La reorganización de la Segunda División después de la Guerra Civil
José del Olmo
Cuadernos de Fútbol n.o 185 | Abril 2026
La reorganización de la Segunda División después de la Guerra Civil
La reconstrucción del fútbol español después de la Guerra Civil empezó propiamente antes de que finalizase el conflicto bélico. Ante la inoperativa Federación Española de Fútbol con sede oficial en Madrid pero efectiva en Barcelona, en el territorio rebelde, en San Sebastián, se constituyó una alternativa que acabó recibiendo el beneplácito de la FIFA en su asamblea de noviembre de 1937.
Hubo tres factores que indujeron a la FIFA a tomar tal decisión:
- Deportivos: La falta de actividad oficial de la FEF. Conocida es la circular del 29 de septiembre de 1936 por la que la FEF hizo pública la suspensión de todas las competiciones nacionales. A eso hay que añadir el incumplimiento del calendario internacional de la Selección Española, que no cubrió los compromisos anunciados con Austria y Hungría. El grupo de San Sebastián, en cambio, ya movía hilos para concertar partidos internacionales con equipos extranjeros.
- Reglamentarios: Esa falta de actividad federativa también se notó en el caso de Raich. El jugador barcelonista se refugió en Francia huyendo de las milicias; fue reclamado por la Federación Catalana de Fútbol, pero la Francesa ni contestó, entendiendo que solo la Española era la autoridad deportiva competente para tal hecho, algo que no sucedió. Igualmente, la debilidad de la FEF se pudo comprobar con la gira por la Unión Soviética de la selección vasca, el Euskadi. La FEF no tomó las medidas necesarias, más bien no tomó ninguna medida, para evitar que el combinado vasco jugase en un país que no estaba afiliado a la FIFA, algo prohibido en su reglamento. Esta irregularidad provocó que la FIFA suspendiese a España y a sus clubs la posibilidad de organizar partidos internacionales. No sucedía así desde San Sebastián, que buscando oficializar sus gestiones, antes prefería contar con los permisos pertinentes de la FIFA para establecer las relaciones deportivas con otros países.
- Políticos: La incautación de la FEF nunca estuvo bien vista desde la FIFA, sin embargo, dado que Ricardo Cabot, secretario federativo, conservó su puesto, mantuvo plenamente su membrecía. Pero eso no impedía que la FIFA mostrase su preocupación por los acontecimientos políticos. El Frente Popular, desmontado el Comité Olímpico Español, había integrado todas las federaciones deportivas en el Consejo Nacional de Cultura Física y Deportes, junto con los sindicatos obreros, para regir el deporte nacional. De esta manera, el fútbol tenía dos organismos reconocidos legalmente por el gobierno republicano español: la FEF y la Federación Cultural Deportiva Obrera Española, que, de hecho, ya había demostrado su independencia enviando una selección de fútbol a participar en la Olimpiada Obrera de Amberes en 1937. Aunque más grave fue la carta que bajo el membrete del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad, el Consejo Nacional de Educación Física y Deportes de la República Española se solicitaba a la FIFA una comunicación directa sobre cualquier novedad que emitiese, además de solicitar una aclaración de la situación en la que estaba la FEF en la entidad internacional. Para la FIFA era una clara injerencia política en el mundo del fútbol. Por el contrario, la federación rebelde contaba con el respaldo del gobierno del general Franco, pues se entendía que recuperando las instituciones deportivas, como el Comité Olímpico Español o la propia FEF, la imagen de normalidad social se vería fortalecida.
Y así, pese a las reticencias del presidente Jules Rimet, que no tenía ninguna simpatía por la federación fascista, la FIFA entendió que desde San Sebastián, que contaba con el respaldo de Portugal, Alemania e Italia, se ofrecían más garantías para desarrollar el fútbol en España. La FIFA, refugiándose en sus propios estatutos, abrió un periodo de tiempo para que el fútbol español se unificase, entendiéndose como un eufemismo esto último, ya que sería la resolución del conflicto bélico lo que dictaminaría qué federación iba a ser la única que acabase representando a España.
