Cuando la sinrazón se apodera de la ciudad de Cartagena los primeros días de guerra civil, se detiene a personas y personalidades, con la excusa, o razón, de ser de ideología derechista, católico, o por haber servido de auxilio a la rebelión. Por su parte, el Tribunal Popular de Cartagena dejará 47 legajos de documentación durante casi el trienio del conflicto bélico. Ahí es nada. Al contrario que el Tribunal de la República, una vez las tropas franquistas entran en Cartagena, las referencias a represaliados republicanos son casi nulas. Este oscurantismo durará mucho tiempo. Por el contrario, para sus fallecidos, los caídos por Dios y por España, los del bando vencedor, hay continuos sufragios, misas, homenajes y reconocimientos durante la dictadura.
Nuestro primer protagonista será Isidro Solano Madrid, que nace en Cartagena el 22 de julio de 1909, siendo su padre Juan Solano Cañavate, y su madre, Dolores Madrid Sánchez. Vecino del paraje de Molino Derribado, de la diputación cartagenera de La Aljorra, su oficio será escribiente y jornalero, con especialidad en fontanería, labor que explotó en la empresa Aguas de Santa Bárbara, de la cual, Eduardo Olmos Martínez era gerente. Eduardo sería vocal de la directiva del Cartagena FC, auspiciado por sus cuñados, los Wandosell Calvache, en la temporada 1919-20, bajo la presidencia efectiva de Francisco Javier Bayo Aledo, siendo honorifica para José García Vaso Linares y José Maestre Pérez. Isidro ingresó en el Ejército con 20 años, el 14 de julio de 1930, voluntariamente, en principio, para tres años. Como veremos, se alargaría en el tiempo algunos años más. Eduardo Olmos, por su parte, contrajo matrimonio con una hija, Clotilde, de Pio Wandosell, cuyos hijos, Adolfo, Pio y Francisco, son una de las familias introductoras del fútbol en Cartagena, siendo ambas estirpes de progenitores de Alhama La Seca, municipio de La Alpujarra almeriense.
Además, Eduardo, será cónsul de Colombia en Cartagena. Clotilde Teodora, que nació el 1 de abril en 1880, sería hija del fundidor Pío Wandosell y de Dolores Calvache. Casados en primeras nupcias, a la muerte de la esposa, el patriarca Pío se casaría con su cuñada, Francisca, con la que también tendría descendencia.
La muerte de su madre en 1888, para Clotilde y los hermanos (éstos marcharon a Madrid, al Real Colegio Alfonso XII, regido por los padres agustinos, años después), significó algo más que el fallecimiento como tal, que ya era, e ingresaría en el colegio de las religiosas francesas, en la Rambla de San Antón. Cuando la familia se fue a Madrid, ella sería admitida en el colegio de Religiosas del Sagrado Corazón, en la calle Caballero de Gracia,28.
Tuvo muchos pretendientes, incluso hubo un duelo por sus favores según la tradición familiar oral, pero finalmente se casó con Eduardo Olmos Martínez, el 27 de mayo de 1901, en la Iglesia del Hospital de Caridad de Cartagena, teniendo tres hijos; Clotilde, Álvaro y Eduardo. Los restos de los progenitores de estos, se encuentran en el panteón familiar, en el municipio de La Unión. Clotilde murió, en Cartagena, el 16 de febrero de 1964, falleciendo su marido doce años antes, en 1952.
Todas la información sobre los Wandosell Calvache, y la fotografía de Clotilde con Eduardo Olmos, se la debemos a un familiar, Gonzalo Wandosell Fernández de Bobadilla.
Centrándonos en Isidro, su primer destino sería Recajo (Logroño), pero pronto, por sus contactos en la ciudad, sería destinado a la Escuela de Combate y Bombardeo Aéreo, de la vecina localidad de Los Alcázares. El primero de marzo de 1931 fue ascendido a Cabo de Aviación. Haría cursos de telegrafía, e intentaría enrolarse en la Guardia Civil. Ascendería a sargento en 1933. Ostentando este cargo, le sorprendería el golpe de estado en Los Alcázares, donde estaba destinado en el servicio de instrucción y material. Sería ascendido al empleo de brigada en noviembre de 1936. En la localidad alcazareña, ascendería a teniente de aviación, el 24 de marzo de 1937. Durante la guerra, estaría de administrador en los hospitales de Las Torres de Cotillas y La Alberca.
