir, René Petit no podía jugar con España puesto que no era ciudadano español.
Hubo que esperar al XX Congreso de la FIFA, Berlín, mayo de 1931, en el que, a propuesta de Rumanía se buscó una redacción más clara y concreta para la elegibilidad de jugadores en una selección nacional.
El motivo venía de largo, desde el final de la I Guerra Mundial. El hecho de que el Imperio Austro-húngaro hubiese sido disuelto y repartido en nuevos estados, así como la recomposición del mapa político europeo, con importantes cambios territoriales y desplazamientos de fronteras, provocaron situaciones nuevas. Había jugadores que se habían alineado con Austria o Hungría, pero su nueva nacionalidad era checoslovaca o yugoslava, y territorios bajo la soberanía austriaca pasaron a ser polacos, por poner algunos ejemplos. Hasta entonces en los congresos de la FIFA se había estado discutiendo el tránsito de jugadores de un país a otro, sobre todo reconsiderando la condición de amateur o profesional, ya que no todos los países tenían una reglamentación uniforme al respecto. Ahora se estaba comprobando que había jugadores que no solo habían cambiado su residencia, sino también su pasaporte y, a falta de una normativa clara, habían llegado a defender dos selecciones nacionales diferentes.
El texto propuesto por la delegación rumana para fijar el Artículo 36 del reglamento de la FIFA era el siguiente:
Los jugadores que hayan representado a una Asociación Nacional en un partido internacional no serán elegibles para el equipo representativo de otra Asociación Nacional en el periodo de tres años posteriores al último partido de la primera Asociación Nacional, incluso en el caso de que se hayan convertido durante ese periodo en súbditos del país de la segunda Asociación Nacional.
Los jugadores que hayan representado hasta la fecha dos o más Asociaciones Nacionales serán calificados para jugar por la Asociación Nacional donde sean súbditos.
Y, una vez debatido, igual que fue propuesto así quedó aprobado con un solo voto en contra (Austria) y tres abstenciones (Italia, Francia y Hungría). Como no hubo ninguna modificación más en el reglamento sobre esta cuestión, esta normativa era la que estaba vigente en el Campeonato del Mundo de 1934, tanto para la fase de clasificación como durante la fase final.
Así comenzó la fase de clasificación y llegó el primer equipo sancionado por alineación indebida. El húngaro-rumano Iuliu Baratki había nacido en la ciudad de Nagyvarad, húngara mientras se mantuvo el Imperio Austro-húngaro, pero al finalizar la I Guerra Mundial pasó a Rumanía y fue renombrada como Oradea. Baratki, futbolista profesional marchó a Budapest para jugar con el Hungaria MTK con el que llegó a jugar 9 partidos con la selección húngara. El último tuvo lugar el 2 de julio de 1933. Seguidamente fichó por el CS Crişana, de su ciudad natal, obtuvo la ciudadanía rumana y fue alineado en el partido Suiza-Rumanía (2-2), disputado el 29 de octubre de 1933, válido para la fase de clasificación para el Mundial de 1934. No habían pasado ni cuatro meses entre su despedida de Hungría y su debut con Rumanía. Suiza denunció la alineación indebida, se dio por perdido el partido a Rumanía por 2-0, y Baratki tardó casi año y medio en volver a jugar con su nueva selección.
El 25 de marzo de 1934 Italia jugó el partido de ida contra Grecia, válido para la clasificación para el Mundial de 1934. Entonces no se tuvo en cuenta su condición de país anfitrión y se le incluyó en el Grupo D de la serie europea, donde, eso sí, le adjudicaron un rival claramente inferior. Los italianos no tuvieron problemas sobre el césped del milanés San Siro y goleó a los helenos por 4-0. Lo curioso fue que nadie dijo nada, pero Italia había alineado irregularmente a cuatro jugadores: Nininho, Filó, Monti y Guaita, como eran conocidos en sus países de origen.