Una vez confirmado el triunfo militar del general Franco, la asamblea de San Sebastián se disolvió para tomar posesión de la Federación Española de Fútbol en Madrid. En la Asamblea de los días 22, 23 y 24 de julio de 1939 se constituyó el Comité Directivo de la FEF, bajo la presidencia del coronel Julián Troncoso, y estableció los principios básicos por los que se iba a regir la reorganización del fútbol español.
Por entonces el objetivo fundamental era restablecer la relación entre clubs, todos bajo un control directo de la FEF y de Consejo Nacional de Deportes, y jugadores, que durante la guerra se había visto alterada. La mayoría de los jugadores fijaron su actividad en función de la zona, republicana o rebelde, en la que estaban el 18 de julio de 1936, por lo que gran cantidad de ellos jugaron en equipos diferentes a los que pertenecían sin mediar traspaso ni documento federativo. Se redefinió el concepto de jugador profesional y amateur, se reguló las cuestiones económicas y el tipo de contratos, fichas, etc. En todo ello se aplicaba la ideología social del nuevo gobierno.
Y aunque en la temporada 1938/39, en la zona nacional, y también en la republicana, ya se habían jugado varios torneos regionales y la primera Copa del Generalísimo, la nueva FEF estaba dispuesta a reorganizar las competiciones oficiales tomando como punto de partida la situación que había al finalizar la temporada 1935/36, con la aplicación de sus correspondientes ascensos y descensos previstos para la temporada 1936/37. Así constaba en el penúltimo párrafo de la Circular nº 3, del 12 de agosto de 19391:
Advertencia. Se recuerda que se considerará a todos los efectos como categoría de los clubs, aquella en que estaban clasificados para la temporada 1936/37, como consecuencia de los campeonatos de la temporada precedente.
Esto es:
Campeonatos superregionales, 36 equipos, repartidos en seis grupos por criterio geográfico. Estos 36 equipos, igualmente, conformaban las ligas de Primera y Segunda División:
Primera División, 12 equipos: Athletic de Bilbao, Madrid FC, Oviedo FC, Racing de Santander, FC Barcelona, Hércules FC de Alicante, Betis Balompié, Valencia FC, CD Español de Barcelona, Sevilla FC, Celta de Vigo y Zaragoza FC, estos dos ascendidos de Segunda División.
Segunda División, 24 equipos: los dos descendidos de Primera División, Athletic de Madrid, Osasuna de Pamplona; 16 que permanecía en la categoría: Sporting de Gijón, Valladolid Deportivo, Stadium Avilesino, Deportivo de La Coruña, Gerona FC, Arenas de Guecho, Baracaldo FC, FC Badalona, CD Sabadell, Unión de Irún, Murcia FC, Jerez FC, Levante FC de Valencia, Gimnástico FC de Valencia, CD Malacitano, CR Granada; y los seis ascendidos de las categorías regionales: Club Lemos, UD Salamanca, SC Erandio, SC Granollers, Cartagena FC y Racing de Córdoba.
Dejaban de competir en Segunda División: Unión Sporting de Vigo, Nacional de Madrid, Donostia FC, Júpiter de Barcelona, Elche FC y Mirandilla FC de Cádiz.
En verano de 1939, había un fuerte interés por poner en marcha el fútbol nacional. Se pretendía mantener el ciclo de competiciones que había, o sea, empezar con los Campeonatos Regionales (que servían para clasificarse para el Campeonato de España), seguir con el Campeonato de Liga, y terminar con el Campeonato de España, que a partir de esa temporada recibiría el nombre de Copa del Generalísimo.
Pero la situación de partida ya no podía ser exactamente el final de 1936. En efecto, tras la guerra se produjeron muchos cambios, unos derivados directamente de la propia contienda y otros como consecuencia de la nueva realidad política. En el bando vencedor había un fuerte resentimiento contra el bando vencido y si, por un lado se insistía en recuperar con creces todo aquello que el Frente Popular le había arrebatado, también se consideraba necesario premiar a todos aquellos que apoyaron el Alzamiento Nacional a lo largo de los tres años de guerra.