Dentro de los procedimientos de la justicia castrense contra el personal militar que luchó en la aviación republicana durante la Guerra Civil, sería encausado por auxilio a la rebelión, pero tras no encontrar pruebas, sería absuelto, en un sumario de 82 páginas. Los delitos, supuestamente cometidos por Isidro, eran: uno, ser jefe del comité de amigos de la URSS. Él alegaría que solo, ordenado por su superior, el comandante Ortiz, descargó material bélico en Cartagena. Dos, pilotar uno de los aviones que bombardeó Granada el 29 de julio de 1936. En su declaración, lo negará rotundamente y, es más, intentaba demostrar dos situaciones de sabotaje para con el bando republicano, en pro del nacional, mientras descargaba armamento. Compañeros de profesión, como Sebastián González, Antonio Fernández, Antimo Galán, Enrique Carrión, Ricardo Alonso, Benito Carrión, José Iniesta y Aurelio Sánchez, testificarían a favor de Isidro.
La tercera acusación que le sería impuesta sería que, una vez declarado el golpe de estado, no se pasó al bando nacional, ni lo intentó. Su alegato se basaría en que se encontraba de vacaciones, en su casa de La Aljorra. Tras el alzamiento, e identificándose con él, intenta llegar a la base aeronaval de San Javier, donde en primera instancia había triunfado el golpe de estado, en una bicicleta, siendo éste, según la declaración, su único medio de transporte. Al llegar a la localidad de San Javier, pudo saber que la intentona golpista había sido sofocada, por lo que volvió a Cartagena, estando oculto unos días. Debemos tener en cuenta que, geográficamente cercano a Cartagena, no hubo ningún lugar donde triunfara el golpe militar. De hecho, Cartagena, como base naval de la República, haría que todo el mediterráneo fuera fiel al gobierno. Por ello, Isidro, sin posibilidad de llegar a otra zona más alejada, no tuvo más remedio que volver a enrolarse en su destino de Los Alcázares, donde también prestaba sus servicios su hermano Francisco.
Durante el conflicto bélico, Isidro ayudó, o eso dice su declaración, a personas de corte derechista, facilitándole víveres y auxilios a personas afectas al bando nacional, o simplemente desafectas con el bando republicano, residentes en Cartagena.
Claro está, no se iba a librar de una de las clásicas preguntas de los tribunales franquistas; “Motivo que le retenía a permanecer en zona roja”. Isidro, alegaría que por falta de ocasión. Es más, se erige como partícipe en los sucesos de Cartagena en los primeros días de marzo de 1939, poniendo a disposición de la causa nacional, el camión del Hospital de Las Torres de Cotillas. Incluso, manifiesta haber forcejeado con la 206 Brigada Comunista en estos días.
Como decíamos en las anteriores líneas, compañeros de destino de Isidro, testificaron a su favor, entre ellos, Sebastián González, destinado en el aeródromo de Los Alcázares. Este Sebastián, sería portero en el Aviación FC, equipo de fútbol creado en el estamento militar citado, en los años 20, e incluso, por lesión de los hermanos Vaso, Jesús y José, llegará a jugar un partido como portero del Cartagena FC, frente al Meteor de Praga, el 16 de junio de 1923.
Años después, reharía su vida laboral. Sería comerciante, además de tesorero del Cartagena CF a finales de los años cuarenta. En 1952, saltará a la palestra otra vez, por un motivo futbolístico. El Efesé estaba agonizando. Tras el ascenso por reestructuración de la Segunda División al término del ejercicio 1948/49, el conjunto departamental, se mantendría, tres años, con más pena que gloria, en la categoría de plata del fútbol español. José María de la Puerta, Francisco Celdrán, Manuel Cortés, Francisco Muñoz Delgado y Juan Cadenas, serían los presidentes en esta época, cinco en tres años.
Una vez el club realiza balance de la temporada, la entidad blanquinegra adeuda 100.000 pesetas. Se realizan varias asambleas, y no se llega a buen puerto. Intentan una moratoria, pero las gestiones, llevadas a cabo por Armando Muñoz Calero, aguileño de nacimiento, no dan el resultado esperado. El Cartagena CF decide, tras la negativa de la FEF, disolverse como sociedad, y así se lo hace saber al superior estamento.
