Nos ha dejado Lucien Muller
Fernando Cuesta Fernández
Cuadernos de Fútbol n.o 186 | Mayo 2026
Nos ha dejado Lucien Muller
Es ley de vida que futbolistas y entrenadores cuyas carreras transcurrieron ya hace varias décadas abandonen este mundo rumbo a lo desconocido. El pasado 20 de enero le tocó el turno a Lucien Muller, nacido en Alsacia, de nacionalidad francesa, jugador en clubes tan importantes como Stade de Reims, Real Madrid o Barça, internacional con la selección gala, y posteriormente destacado entrenador durante más de 20 años, tanto en España como en la propia Francia.
Su nombre de pila era evidentemente francés, pero sus apellidos -Muller Schmidt- sonaban inequívocamente germanos, y es que este fino y elegante centrocampista diestro había nacido el 3 de septiembre de 1934 en la localidad de Bischwiller, en Alsacia, región que -junto con Lorena- había pasado a poder de la recién unificada Alemania tras la Guerra Francoprusiana de 1870-71, retornando a Francia una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. Lucien se había hecho famoso en su país jugando para el Racing de Estrasburgo, el Toulouse, y sobre todo en el que sin duda era el mejor equipo francés de los años 1950, el Stade de Reims, dos veces subcampeón de la Copa de Europa -1956 y 1959-, y donde formó en una delantera mítica de los remois: Kopa, Muller, Fontaine, Piantoni y Vincent.
Vestido de blanco…
En 1962, y por los pelos, pues tras el Mundial de Chile las autoridades deportivas españolas prohibieron la importación de futbolistas extranjeros -teóricamente para proteger a nuestra Selección- va a fichar por el Real Madrid, que tras perder su primera final de la máxima competición continental frente al Benfica lisboeta se reforzará con las contrataciones de Amancio, Zoco, Evaristo y Yanko Daucik, amén de la del propio Muller, mientras traspasaba a la Juventus a un jugador tan importante como Luis del Sol.
Una vez en el conjunto blanco formará una gran linea medular con el navarro Zoco, más tosco técnicamente que él pero con un gran recorrido. Con los del Bernabéu el alsaciano permanecerá por espacio de tres temporadas, en las cuales conquistaría otros tantos títulos de Liga, llegando a una nueva final de la Copa de Europa en 1964, en la que el Real Madrid será batido por 3 a 1 por el ínter de Milan, dirigido por Helenio Herrera y donde brillaban futbolistas de la talla de Burgnich, Facchetti, Jair, Mazzola, Corso y por supuesto Luís Suárez. Pero una vez concluido su contrato por tres años, el más habitual en esa época, el club merengue no va a aceptar sus pretensiones para renovar -el Real Madrid tradicionalmente sólo renueva de año en año a los jugadores que pasan de los 30-, quedando libre para elegir su próximo destino, con un bagaje de 92 partidos oficiales aunque solamente 3 goles para los pupilos de Miguel Muñoz.
…y de azulgrana
Muller llega ya veterano al Barça, a punto de cumplir 31 años, en el verano de 1965. El presidente azulgrana Enric Llaudet le ofreció un ventajoso contrato como pieza clave para el proyecto de su segundo mandato, que se iniciaba entonces y al que se le auguraban mejores perspectivas económicas que al primero -gracias a la venta de los terrenos del campo de Les Corts, recalificados por el gobierno franquista por esas mismas fechas-, y también deportivas. El plan era que formase una fortísima línea media con Gallego, recién fichado del Sevilla y uno de los más prometedores jóvenes de nuestro fútbol.
Jugando indistintamente con el número 4 o el 8 a la espalda, Muller será titular casi siempre, salvo en la Copa del Generalísimo, donde no podía alinearse a causa de su condición de extranjero. En sus dos primeras temporadas como culé actuó mucho, beneficiado por las lesiones del habitual interior derecho, Chús Pereda, y la retirada de Vergés, erigiéndose por su calidad en la obligada referencia del centro del campo barcelonista, ocupando una posición más retrasada que la de su compañero Fusté. Incluso va a formar parte de la convocatoria de Francia para el Mundial celebrado en Inglaterra en 1966, aunque no llegará a jugar un solo minuto con el combinado galo.