Por orden de llegada a Italia, el primero fue el italobrasileño de origen toscano Otávio Nininho Fantoni. Procedente de Minas Gerais, del Palestra Italia de Belo Horizonte7, debutó con el Lazio de Roma el 26 de abril de 1931. Fue renombrado como Ottavio Fantoni II, ya que era el segundo de la larga saga de los Fantoni, todos llegados del mismo club brasileño. Jugó solo un partido con Italia, precisamente el de la fase previa del Mundial 1934 contra Grecia. Faltaba prácticamente un mes para cumplir los tres años de residencia en Italia, por lo que su inclusión en la Squadra Azzurra iba en contra del reglamento.
También era italobrasileño Amphilóquio Marqués, futbolísticamente conocido como Filó. Jugaba en el SC Corinthians de Sao Paulo, hasta que fue fichado por el Lazio. Llegó al puerto de Génova el 22 de julio de 1931 y, ya que su padre no era italiano, hubo que recurrir a la letra pequeña de la Ley nº 555, porque excepcionalmente se podía conceder la nacionalidad por vía materna en el caso de ser hijo de padre desconocido o de madre soltera. Le encontraron una madre de apellido Guarisi y, para borrar su origen brasileño, se italianizó bajo el nombre de Anfilogino Guarisi, como así es citado en las alineaciones de la selección italiana. Debutó con su nueva selección el 14 de febrero de 1932, en Nápoles, ante Suiza (3-0). Previamente había jugado cuatro partidos con la selección brasileña.
Más llamativo era el caso del italoargentino Luis Monti, subcampeón del mundo con su país natal en 1930. El 4 de julio de 1931 jugó su 16º partido internacional con Argentina ante Paraguay (1-1), cuando aún tenía ficha con el CS Palermo de Buenos Aires. Posteriormente fichó por la FBC Juventus de Turín y, acogiéndose a su nueva nacionalidad, debutó con Italia el 27 de noviembre de 1932 en Milán ante Hungría (4-2).
Cierra la lista de ilegales Enrique Guaita, que tras jugar cuatro partidos con la selección argentina, el último el 5 de febrero de 1933, ante Uruguay (4-1), pasó del CA Estudiantes de La Plata al AS Roma ese mismo año. Debutó, ya con el nombre de Enrico Guaita, con Italia al poco de cumplirse un año de su despedida de Argentina, el 11 de febrero de 1934, en el Benito Mussolini de Turín ante Austria (2-4).
Ninguno de los cuatro jugadores del equipo italiano aquí citados cumplía con la normativa FIFA que exigía haber transcurrido tres años desde el último partido internacional con su antiguo país y llevar ese tiempo como súbdito en el nuevo país de residencia.
A diferencia de Suiza, que sí denunció a Rumanía, Grecia no lo hizo pese a que eran cuatro los jugadores que habían sido alineados indebidamente. Es más, Grecia decidió no jugar el partido de vuelta.
Salvado el trámite de Grecia, llegaron los partidos de la fase final. Cuatro partidos a todo o nada para alcanzar la gloria o el anonimato del olvido. Todo estaba preparado para que saliese a gusto del Duce: un ambiente de exaltación nacional, un público visceralmente entregado a su equipo, unos árbitros totalmente condicionados y un sorteo planificado para que el primer partido fuese todo un éxito. En la relación del seleccionador Vittorio Pozzo se cayó Nininho/Fantoni y entró otro italoargentino, Atilio Dimaría, que tampoco reunía las condiciones reglamentarias para jugar. Siendo jugador del Club Estudiantil Porteño disputó su 13º encuentro internacional con Argentina el 9 de julio de 1931 ante Paraguay (3-1). Fichó después por el AS Ambrosiana-Inter de Milán y debutó pasado un año con su nueva selección ante Hungría (4-2) el 27 de noviembre de 1932, ya bajo el nombre de Attilio de Maria. Dimaría solo jugó un partido en el Mundial, el del desempate (1-0) contra España.