La esperanza surge de la mano de Isidro Solano. Él, se comprometía a adelantar las 100.000 pesetas, siempre y cuando les fueran devueltas por los cartageneros, en huchas petitorias dispuestas en diferentes ubicaciones de la ciudad. El plazo se agotaría sin éxito, y finalmente el Cartagena CF desaparecería tras 33 años de vida. Esta historia fue contada en el artículo “El erróneo centenario del Cartagena FC”
El siguiente protagonista será Dionisio Martínez Rodríguez, hijo de Dionisio Martínez Marín y Carmen Rodríguez Beltrán. A la muerte de su padre, heredará el negocio familiar; una papelería en la Calle Cuatro Santos, de Cartagena.
Empresario, concejal en el consistorio cartagenero y presidente del CD Cartagena en los años 60, sería encarcelado dos veces durante la contienda civil. Monárquico convencido, era afiliado a Renovación Española, como Eduardo Pérez Trillo. En ambas detenciones, los periodos comprendidos entre el 20/7/1936 y 24/7/1936, y el más largo, del 7/8/1936 al 11/10/1936, sería absuelto.
Posterior a su encarcelamiento, colaboraría con el bando republicano desde su posición de comerciante donando, por ejemplo, “50 carpetas de 5 cartas cada una”. Siguiendo con su faceta comercial, una vez acabada la guerra, donaría cantidades de dinero, por ejemplo, para la construcción de la Cruz de Los Caídos y, a su vez, para el aguinaldo del necesitado, bajo el titular de no ser “español, ni cristiano, ni cartagenero, el que no contribuya con su donativo al AGUINALDO del NECESITADO. Ve a Falange y entrégalo”. Se enrolaría como consiliario en la Cofradía California.
Ni le gustaba el fútbol, ni entendía, ni quería entender. Pero Dionisio fue una revolución para el balompié local, no vista hasta entonces, desde que fue nombrado presidente del club el 1 de junio de 1960. Tuvo grandes ideas, pero la mejor, desde su posición de concejal en el Ayuntamiento de la ciudad, fue entablar conversaciones con los responsables del Departamento Marítimo de Cartagena, entre ellos el almirante Mendizábal y Cortázar, quien llegaría a ser Almirante Secretario General y Jefe de la Jurisdicción Central de Marina, para que, fuera benevolente con los reclutas que, como destino, les tocaba en suerte Cartagena y, además, practicaban el deporte rey. De esta guisa, jugadores como “Panocha” Suárez, Cortés, o Meliá, disfrutarían de una mili sin muchos sobresaltos, con guardias casi inexistentes y un destino cómodo.
El primer equipo de la ciudad en 1960, era la UD Cartagenera, club fundado en 1939, y que saltó a la primera línea tras la desaparición del Cartagena CF en agosto de 1952. Juan Buendía, por entonces alma mater de la “Cartagenera”, ofreció su equipo como sustituto en la ciudad, para que Cartagena no se quedara sin fútbol. En 1960, cuando Dionisio asume la presidencia, busca un nombre más identificativo del club para con la ciudad. Finalmente, lo bautizará como Club Deportivo Cartagena.
A Dionisio le salió todo rodado en su año de presidencia. Cartagena llevaba sin fútbol de Segunda División desde el descenso del año 1952. El CD Cartagena, que estrenó el nombre, oficialmente, en un partido de liga jugado el primero de enero de 1961, frente al Madrigueras, en el Almarjal, al que le endosaría un sonrojante 9-1, ascendería a Segunda División tras clasificarse para el play off y doblegar, en primera instancia al Lugo, y en la última eliminatoria al Sestao. El partido de vuelta, en tierras vascas, se jugaría en el viejo San Mamés. Dejaría la presidencia tras el ascenso, en manos de Herminio Campillo Castillo, no sin antes celebrarlo con el alcalde por entonces de Cartagena Federico Trillo Figueroa Vázquez, con quien tenía una buena relación, en el balcón del Palacio Consistorial.