En este último sentido, el propio presidente de la nueva directiva de la FEF, el coronel Troncoso, se dejó llevar por sus simpatías y adelantó en julio de 1939 que el Osasuna jugaría en la Primera División, por los méritos contraídos. Así lo confirmó el presidente en una entrevista facilitada a la Agencia Cifra y publicada el 16 de julio de 1939, y lo decía sin conocer todavía la solicitud de excedencia del Real Oviedo para la Primera División de 1939/40, al preguntarle en qué categoría iba a jugar el Osasuna:
Desde luego en la Primera División. En ello empeñé mi palabra de honor en la primera reunión del Comité Nacional, y primero abandonaría el puesto, antes que faltar a ella. Conviene que sepáis, además, que el Comité tomó ese acuerdo: que el Osasuna esté donde estaba al empezar la temporada 1935-36, esto es, con los grandes equipo.2
Porque en la Asamblea federativa del 1 de septiembre, en la que se emprendía el calendario oficial de competiciones se recogió en el acta3:
Con referencia a una solicitud del Oviedo FC y en atención a las circunstancias especialísimas por que atraviesa la capital de Asturias, tan castigada por la guerra, y al estado ruinoso del campo de juego, todo lo cual determina la imposibilidad material de reanudar en fecha inmediata sus actividades, se acuerda dispensar a dicho club de jugar las competiciones oficiales de la temporada 1939-40, sin pérdida de derechos, que le serán reservados para la 1940-41, incluso sobre sus jugadores, que por esta temporada podrán inscribirse libremente por el club que deseen; por lo cual los contratos que dichos jugadores suscriban deberán contener una cláusula en la que se hará constar que el compromiso terminará el 30 de junio de 1940, en cuya fecha volverán a la disciplina del Oviedo FC. Y en cuanto a la petición de este club de que se le reserve un puesto para jugar la Copa del Generalísimo, por si para la fecha de su celebración se halla en condiciones de actuar, se acuerda contestar en el sentido de que se toma oportuna nota del deseo y que en su día el Comité resolverá.
Para los Campeonatos Regionales se requirió de las federaciones territoriales sondear la realidad de sus clubs y asumir todas las responsabilidades para la inscripción de los equipos participantes. Se les dio de plazo hasta el 12 de septiembre para presentar la relación de clubs inscritos y el 19 de noviembre como última fecha para finalizar la competición. Dado el límite de tiempo impuesto, el número de equipos por campeonato debía ser de seis, pues 10 eran las semanas disponibles.
Atendiendo a los informes, hasta el momento recibidos, sobre la situación de los clubs, se acordó que cada territorial organizara su propio campeonato, salvo el caso de la Guipuzcoana, Navarra y Aragonesa, que se decidió agrupar en uno solo. Quedó pendiente si Asturias y Cantabria podrían hacerlo de manera independiente. Finalmente se decidió el reparto (provisional, ya que el definitivo se fijó posteriormente) de plazas por regiones para el Campeonato de España, ahora renombrado Copa del Generalísimo4:
Guipuzcoana-Navarra-Aragón, cuatro; Asturias, dos; Balear, uno; Cántabra, dos; Castellana, tres; Catalana, cuatro (tres al grupo de clubs nacionales y uno al de 1ª categoría); Gallega, dos; Hispanomarroquí, uno; Murciana, dos; Sur, tres; Valenciana, 2 y Vizcaína, tres. Y se reservan dos puestos; uno, a Extremadura y otro a Canarias, para el caso de que organicen sus respectivas competiciones y se decida su participación.
Y dejaron pendiente de tratar la organización del Campeonato Nacional de Liga, tanto de Primera como de Segunda División, ya que se prefería esperar a tener una información actualizada según se desarrollasen los campeonatos regionales.
Como consecuencia de esta decisión del Comité Directivo de la FEF, en números prácticos, con la nueva composición de los torneos regionales se pasó de 6 grupos y 36 equipos, que había en 1935/36, todos de categoría nacional, a doce grupos y más de 80 participantes con gran diferencia de potencial entre sí para las 32 plazas que se ofertaban para la Copa.
Como era previsible, tras la solicitud del Oviedo FC, por parecidos y diversos motivos, no se inscribieron en estos campeonatos regionales todos los equipos (12 de Primera y los 24 de Segunda) que tenían derecho a jugar en categoría nacional para la temporada 1936/37.