No es el objetivo del presente artículo recodar las crónicas de los partidos que jugó Italia en su Mundial de 1934. Son bastante conocidas, especialmente las dos que hacen referencia a los encuentros/batallas con España en las que se destaca la parcialidad de los dos árbitros y la dureza del juego italiano. Pero lamentablemente, los textos se limitan a esos dos factores como determinantes de la eliminación de España, que son juzgados bajo criterios subjetivos y siempre debatibles a falta de imágenes. Por eso, y tomando como muestra ajena a españoles e italianos, sirva como testimonio el comentario, bajo la firma de Lucien Gamblin, que apareció en L’Auto, publicación francesa especializada en deportes, a raíz del segundo encuentro Italia-España que finalizó 1-0 8:
El segundo partido entre España e Italia fue más complicado y tuvo muchos altibajos. Solo algunas jugadas individuales demostraron que había dos equipos en el terreno de juego participando en un partido internacional.
Los espectadores imparciales —¡ay!, no había muchos esa tarde en Florencia, entre la multitud de 20.000 personas que asistieron al partido— se retiraron defraudados e incluso molestos.
En estas condiciones, calificar el nivel juego de este partido como muy inferior, donde el deseo de ganar llevado al extremo por uno de los dos equipos condujo a las faltas más flagrantes, donde el árbitro se mostró con tal indiferencia que frecuentemente parecía ser el duodécimo jugador de Italia, donde el público era tan chovinista que bastaba con que uno de los suyos tocara el balón, incluso para pasárselo a otro jugador, para estallar en aplausos, equivaldría a declarar:
1. Que la selección italiana está en declive;
2. Que el árbitro Mercet debería retirarse;
3. Que la educación del público italiano necesita una reforma completa;
4. Que partidos como el disputado entre las selecciones italiana y española son los que más daño hacen al fútbol.
El equipo español tardó más en entrar en acción que el once italiano, pero aun así supo contener los esfuerzos de los azules. Sorprendidos por esta resistencia, los futbolistas italianos Monti, Bertolini, Allemandi y Monzaglio se convirtieron en justicieros y, como Campanal aceptó la pelea, el juego degeneró inmediatamente. Al señor Mercet esto no le importó más que su pitido inicial, y los excesos se fueron acumulando hasta el momento en que Guaita, usando sus manos para saltar, transformó un centro de Orsi con un claro cabezazo, y eso fue todo el fútbol que se vio en la primera parte...
La versión de Gamblin, como se puede apreciar, prácticamente coincide con la que se tiene en España: una tremenda violencia del juego Italiano, absoluta parcialidad del árbitro suizo, considerado jugador número doce de Italia, y gol de Italia obtenido en falta clara.
Para el resto de la competición Italia mostró un sistema de juego parecido: antepuso la violencia sobre el terreno de juego, tanto en las semifinales como en la final. Solo en este último partido, el árbitro se mostró ligeramente imparcial, si atendemos a las crónicas publicadas en los diversos medios de la época.
Sin embargo, en escasas ocasiones se denuncia que Italia utilizó jugadores de manera antirreglamentaria en todos sus partidos mundialistas:
ITALIA-ESTADOS UNIDOS 7·1
Partido de octavos de final del Mundial 1934:
Roma, 27 de mayo de 1934
Jugaron: MONTI (11º partido con Italia), y FILÓ/GUARISI (6º)
Los dos eran ilegibles para Italia.
ITALIA-ESPAÑA 1·1
Partido de cuartos de final del Mundial 1934:
Florencia, 31 de mayo de 1934
Jugaron: MONTI (12º partido con Italia) y GUAITA (3º).
Los dos eran ilegibles para Italia.
ITALIA-ESPAÑA 1·0
Partido de cuartos de final, desempate, del Mundial 1934:
Florencia, 1 de junio de 1934
Jugaron: MONTI (13º partido con Italia), GUAITA (4º) y DIMARÍA/DE MARÍA (2º).
Los dos eran ilegibles para Italia.
ITALIA-AUSTRIA 1·0
Partido semifinal del Mundial 1934:
Milán, 3 de junio de 1934
Jugaron: MONTI (14º partido con Italia) y GUAITA (5º).
Los dos eran ilegibles para Italia.
ITALIA-CHECOSLOVAQUIA 1·0
Partido final del Mundial 1934:
Roma, 10 de junio de 1934
Jugaron: MONTI (15º partido con Italia) y GUAITA (6º).
Los dos eran ilegibles para Italia.