Tras descender dos años después, e intentar abandonar la Tercera División en los dos siguientes, para la temporada 1965/66, se vuelve a confiar en el tándem que había ascendido un lustro antes; Dionisio Martínez en la presidencia y Ventura Martínez de entrenador. Mejor papel hizo la plantilla liderada por Larzabal, Santos, Salvador, Llobet, Mercadé y Vitaller, pudiéndose clasificar para el play off de ascenso. En primera instancia, se eliminaría a la Cultural Leonesa, tras un casi interminable partido de desempate. Tras las tablas en la ida y vuelta, el tercer partido se decidiría, por seguir empatados, por la estadística. Se clasificó el CD Cartagena para la siguiente eliminatoria por haber disfrutado de un córner más a favor que rival, 11 a 10. El Éibar, en la siguiente ronda, acabó con el sueño blanquinegro y con el tándem comentado, ya que ninguno de los dos continuaría al mando de la nave blanquinegra.
Como hemos dicho, Dionisio era dueño por herencia de una imprenta. Los domingos por la tarde salía, de las multicopistas de “La Moderna”, la “Hoja Balón”, que era repartida en cafeterías, con los resultados deportivos de la semana.
El tercer personaje del que nos ocuparemos será Cándido de la Rasilla y Arrué, que será Jefe de contabilidad de la Constructora Naval, y subdelegado de Hacienda. En el ámbito futbolístico, sería tesorero del CD Naval, en su primer año de vida, bajo la presidencia de Juan Antonio Cerrada González de Serralde, que perdería un hermano, Pedro, de profesión ingeniero de montes, en la guerra civil, también caído por Dios y por España.
El equipo, nace bajo el amparo de la empresa nacional “Consejo Ordenador de las Construcciones Navales Militares”, ente público que explotaba el astillero cartagenero. Los años posteriores a la Guerra Civil, el “Consejo”, una empresa pública, participó en los campeonatos de empresas. Además, de la Rasilla, sería mayordomo de la Santa Cena California. Estaría en condición de reo dos meses, entre el 1/11/1936 y el 10/1/1937.
Nuestro siguiente protagonista es Ceferino Latorre Alejandro, que se casaría con María Muñoz Vidal, natural de Fuente Álamo. Él, nacido en Alcabón, provincia de Toledo, es hijo de Ceferino y Ana. No habiendo podido esclarecer cómo y cuándo llega la familia a Cartagena, si sabemos por el padrón de 1924 que lo hacen aproximadamente, cuando Ceferino hijo tiene escasamente un año.
Su profesión será funcionario de prisiones, lo que le llevará a estar largas temporadas fuera de Cartagena. Junto con Dioni Conesa, el primero, y con Pepe Egea, el último, ostentan la vitola de ser las únicas tres personas que han sido jugador, entrenador y presidente del fútbol cartagenero. Además, una vez retirado del fútbol en activo, será árbitro durante algunas temporadas.
En el caso de Ceferino, será jugador del Sporting Club Carthago y del Cartagena FC. Será directivo en diferentes épocas, hasta alcanzar la presidencia en la temporada 1933/34 y mantenerla la temporada siguiente. Tras la guerra, sería entrenador del Efesé en la temporada 1941/42, no sin antes haber sido directivo del club, en la temporada 1939/40, tras su paso por la cárcel.
Dioni daría sus primeras patadas a un balón en el Colegio San Isidoro, para pasar a jugar con el Bloque FC. Jugará en el Club Carthago, en el Athletic Club Cartagena, en el Sporting Club Carthago y en el Cartagena FC. Entrenará al Cartagena FC durante la temporada 1928/29, siendo antes primer presidente del Sporting Club Carthago (1915).
Por su parte, Pepe Egea jugará, entrenará y presidirá el mismo equipo; el Cartagena FC. Será jugador del CD Naval, del Valencia CF y del Cartagena FC, cuando éste todavía se llamaba CD Cartagena. Presidirá y entrenará al mismo equipo. Antes de los despachos, será entrenador, en el tándem que formaría con Ángel Pallarés en la temporada 1974/75, para volver a coger las riendas blanquinegras en el siguiente ejercicio. Su presidencia sería por dos temporadas, la 1988/89 y 1989/90.