A finales de agosto de 1939 el Levante FC y el Gimnástico FC de Valencia se había fusionado dando lugar la UDL-G. Tampoco participó el Club Lemos por no reunir unas condiciones aptas para la competición. Y, de los descendidos de Segunda División en 1936, Unión Sporting de Vigo había cesado definitivamente sus actividades, mientras que el Nacional de Madrid, aunque inscrito todavía en la Federación Castellana, estuvo pendiente de asimilar al Aviación Nacional, hasta que los aviadores se fueron con el Athletic de Madrid. Fracasada esa negociación, el club suspendió sus actividades5.
Así pues, los campeonatos regionales se completaron con equipos que en 1936 jugaron mayoritariamente en la Serie B de sus correspondientes regiones, aunque en algunos casos se aplicó el criterio político, premiando la adhesión al Movimiento y otros méritos ganados durante la Guerra Civil, en especial a los clubs de nueva formación.
Mención especial merece el caso CD Júpiter de Barcelona. Descendió a la Serie B catalana en 1935/36 y fue remplazado por el SC Granollers, que ya jugó en la Serie A la temporada 1936/37 ya en plena Guerra Civil. La Federación Catalana amplió el número de equipos a ocho al año siguiente, por lo que el Júpiter recuperó la máxima categoría. Pero… cuando vino la hora de reorganizar el Campeonato de Cataluña de la temporada 1939/40, la FEF había anulado todas las clasificaciones habidas durante la guerra a efectos de ascensos y descensos, retrotrayendo la situación a finales de 1936. Por eso, los seis equipos que formaron el grupo catalán fueron los mismos que habían disputado el campeonato 1936/37, es decir, descendido el CD Júpiter y ascendido el SC Granollers. En cierto sentido, el CD Júpiter se pudo sentir deportivamente perjudicado por la decisión federativa, pues en los torneos jugados durante el conflicto bélico había vuelto a ascender. Por contra, sí fue una decisión política el cambio de nombre del club, que pasó a llamarse Hércules, y así compitió en la serie B. Fue un intento de desvincular el club de su pasado anarquista.
Finalizados los campeonatos regionales, la FEF afrontó la organización del Campeonato Nacional de Liga en la Asamblea federativa. No fue una tarea fácil, como se pudo comprobar que entre la sesión inicial, 13 de noviembre, y la final, 14 de noviembre, se produjo la dimisión del coronel Troncoso. El motivo estaba en el siguiente punto del acta6:
Cubrir la vacante en la Primera división de Liga dejada por el Oviedo FC, con el vencedor del partido único de la clasificación Athletic-Aviación Club-CA Osasuna, de Pamplona, que se celebrará en día 26 del actual en Valencia, con arreglo a las disposiciones del orden reglamentario determinadas al efecto. Establecer el sistema de promoción en esta forma: descenso automático de los clubs clasificados en los puestos 11 y 12 de Primera división, que serán ocupadas por el Oviedo FC y por el campeón de Segunda división, y promoción, mediante partido único entre el 10º clasificado de Primera división y el subcampeón de Segunda división, y formar el calendario en la forma siguiente, previo sorteo.
El fútbol español en 1939 estaba regido por militares y entre militares no valían los partidismos ni los favoritismos y, si los valían, valían por igual para unos y para otros. Como se pudo comprobar, el interés que mostró el coronel Troncoso en favor del Osasuna, al que había prometido una plaza en la Primera División, se vio rebatido por el de ver al equipo de la Aviación Nacional, representativo del Ejército del Aire, recogido por el Athletic de Madrid y renombrado Athletic-Aviación, también en Primera División.
Siguiendo las indicaciones del Consejo Nacional de Deportes, y, adoptada esa solución salomónica que dejaba en el aire la promesa del coronel Troncoso, el militar presidente de la FEF cumplió su palabra y presentó su dimisión antes de que se celebrase la segunda sesión de la Asamblea federativa, que ya estuvo presidida en funciones por Javier Barroso.
No deja de ser llamativa esta circunstancia que se podría calificar de transparente opacidad, valga el oxímoron. Por un lado, es diáfana la negativa al propio presidente para cumplir con su compromiso, y, a su vez hay que intuir los hilos que se movieron desde el Aviación Nacional para acabar disputando la plaza de la Primera División que dejaba vacante el Oviedo.