Un total de once infracciones graves del reglamento lo suficientemente contrastadas y comprobadas como para que la FIFA tomase la histórica decisión de anular el torneo y desposeer a Italia del título ganado ilegítimamente. Un informe que recibió en 1994 y prefirió dejar en el olvido9.
TABLA DE ALINEACIONES INDEBIDAS POR ITALIA EN EL MUNDIAL DE 1934
Ninguno cumplía los tres años de margen reglamentario.
| Jugador | Último partido anterior | Italia-Grecia | Italia-Estados Unidos | Italia-España | Italia-España (rep) | Italia-Austria | Italia-Checoslovaquia |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 24/03/1934 | 27/05/1934 | 31/05/1934 | 01/06/1934 | 03/06/1934 | 10/06/1934 | ||
| MONTI | 04/07/1931 | 2a/8m/20d | 2a/10m/23d | 2a/10m/27d | 2a/10m/28d | 2a/10m/30d | 2a/11m/6d |
| GUAITA | 05/02/1933 | 1a/1m/19d | - | 1a/3m/26d | 1a/3m/27d | 1a/3m/29d | 1a/4m/5d |
| GUARISI | 22/07/1931 | 2a/8m/2d | 2a/10m/5d | - | - | ||
| FANTONI | 26/04/1931 | 2a/11m/2d | - | - | - | ||
| DI MARIA | 09/07/1931 | - | - | - | 2a/10m/23d | - | - |
Notas:
1 En la ceremonia de inauguración, en la que estaba previsto que los atletas desfilasen bajo sus correspondientes banderas nacionales, hubo la renuncia de los irlandeses a desfilar bajo la bandera del Reino Unido, y el boicot de los finlandeses que fueron obligados a integrarse en la delegación rusa. Además, el abanderado de los Estados Unidos no realizó la protocolaria reverencia al pasar frente al palco real, presidido por el rey Eduardo VII, porque la bandera estadounidense no se inclina ante ningún rey terrenal.
2 José del Olmo: Amberes 1920. Cuadernos de Fútbol Nº 123, septiembre 1920.
3 En febrero de 1932 Jules Rimet, presidente de la FIFA declaró: el amateurismo se ha convertido en una especie de profesión de fe. Es a la vez idealismo y romanticismo. Pero cuando el deporte se ha convertido en un espectáculo para diversión de otros, intentar definir el amateurismo es una farsa o una especie de fraude. El juramento olímpico lo hacen personas que son notoriamente profesionales. En reuniones privadas que he tenido con miembros del COI, todos coinciden con mi punto de vista, pero cuando actúan en su carácter oficial defienden hipócritamente el inexistente amateurismo.
4 Actas del XXI Congreso FIFA, Estocolmo, mayo 1932.
5 La política de pasillos fue decisiva. Los suecos querían la organización y aprovechando que los del congreso se reunían en sus lares hicieron bellas maniobras de captación que no llegaron a consolidarse. Por otra parte, Benito Mussolini había encomendado a la Federación Italiana la conquista de la decisión. Otorino Baresi y Giovanni Mauro llevan la voz cantante en el Congreso, pero la verdad es que tras ellos está la poderosa voluntad del general Giorgio Vaccaro, que exigido por Mussolini, reclama, a su vez, decisión a los oficiales italianos. El trabajo en los pasillos dio sus frutos. El congreso de Estocolmo dio sus votos a Italia. Pedro Escamilla, Medio siglo de Campeonato Mundial de Fútbol. Consejo Superior de Deportes, Madrid 1979.
6 Actas del XIII Congreso FIFA, París, mayo 1924.
7 En 1942 el gobierno brasileño, alineado con las fuerzas aliadas durante la II Guerra Mundial prohibió los nombres de entidades que tuviesen alguna relación con los estados que componían el Eje. Así el Palestra Italia pasó a llamarse Cruzeiro en Belo Horizonte. Igualmente, el Palestra Italia de Sao Paulo adoptó el nombre de Palmeiras.
8 L’Auto, 2 de junio de 1934.
9 La IFFHS publicó un minucioso trabajo, con la más completa información habida, sobre el Campeonato del Mundo de 1934 en su revista Fußball-Weltzeitschrift Nº 28-31, de 1995, tras haber informado a la FIFA del resultado de las investigaciones.