Volviéndonos a centrar en Ceferino, para mayo de 1936, abandonará Cartagena en pro de ir a la capital de España, requerido por el director de la prisión celular de Madrid. Para los años 60 del pasado siglo, seguía en activo, ya que es nombrado subdirector del sanatorio psiquiátrico penitenciario de Madrid y, a la vez, director de la prisión provincial de Cádiz.
Nuestro siguiente protagonista es Mariano Ibáñez Iglesias, del que no hemos llegado a encontrar fotografía alguna. De profesión consignatario de buques, sería asesinado, según el registro, por la 206 Brigada Mixta, en Cartagena, el 5 de marzo de 1939, cuando la guerra civil vivía sus últimos días.
Mariano, sería socio propietario del Cartagena FC, teniendo derecho a una tribuna en el Stadium, por valor de 500 pesetas. Estas ubicaciones privilegiadas serían el modo de supervivencia, entre otros, del Efesé. De esta guisa eran Alfonso Torres y Antonio Egea Larrosa, protagonistas también en los anteriores capítulos de “Fútbol y Guerra Civil en Cartagena”. Además, Carlos Ávalos, Antonio Sintas, o Luis Vial, también adquirirían estos sillones.
Una década antes, el 22 de marzo de 1924, es nombrado presidente Carlos Ávalos Jorquera, en sustitución de Serafín González, afín a José García Vaso Linares, ya que era concejal del partido de Vaso, el Partido Bloquista, como Juan González Salomón, José Díaz Spottorno, Joaquín Córdoba y Ginés Cervantes.
Diego González Martínez, hermano de Serafín, sería alcalde de Cartagena, también por el partido de García Vaso. El propio Serafín, recalaría en el “Carthago” de los García Vaso, cuando éstos se desligaron del Cartagena FC. El 1 de mayo de 1925, se elegirá nueva junta directiva en el seno del Cartagena FC, ratificando a Ávalos en el cargo. Meses después, se pondría en marcha la nomenclatura de “socios propietarios” y “socios de número”, que llegarían hasta la época de Mariano Ibáñez Iglesias.
Cuando la guerra civil en Cartagena, y en el resto de España, vivía sus últimos momentos, tomó parte en el conflicto, por parte republicana, la 206 Brigada Mixta, de la que son detenidos, en primera instancia, el comisario de la 206, además del jefe de la base naval de Cartagena, aunque el primero logrará escapar horas después. Para el 5 de Marzo, la 206 Brigada es reforzada con camiones desde Buñol, que ya han sido objeto de tiroteos contra los sublevados, mientras que la flota republicana abandonará el puerto rumbo a Bizerta. Los tanques de la Escuela de Archena se unen a los republicanos. En los días siguientes irán cayendo los últimos reductos en la ciudad; Castillo de Galeras, Base Naval, Castillo de la Concepción, Parque de Artillería, Aguilones, Cabo Tiñoso, La Chapa, Cenizas, el castillo de San Julián y el Arsenal.
El 7 de marzo, se produciría la mayor tragedia naval de la Guerra Civil Española. El hecho, sería conocido como “El hundimiento del Castillo Olite”, siendo este un buque en manos sublevadas. Casi 1500 personas, perecieron en las costas de Cartagena, debido al hundimiento de esta nave mercante, cerca de la isla de Escombreras, dentro de la “Expedición sobre Cartagena”, que la componían unos 30 barcos, que tenían la intención de tomar como suya la base naval de Cartagena. Fue una operación precipitada, con poca preparación y escasa o nula protección, que mandaba a la muerte casi segura, auspiciada por los mandos franquistas, a un mercante sin radio, mientras que el resto de la expedición, al conocer que Cartagena todavía republicana, darían media vuelta y ni intentarían entrar en la ciudad.