Y a esas negociaciones, conversaciones e hilos, movidos ya en las diferentes regionales, hay que recurrir para entender el listado de clubs que acabaron siendo inscritos en el Campeonato Nacional de Liga de Segunda División 1939/407:
Disponer que el Campeonato de Segunda división se juegue en cinco grupos integrados por los clubs siguientes:
Grupo primero: Deportivo de La Coruña, Racing de El Ferrol, Sporting de Gijón, Stadium de Avilés, Deportivo Oriamendi de Gijón, Deportivo Torrelavega, Valladolid Deportivo y UD Salamanca.
Grupo segundo: Arenas de Guecho, Baracaldo Oriamendi, Erandio, Sestao, Unión de Irún, Donostia FC, Deportivo Alavés y Osasuna o Tolosa FC.
Grupo tercero: Sabadell, Badalona, Gerona, Granollers, UD Levante Gimnástico, Castellón, Mallorca y Constancia de Inca.
Grupo cuarto: Ferroviaria de Madrid, Imperio de Madrid, Murcia, Cartagena, Elche, Imperial de Murcia, Alicante y Athletic-Aviación de Madrid o Burjasot.
Grupo quinto: Xerez, Malacitano, Recreativo de Granada, Racing de Córdoba, Cádiz, Ónuba FC de Huelva, Ceuta Sport y Tánger.
El campeonato de Segunda división comprenderá dos fases; la primera, desde el 3 de diciembre al 3 de marzo, en que finalizará el calendario de grupos. La segunda, que comprenderá desde el 10 de marzo al 5 de mayo, y en ella intervendrán los vencedores de cada uno de los cinco grupos que formarán a su vez uno nuevo, jugando igualmente por puntos para establecer la clasificación que servirá de base para la promoción a Primera división.
40 clubs que representaban a las diferentes territoriales. El reparto de plazas, en función del potencial futbolístico de cada región, había seguido una línea parecida al de la Copa del Generalísimo. Se daba entrada por primera vez en una categoría nacional a equipos de Baleares y Norte de África:
Gallega (2): Deportivo de La Coruña y Racing de El Ferrol.
Asturiana (3): Sporting de Gijón, Stadium de Avilés y Deportivo Oriamendi de Gijón.
Cántabra (1): Deportivo Torrelavega.
Vizcaína (4): Arenas de Guecho, Baracaldo Oriamendi, Erandio y Sestao.
Guipuzcoana (3 o 4): Unión de Irún, Donostia FC y Deportivo Alavés, fijos, y Tolosa FC, en caso de que Osasuna pasase a la Primera División.
Navarra (1 o 0): Osasuna, si no gana el partido ante el Athletic-Aviación.
Catalana (4): Sabadell, Badalona, Gerona y Granollers.
Valenciana (2 o 3): UD Levante Gimnástico, Castellón, fijos, y Burjasot, si el Athletic-Aviación pasa a Primera División.
Balear (2): Mallorca y Constancia de Inca.
Castellana (4 o 5): Valladolid Deportivo, UD Salamanca, Ferroviaria de Madrid, Imperio de Madrid, fijos, y Athletic-Aviación de Madrid, si no gana el partido ante el Osasuna.
Murciana (5): Murcia, Cartagena, Elche, Imperial de Murcia, Alicante y o Burjasot.
Sur (5): Xerez, Malacitano, Recreativo de Granada, Racing de Córdoba, Cádiz, Ónuba FC de Huelva.
Hispanomarroquí (2): Ceuta Sport y Tánger.
Se quedaba sin representación la Territorial Aragonesa.
Eran de Segunda División por derecho propio estos 25 equipos: Deportivo de La Coruña, Sporting de Gijón, Stadium Avilesino, Arenas de Guecho, Baracaldo Oriamendi, SC Erandio, Unión de Irún, Osasuna, Sabadell, Badalona, Gerona, Granollers, UDL-G de Valencia, Valladolid Deportivo, UD Salamanca, Athletic-Aviación, Murcia, Cartagena, Xerez, Malacitano, Recreativo de Granada y Racing de Córdoba. No se les aplicó el descenso de 1936 a Donostia, Elche y Cádiz.
Al menos, sí repitieron todos los equipos de categoría nacional de 1936 que sobrevivieron a la guerra, incluidos los que habían descendido en esa última temporada 1935/36, salvo el Júpiter de Barcelona que volvió a quedar fuera al aplicarse las disposiciones generales del punto de inicio para la temporada 1939/40.
