Punto de partida del artículo: el historiador barcelonista, antimadridista y antifranquista que aquí se parodia no parte de la nada. Conoce previamente, aunque sea de forma parcial, la existencia de contactos entre el Real Madrid -o algunos de sus dirigentes- y Ramón Sedó, alto cargo de Exteriores. A partir de ese conocimiento previo construye la acusación habitual: si el Real Madrid se comunicaba con Sedó, el Real Madrid sería el equipo del Régimen. Lo que todavía ignora es que el archivo le tiene preparada una carta del Club de Fútbol Barcelona a ese mismo Sedó.
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Petición previa al lector
Antes de leer este artículo, se ruega al lector que repase las cartas adjuntas de Enric Llaudet a Ramón Sedó. No son una nota marginal ni una cortesía sin contenido: son el documento que cambia el sentido de la discusión. Primero debe verse la carta; después, sólo después, debe juzgarse la retórica habitual sobre fútbol, franquismo, diplomacia y clubes españoles.
ESCÁNER 1
ESCÁNER 2
1. Objeto y tesis de partida
El documento reproducido al inicio no es una piedrecita en el zapato del relato: es el zapato entero. Se trata de una carta del Club de Fútbol Barcelona a Ramón Sedó, alto cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores durante la etapa Castiella, en la que el club azulgrana informa de su gira sudamericana y comenta la actuación de embajadores, cónsules, banderas, recepciones oficiales y efectos políticos.
A ese dato debe añadirse otro, sencillo pero muy expresivo: Ramón Sedó Gómez no era un extraño anticatalán fabricado para incomodar al Barcelona. Era catalán, nacido en Juneda, provincia de Lérida, el 1 de noviembre de 1912, según las referencias biográficas disponibles. Es decir, el supuesto símbolo del aparato exterior franquista utilizado para señalar al Real Madrid puede aparecer también como un diplomático catalán al que escribe el Barcelona para relatar una gira que el propio club presenta en términos políticos y diplomáticos.
La tesis de este artículo es clara: Sedó no puede servir como prueba de cargo contra un solo club. Sedó era una pieza del aparato exterior del Estado. Si el contacto con él convierte al Real Madrid en “equipo del Régimen”, entonces la carta de Llaudet obliga a sentar también al Barcelona en el mismo banquillo. Si, por el contrario, el contacto del Barcelona con Sedó debe contextualizarse, exactamente lo mismo debe hacerse con el Real Madrid.
2. El historiador selectivo antes de conocer la carta
Imaginemos al historiador barcelonista, antimadridista y antifranquista en su momento de máximo fervor litúrgico. Parte de una información parcial: el Real Madrid tuvo contactos con Ramón Sedó y con los canales diplomáticos de Exteriores. Con ese único foco, el relato sale solo: embajadas, Castiella, diplomacia, franquismo, club del Régimen. La misa queda dicha antes de mirar el archivo entero.
El procedimiento es precioso por su comodidad. Si el Real Madrid viaja, no viaja: conspira. Si la embajada le atiende, no le atiende: lo consagra. Si Exteriores recibe noticias de la gira, no administra: manipula. Si Castiella se alegra del éxito exterior, no hace diplomacia: levanta acta del franquismo madridista.
Con ese método se escriben artículos redondos, se indignan lectores ya convencidos y se ahorra el fastidio de mirar a los lados. El inconveniente es que el archivo tiene una costumbre muy poco deportiva: no respeta las camisetas.
3. El matiz lógico: más contacto del Real Madrid no equivale a más franquismo
Debe admitirse un matiz elemental: es perfectamente lógico que el Real Madrid pudiera tener más contacto con Sedó que el Barcelona en determinados años. No porque fuera ontológicamente más franquista, sino porque desplegaba más actividad exterior. En aquellos años el Real Madrid no sólo jugaba fútbol internacional con enorme frecuencia; también su sección de baloncesto multiplicaba viajes, competiciones y contactos fuera de España.
Confundir volumen documental con culpabilidad política es una de esas virguerías que sólo parecen inteligentes mientras no aparece el documento contrario. Si un club sale más veces de España, es normal que produzca más papeles en Exteriores. La cantidad de papeles no prueba por sí sola una devoción política superior; prueba, antes que nada, más viajes, más torneos, más embajadas que atender y más expedientes que archivar.
El matiz, por tanto, no salva una tesis antimadridista: la desmonta. Porque si el mayor número de contactos del Real Madrid se explica en buena medida por su mayor presencia exterior, la pregunta deja de ser “¿por qué hablaba el Madrid con Sedó?” y pasa a ser otra mucho más incómoda: “¿qué hacían todos los clubes españoles cuando salían al mundo bajo aquel Régimen?”.