Error militar que fue poco menos que silenciado durante un tiempo, no llegando a comunicar su hecho hasta 16 días después, por el bando sublevado. En una primera instancia, y para darle más narrativa a la historia, incluso se llegó a decir que a bordo, iban mujeres y niños. Nada más lejos de la realidad, como quedó demostrado en el excelso libro de “El Hundimiento del Castillo Olite” 2004, Ed. Áglaya, de Luis Miguel Pérez Adán. Una vez el libro había visto la luz, apareció, como pasa muchísimas veces, nueva información (documentos, fotografías, etc.) que bien, muy bien, hubieran cabido en la obra . Pero esta fue muy especial. Se puso en contacto con Pérez Adán quien afirmaba ser quien había ordenado que se disparara el cañonazo que hundiría el mercante “Castillo Olite”. Este capitán de Infantería del Batallón 821 de la 206 Brigada Mixta, de nombre Cristóbal Guirao García, ya anciano, acompañó a Luis Miguel a La Parajola, batería desde donde se había efectuado el mortal cañonazo, para narrarle de primera mano las vicisitudes de aquel hecho fatídico. Lógicamente, si había quien había ordenado el disparo, debía haber quien acató esa mandato. Este no es otro que Antonio Martínez Pallarés, quien recibe la orden, con la pistola de Cristóbal en la sien. Tras la guerra, corrieron suerte dispar. Cristóbal se exiliaría durante 40 años, muriendo en 2007, y Antonio, sería fusilado, ya que el tribunal franquista no tuvo en cuenta su argumento; la involuntariedad de querer hundir el Castillo Olite. Fue el único de los 97 militares con destino en la Parajola que pagó con su vida estos hechos.
Además, para el año 2015, apareció, en el Archivo Municipal de Cartagena, el listado de todos los tripulantes del buque, con todo lujo de detalles; Nombre y apellidos, unidad de pertenencia, y su estatus tras el hundimiento (fallecido, herido o prisionero).
La historia es que el barco “Castillo Olite”, como los otros, creía que la Segunda República ya se había rendido. Lo había hecho en Cartagena, pero no totalmente. Así, un cañonazo desde la batería de costa La Parajola, aun fiel al gobierno de la república, hundiría el barco en su propósito de entrar en la ciudad. El resultado, dantesco; 1476 muertos, 342 heridos y 294 detenidos. Hay que tener en cuenta que los tripulantes del barco pensaban que Cartagena ya estaba en manos nacionales. Muchos de ellos, habían luchado en la guerra durante casi tres años, y ahora, cuando la guerra tocaba a su fin, a tres semanas de su desenlace, se dieron de bruces con la muerte. Los embarcados eran de índole variopinta; los Batallones II y III de Infantería del Regimiento Zamora nº29, Grupo de Artillería 100/7, un cuerpo jurídico, los altos mandos del 11 Regimiento de la División nº 83, un grupo de transmisiones, componente de Falange Naval, oficiales y personal militar, además de otras personas sin identificar, amén de la propia tripulación del Olite.
El primer homenaje a los tripulantes del Castillo Olite sería en 1939, meses después de la finalización del conflicto, efeméride que se fue recordando cada 7 de marzo, hasta que dejó de celebrarse con el paso del tiempo. Dos, han sido los monumentos que se han erigido frente al lugar del hundimiento. Primero, una cruz imponente de piedra, para ser sustituida, años después, por una cruz metálica y una madona, con cristo en los brazos. Actualmente, solo se conserva la estatua, que se encuentra en la cima del Monte Calvario, junto a la Ermita del mismo nombre. Hasta meses después, el mar devolvía los cadáveres a tierra.
Sin duda, los protagonistas serán los únicos que se llevaron la verdad al otro mundo. Hubo quien se erigió como heroína (o la erigieron), y quien trató de desmontar esta teoría con el paso de los años. La historia en torno a María del Carmen Hevia, esposa del farero de Escombreras según la tradición, siempre ha sido objeto de debate. Lo que está claro, es que fueron los propios vecinos de Escombreras los que, con su ayuda, salvaron la vida de algunos náufragos, y ayudaron a sacar los cadáveres del agua. Sus defensores, argumentarían, como ella misma, que ayudó en las labores de rescate, cosa innegable. Pero sus detractores, siempre estuvieron al quite para que no se le homenajeara por su labor, tanto es así que el régimen, que había construido un relato propagandístico alrededor de su figura, nunca la condecoraría, tal y como solicitó ella misma con la Cruz Laureada de San Fernando. Sus críticos siempre argumentarían que la señora Hevia, había sustraído objetos de valor a los fallecidos y/o supervivientes, y que por ello no era merecedora de ningún reconocimiento.
La obra “El hundimiento del Castillo Olite”, de Luis Miguel Pérez Adán, fue reeditada en 2024, con nuevas averiguaciones, imágenes a color, mapas, etc.)