Por eso se hace obligado explicar o comentar la aparición los clubs que no tenían ganado su puesto en la Segunda, porque es evidente que no se tuvieron en cuenta los recientemente finalizados campeonatos regionales en todos los casos y, por el contrario, sí parecía que se habían considerado o valorado los jugados en la zona franquista durante la guerra.
Racing de Ferrol: quedó en cuarta posición en el campeonato gallego, por detrás de Deportivo, Celta y Club Vigués. Atendiendo a la temporada 1935/36, reglamentariamente la principal baza del Racing de Ferrol era que se había clasificado en tercera posición de la Serie B, por detrás del Club Lemos, inactivo, y el Club Coruña, que había tenido una pobre actuación en el regional de 1939. A esto se podían añadir los méritos ganados durante la guerra, además de haber sido subcampeón de la Copa del Generalísimo de 1939 o haber ganado el campeonato gallego que le permitió participar en esa competición. El Club Vigués también tenía como principal argumento haber ascendido a la Serie A del campeonato gallego de 1935/36, por contra, se había convertido prácticamente en un filial del Celta. La Federación Gallega presentó finalmente al Racing de Ferrol, ciudad que entonces oficialmente se llamaba El Ferrol del Caudillo, lo que hace más comprensible su elección, teniendo en cuenta las circunstancias políticas que concurrían.
Deportivo Oriamendi de Gijón: Era el resultado de la unión del Club Gijón y el Real Club Deportivo Oriamendi, también de Gijón. No faltó polémica en su designación por parte de la Federación Asturiana, ya que en el recién terminado campeonato regional se vio superado por la Sportiva Ovetense y por el Racing Langreano. Pero lo cierto fue que el Club Gijón en 1936 se quedó a un paso del ascenso a Segunda División, después de haberse proclamado campeón asturiano de la Serie B. Respetando las indicaciones de la FEF, la sociedad que heredaba la situación del Club Gijón era la resultante de la fusión, y por lo tanto le fueron reconocidos sus derechos. Eso no quita que hubiese quien interpretase partidismo dado que el antiguo Oriamendi representaba a las juventudes católicas asturianas, afines al gobierno franquista.
Deportivo Torrelavega: En 1936 fue tercero del grupo cántabro de la Serie B, por detrás de Santoña y Barreda; y en 1939 de nuevo tercero, por detrás de la Unión Montañesa, que se clasificó para jugar la Copa. El Santoña, campeón de 1936, no se inscribió en el torneo de 1939, pero sí lo hizo el Barreda. La Federación Cántabra designó al Torrelavega por razones económicas, ya que por méritos deportivos no era el club mejor colocado.
Sestao SC: Fue cuarto de la Serie B vizcaína de 1935/36, superado por Erandio, Zugatzarte y Padura. Estos dos últimos no se inscribieron en el campeonato regional de 1939, que se redujo a cinco clubs. Por eso mismo, el Sestao, el cuarto club vizcaíno, fue admitido en la Segunda División.
Deportivo Alavés: En 1936 el club solo tenía actividad amateur sin llegar a competir en la Serie B guipuzcoana. Pero durante la guerra civil tuvo una vida muy intensa, siendo su logro más destacado el triunfo en la Copa Brigadas de Navarra, el torneo más importante de la zona franquista celebrado en 1938, además de protagonizar una espectacular semifinal con el Sevilla en la I Copa del Generalísimo. Con ello desplazó al Tolosa FC, que, pese a haber sido el campeón de la Serie B guipuzcoana de 1936, no tenía un equipo competitivo, como así se vio en el regional de 1939.