4. La carta del Barcelona: el archivo llama a la puerta azulgrana
La carta barcelonista entra en escena con una crueldad documental admirable. No viene de un enemigo del club. No viene de una crónica madridista. No viene de un propagandista de la meseta. Viene con membrete del Club de Fútbol Barcelona y se dirige a Ramón Sedó. Es decir, al mismo tipo de interlocutor que, si aparece relacionado con el Real Madrid, algunos convierten en prueba de naturaleza política.
El remitente escribe desde Guayaquil, el 8 de julio de 1962, para contar “cómo va la gira”. El tono no es clandestino, ni resistente, ni incómodo ante el aparato estatal. Es el tono de quien informa a un alto cargo de Exteriores de cómo han funcionado las atenciones diplomáticas, los actos oficiales y el impacto político de la visita.
5. Lo que dice la carta, sin anestesia
Montevideo. La carta afirma que el embajador atendió bien al Barcelona, aunque con frialdad. Describe la recepción en Peñarol, la presencia de Nogués, la cuestión de las banderas y la manera en que se planteó si debían aparecer la uruguaya, la española o las de los clubes. Para ser un simple viaje deportivo, el asunto tenía una curiosa afición por las banderas y los embajadores.
Banderas. El asunto ocupa un lugar central. Se negocia qué bandera sale, quién la porta y cómo se evita o se produce el gesto protocolario. La carta permite ver que el fútbol exterior no era sólo deporte: era representación nacional, imagen pública y diplomacia de baja o media intensidad. Cuando eso lo hace el Real Madrid, algunos se llevan la mano al pecho. Cuando lo hace el Barcelona, conviene no cambiar de mano: conviene aplicar el mismo criterio.
Paraguay. Aquí la carta se vuelve demoledora. “Aquí el Barcelona ha tenido un éxito político excepcional”. No dice “éxito deportivo excepcional”; dice político. Añade que el objetivo era significar algo, que todo salió redondo y que se hizo una “Embajada de Encomienda para arriba”. La frase no pide interpretación: pide lectura.
Stroessner. La carta relata una recepción en el Palacio Presidencial, audiencia especial del general Stroessner, palabras de elogio para España, Barcelona y el Barcelona, obsequio de insignia de oro y brillantes, saque de honor, saludo a jugadores y entrega de copa. El fútbol azulgrana aparece en plena escenografía oficial de una dictadura paraguaya amiga de la España franquista. Quien quiera ver ahí sólo folclore tendrá que esforzarse bastante.
Buena embajada. La frase “el fútbol hizo buena embajada” es quizá la llave del documento. Encaja de forma perfecta con la idea de diplomacia deportiva del franquismo. La diferencia es que aquí el sujeto no es el Real Madrid, sino el Barcelona. Y esa pequeña incomodidad, tan pequeña como una carta de dos páginas, basta para desordenar muchas bibliotecas sentimentales.
Guayaquil. El autor lamenta que el embajador no se desplazara y explica que el vicecónsul se puso a sus órdenes. El detalle es importante: el Barcelona esperaba asistencia diplomática española y la evaluaba. No se trataba de un club que repudiara el contacto con el Estado, sino de un club que, como los demás, utilizaba los canales disponibles cuando viajaba.
6. Ramón Sedó: catalán, diplomático y problema para los relatos simples
El dato sobre Sedó no es menor. Ramón Sedó Gómez era catalán, nacido en Juneda, Lérida. Esta circunstancia no lo despolitiza ni lo convierte en otra cosa distinta de lo que fue: diplomático relevante del franquismo, director general de Política Exterior y después subsecretario. Pero sí complica la caricatura de “Madrid contra Cataluña” cuando se maneja el aparato franquista como si hubiera sido una realidad geográficamente pura y moralmente simple.
Dicho de otro modo: el franquismo no fue un decorado madrileño al que el Barcelona miraba desde una nube virginal. El régimen tuvo funcionarios catalanes, empresarios catalanes, alcaldes catalanes, directivos catalanes, beneficiarios catalanes, colaboradores catalanes y clubes catalanes que hicieron vida institucional dentro de sus reglas.
Esto no convierte a todos en creyentes fervorosos del Régimen. Convierte en insostenible la fabricación posterior de purezas absolutas. Una cosa es estudiar condicionamientos, presiones, oportunismos, ventajas, miedos y acomodos. Otra, mucho más cómoda, es construir una catequesis en la que el Real Madrid carga con todo el barro y el Barcelona pasea por la historia con zapatillas blancas.
7. La cara que se le queda al historiador antimadridista
La escena merece un cuadro. Nuestro historiador barcelonista acaba de escribir que el contacto con Sedó demuestra la naturaleza franquista del Real Madrid. Ha puesto cara grave, ha citado la diplomacia de Castiella, ha descrito embajadas y ha concluido que todo aquello era una maquinaria al servicio del club blanco. Entonces aparece la carta de Llaudet.