Sin embargo en su última campaña, la 67-68, el fichaje del pamplonica Zabalza le relegó a la suplencia en bastantes partidos. Recapitulando, se alinearía vestido de azul y grana en un total de 80 encuentros oficiales, aunque con un paupérrimo bagaje de goles, sólo 3, pues Muller no se distinguía precisamente ni por su llegada al área contraria ni por su disparo a puerta. La directiva del nuevo mandatario catalán, Narcís de Carreras, decidió no renovarle -tenía ya 34 años-, y Lucien va a regresar a su tierra, donde todavía militará durante un par de temporadas en el club donde actuaba antes de venir a España, el Stade de Reims.
Triunfador en el banquillo de Castalia
Una vez retirado en 1970, se convirtió de inmediato en entrenador, alcanzando un bien merecido prestigio en la dirección de equipos modestos a los que consiguió llevar a la élite, obteniendo excelentes resultados. El primero de ellos fue el C.D.Castellón. Tras una buena campaña 70-71, ocupando finalmente la sexta plaza y rozándo los puestos ascenso, en el curso siguiente logrará situar de nuevo al club albinegro en la máxima categoría, de la que había estado ausente durante todo un cuarto de siglo. Y no sólo eso, sino que en la 72-73 los orelluts despacharán la mejor temporada de toda su historia, clasificándose en un magnífico quinto lugar, y llegando incluso hasta la mismísima final de la Copa del Generalísimo, con un equipo donde brillaban los Corral, Babiloni, Ferrer, Cela, Tonín, Clares, Félix, Del Bosque y Planelles -estos dos últimos cedidos por el Real Madrid-, cayendo dignamente ante un Athletic de Bilbao mucho más experto en esas lides por 2 a 0.
Burgos, Zaragoza y Camp Nou
Su siguiente parada fue en El Plantío, dirigiendo a un Burgos al que consigue retornar a la Primera División, con Juan Gómez Juanito como gran estrella. Pero no se quedó en tierras del Cid, sino que pasó al Zaragoza, un conjunto con una gran plantilla -pese a la marcha del Lobo Diarte al Valencia-, con el que sin embargo va a cosechar su primer gran fracaso como técnico, pues los maños descienden a Segunda al finalizar la campaña 76-77. Regresa entonces a Burgos, donde había dejado muy grato recuerdo, y tras una temporada en la que logra mantener la categoría con el conjunto castellano, va a enfrentarse a un difícil pero fascinante desafío: sentarse en el banquillo del Camp Nou, diez años después de abandonar la entidad culé como jugador.
Lucien Muller fue el primer entrenador contratado por Josep Lluís Núñez, que había ganado la presidencia del Barça tras las elecciones que tuvieron lugar el 6 de mayo de 1978, los primeros comicios auténticamente democráticos que se celebraban en el club azulgrana. Le avalaba su brillante desempeño anterior, e iba a contar con los servicios de un gran goleador, el austríaco Hansi Krankl, fichado para sustituir a Cruyff. Pero el Camp Nou ha sido siempre una plaza especialmente compleja, y más en esa época, donde pastaban por allí demasiadas vacas flacas, de modo que el alsaciano no llegará a concluir la temporada, cesando en su puesto con la Liga ya perdida y el equipo eliminado de la Copa del Rey por el Valencia -había vencido en la Ciudad Condal por 4 a 1, pero cayó en Mestalla 4 a 0-. Fue sustituido en el cargo por su antiguo compañero Quimet Rifé, con otro viejo conocido suyo, Toni Torres, como segundo, y ambos lograrán que el Barça conquiste su primer título internacional en muchos años, la Recopa de Europa, tras derrotar en un emocionante partido disputado en Basilea, con 30.000 enfervorizados culés en las gradas, al Fortuna de Düsseldorf alemán por 4 a 3.
Burgos de nuevo, Mallorca, Mónaco, y despedida en la Plana
Por tercera vez acudirá a El Plantío, pero tampoco consigue salvar al Burgos del descenso a Segunda, categoría donde le dirigiría en la temporada siguiente, la 80-81. Un año más tarde lo encontramos en Mallorca, y con el conjunto bermellón va a conseguir un nuevo ascenso, al finalizar el curso 82-83. Retornará posteriormente a su país de origen, para entrenar al Mónaco durante tres temporadas, regresando al Luís Sitjar en la 87-88, aunque no logra librar del descenso a los baleares. Finalmente en la 90-91 vuelve a sus orígenes como técnico en Castellón, en las 6 últimas jornadas, pero no puede evitar un nuevo descenso. Y en la siguiente campaña, tras un mal arranque albinegro, cesa después de la fecha número 9. Y ahí decide poner el punto final a su carrera como técnico, antes de cumplir los sesenta, pero ya con dos intensas décadas calentando banquillos y sufriendo en ellos… Hasta siempre, Monsieur Lucien.