CD Castellón y OJE Burjasot fueron las novedades entre los inscritos por la Federación Valenciana. Atendiendo a 1936, correspondía a CD Villarreal, AD Alcira, Sport La Plana de Castellón y Olímpic de Játiva haber jugador el Regional de 1939. Pero el CD Villarreal no había rehecho su situación y el Sport La Plana estaba disuelto. En Castellón se refundó un nuevo CD Castellón a partir del Athletic Club de Castellón, que llegó a jugar la Liga del Mediterráneo en 1937, y otros equipos menores de la ciudad; gozó del respaldo de las autoridades militares locales y el beneplácito del Consejo Nacional de Deportes para ingresar en la Federación Valenciana. La otra vacante correspondería al Deportivo Republicano Burjasot, campeón de la Segunda Regional y ascendido a Serie B en 1936. En 1939, adaptado el nombre a OJE Burjasot, fue el elegido para rellenar el hueco que dejó el Athletic-Aviación, dado que Alcira y Olímpic de Játiva no se vieron con suficiente potencial como para afrontar un torneo de nivel nacional. Es importante señalar que este Burjasot se nutría de los amateurs del Valencia FC, que no entraron en el primer equipo una vez que el equipo militar Recuperación de Levante fuese asimilado por la entidad valencianista.
La Federación Balear estuvo representada por el Mallorca y el Constancia de Inca. Propiamente eran los dos clubs más fuertes de las islas, aunque el campeonato regional de 1939 se resolvió a favor del Athletic de Palma por golaveraje tras un triple empate a puntos.
La Ferroviaria de Madrid, tras la desaparición del Deportivo Nacional, se había convertido en el tercer equipo de la capital. Ya en 1936 se quedó cerca del ascenso, solo superada por la UD Salamanca en el campeonato castellano. Un mérito que le permitió jugar el regional castellano donde confirmó su potencial.
Diferente es el caso del Imperio FC de Madrid, que por méritos deportivos iba por detrás del Áncora de Aranjuez y del Carabanchel. Sin embargo fue uno de los beneficiados de la asimilación del Aviación Nacional por parte del Athletic de Madrid, porque acabó convirtiéndose en un filial del club resultante y, por lo tanto, muy bien relacionado con la cúpula militar. También es justo señalar que Áncora de Aranjuez y Carabanchel no fueron capaces de reunir unas plantillas con suficiente potencial. De ahí que el Imperio disputase el regional castellano de 1939 y, posteriormente, participase en la Segunda División.
Alicante FC e Imperial FC de Murcia completaron el regional murciano de 1939. Pese a que no cerraron una participación brillante, ocuparon los dos últimos puestos, acabaron siendo admitidos en la Segunda División. Quizá el motivo principal fue el reparto geográfico de los cinco grupos de la categoría. Teniendo en cuenta que la Zona Noroccidental, País Vasco, Cataluña-Levante y Andalucía tenían suficientes equipos para formar sus correspondientes grupos, hacía falta completar el mapa con el territorio restante, o sea, Madrid-Murcia. La falta de equipos se hizo notar al incluirse al Burjasot, de la Federación Valenciana, como sustituto del Athletic-Aviación.
Ónuba FC: Procedente de la Federación Oeste, que en 1939 quedó prácticamente desmontada entre la Castellana, Extremeña y la Sur, fue esta la que recuperaría a los clubs de la provincia de Huelva. En realidad se trataba del RC Recreativo de Huelva, con distinto nombre.
La zona del protectorado Español de Marruecos quedó representada por el Ceuta Sport y la Escuela Hispano-árabe de Tánger, que fueron los dos mejores del campeonato de 1939. Desde la temporada 1933/34 la Federación Hispanomarroquí inscribía a su campeón para jugar el Campeonato de España. Su inclusión en la Segunda División era un reconocimiento doble, deportivo y político, pues se premiaba el apoyo dado por ejército de esa zona al triunfo del general Franco.
En conclusión, así como la Primera División respetó estrictamente lo acordado en la última Asamblea federativa antes del 18 de julio de 1936, ajustando a doce equipos con la solución dada a la vacante del Oviedo FC, la Segunda División, aun tomando como punto de partida los criterios deportivos de 1936, también aceptó ciertas concesiones políticas en beneficio de algunos clubs.
1 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, páginas 368.
2 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, páginas 334-335.
3 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, páginas 381-382.
4 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, páginas 383-384.
5 Sobre las negociaciones a tres bandas entre el Aviación Nacional, el CD Nacional y el Athletic de Madrid es de obligada lectura el capítulo Rojiblancos con alas en la obra Las grandes mentiras del fútbol español de Félix Martialay y Bernardo de Salazar.
6 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, página 432.
7 Félix Martialay. El fútbol en la guerra. Tomo IV: Federación Castellana, página 432.