Porque ahora ya no basta con decir “Sedó”. Hay que decir también “Sedó y el Barcelona”. Ya no basta con decir “embajadas”. Hay que decir “embajadas y Barcelona”. Ya no basta con decir “buena imagen de España”. Hay que decir “el fútbol hizo buena embajada”. Ya no basta con decir “uso político del deporte”. Hay que explicar por qué el uso político cambia de naturaleza cuando cambia el escudo.
La cara, probablemente, será la de quien descubre que el espejo estaba detrás de la pancarta. No pasa nada: siempre queda el recurso de llamar “contexto” a lo propio y “prueba definitiva” a lo ajeno. Es una gimnasia intelectual muy practicada. Cansa poco y permite ganar todos los partidos antes de jugarlos.
8. Relación con “El Barcelona, club que tiene también nuestra admiración y adhesión”
La carta debe ponerse en relación con el artículo “El Barcelona, club que tiene también nuestra admiración y adhesión” (Castiella), publicado por Antonio Arias en Cuadernos de Fútbol, nº 188. La conexión es directa: el tópico historiográfico ha retenido la frase de Castiella sobre el Real Madrid como gran embajada exterior, pero suele mutilar o esconder la continuación favorable al Barcelona.
El título del artículo contiene precisamente la parte que incomoda a la caricatura. Castiella no se queda en la fórmula del Real Madrid como imagen exterior. Añade también admiración y adhesión al Barcelona. Si a ello se suma la carta de Llaudet a Sedó, el resultado es muy claro: Exteriores no sólo se relacionaba con el Real Madrid; también recibía, atendía y valoraba actividades exteriores del Barcelona.
La carta de 1962, por tanto, no es un adorno. Es una pieza más del mismo rompecabezas: el Barcelona también participaba, cuando viajaba, de la diplomacia deportiva española. Quien quiera seguir usando a Sedó como martillo antimadridista tendrá que aceptar que el mango se le ha quedado azulgrana.
9. Comparación final: mismo sistema, distinto trato narrativo
| Hecho | Si aparece en el Real Madrid | Si aparece en el Barcelona |
|---|---|---|
| Contacto con Sedó | Prueba de connivencia franquista. | Relación institucional normal o documento a contextualizar. |
| Embajada española atiende una gira | Aparato del Régimen al servicio del club blanco. | Cortesía diplomática, recepción o acompañamiento. |
| Éxito exterior presentado como español | Propaganda franquista. | Representación deportiva de España. |
| Frase “buena embajada” | Confesión ideológica. | Incómoda literalidad que obliga a revisar el relato. |
| Mayor número de contactos | Culpabilidad agravada. | Actividad exterior más o menos intensa según viajes y competiciones. |
El cuadro no pretende sustituir al análisis; pretende desnudar el método. La misma clase de hecho documental cambia de significado según el escudo que lo acompaña. Eso no es historia: es arbitraje casero con silbato heredado.
10. Dictamen
Probado documentalmente: El Club de Fútbol Barcelona escribió a Ramón Sedó el 8 de julio de 1962 para dar cuenta de su gira sudamericana. La carta contiene valoración de embajadas, consulados, banderas, recepciones oficiales y efectos políticos de la gira.
Probado por el lenguaje del documento: El Barcelona no presenta su viaje sólo como acontecimiento deportivo. Habla de “éxito político excepcional” y de que “el fútbol hizo buena embajada”.
Dato biográfico relevante: Ramón Sedó era catalán, nacido en Juneda, Lérida. Este dato complica cualquier lectura simplista de “Madrid frente a Cataluña” y obliga a estudiar redes institucionales reales, no estampas devocionales.
Razonable y necesario de incorporar: El Real Madrid pudo tener más contacto con Sedó porque desplegaba mayor actividad exterior en fútbol y baloncesto durante aquel periodo. Ese matiz explica volumen documental, no culpabilidad política automática.
Conclusión metodológica: Sedó no puede funcionar como prueba de cargo de un solo club. Es una pieza de la diplomacia deportiva franquista. Si el contacto con Sedó compromete al Real Madrid, también compromete al Barcelona; si se contextualiza para el Barcelona, debe contextualizarse para el Real Madrid.
Conclusión SALTATAULELLS: El Barcelona fue tan franquista como el Real Madrid en el sentido institucional del término: operó bajo el Régimen, utilizó sus canales, participó en su diplomacia deportiva cuando le convenía y fue recibido como representación española en el exterior. Lo demás es literatura de absolución selectiva.
11. Fuentes y referencias
1. Carta del Club de Fútbol Barcelona a Ramón Sedó. Guayaquil, 8-VII-1962. Dos páginas reproducidas al inicio de este artículo. Entrada en el Ministerio de Asuntos Exteriores: 9-X-1962.
2. Antonio Arias, “El Barcelona, club que tiene también nuestra admiración y adhesión” (Castiella), Cuadernos de Fútbol, nº 188, julio de 2026.
3. Ramón Sedó Gómez. Referencias biográficas: nacido en Juneda, Lérida; diplomático español; director general de Política Exterior y subsecretario de Política Exterior.