El impacto del Cartel de Medellín en el fútbol colombiano en la década de los 80 y 90
Iván Prince Febres
Cuadernos de Fútbol n.o 186 | Mayo 2026
El impacto del Cartel de Medellín en el fútbol colombiano en la década de los 80 y 90
1. Introducción
El narcotráfico es uno de los negocios más grandes del mundo, habiendo cientos de carteles de droga alrededor del planeta. A pesar de su ilegalidad, el tráfico de drogas sigue moviendo cantidades de dinero, con un gran impacto en la economía. Este fenómeno está presente en distintas regiones, aunque es más prominente en algunos países específicos. Uno de estos países es Colombia, el país más asociado con este negocio en Sudamérica.
El narcotráfico ha estado presente en distintos sectores de la sociedad colombiana. Una de estas áreas es el fútbol, el deporte más practicado y visto del país. En concreto, se ha analizado la posibilidad de que distintos carteles hayan apoyado a ciertos equipos en la primera división de fútbol colombiano. Esta investigación estará enfocada en el Cartel de Medellín y su vinculación con el Atlético Nacional, equipo de la misma ciudad. Buscará determinar en qué manera este equipo se vio afectado por el cartel de Pablo Escobar, y cómo impactó el desarrollo y desempeño del fútbol colombiano. Específicamente se centrará en el período comprendido entre la década de los 80 y 1994. Se utilizarán fuentes como investigaciones realizadas por distintos autores y organizaciones latinoamericanas, por ejemplo InSight Crime, así como testimonios de ex miembros del Cartel de Medellín.
La investigación estará dividida en 2 capítulos: un primer capítulo de contexto histórico que tratará el surgimiento y desarrollo del narcotráfico en Colombia y el nacimiento del Cartel de Medellín. El segundo capítulo será acerca del fútbol colombiano durante los años delimitados, buscando identificar el impacto del narcotráfico en el Atlético Nacional y en el fútbol del país. También desarrollará las razones o motivos de los carteles de droga para involucrarse de manera tan directa en este deporte. Finalmente tratará el impacto del narcotráfico en la selección nacional y sus consecuencias en el deporte. El objetivo principal será determinar el impacto o implicación del narcotráfico, específicamente del Cartel de Medellín, en el desarrollo del Atlético Nacional y del fútbol colombiano.
2. El cáncer de la sociedad colombiana
2.1. Origen del narcotráfico en Colombia
Los orígenes de la industria del narcotráfico en Colombia se remontan al inicio de la segunda mitad del siglo XX. La droga, sin embargo, estaba ya presente en la sociedad colombiana desde hace varias décadas. Medina (2012) mencionó lo siguiente:
En el siglo XIX y principios del XX, las drogas como la marihuana, los opiáceos y la cocaína se utilizaban en Colombia por razones médicas. Derivados del opio como la morfina y la heroína, así como medicamentos derivados de la cocaína, los vinos de coca y los cigarrillos de marihuana fueron utilizados durante este periodo con fines medicinales prescritos por los médicos, y se obtenían fácilmente en las farmacias y mercados populares. (pág. 146)
En ese entonces, no existía una gran preocupación de las autoridades hacia el uso de narcóticos en el país, y no se consideraban como adictos o criminales a los consumidores.
Según García (2013), el tráfico de drogas nació de una forma casi imperceptible a principios de la década de los 50, surgiendo inicialmente como pequeños cultivos de marihuana traídos por marineros en la costa atlántica (pág. 6). A mediados de los años 60 se da el mayor boom del narcotráfico colombiano hasta ese entonces, en la zona norte del país. A este periodo se le conoce como la “bonanza marimbera”, refiriéndose al auge del tráfico de marimba, la forma en la cual se le refería a la marihuana en el norte de Colombia. El tráfico de marihuana se desarrolla rápidamente y se convierte en la actividad económica principal para esta zona del país, sirviendo de sustento y acelerando el crecimiento de este mercado (Vanegas, 2023).
Uno de los hechos que impulsaron aún más el desarrollo del narcotráfico fueron los movimientos contraculturales de los años 60 en Estados Unidos. La marihuana se convirtió en el principal símbolo de resistencia para los grupos contraculturales, la cual era provista principalmente por Colombia.
La década de los 70 marca el fin del ciclo de la marihuana. Uno de los factores que propician este cambio fue el surgimiento de cultivos de coca en Colombia, ya que la cocaína era producida a base de hojas de coca traídas desde Perú y Bolivia (García, 2013). El fin de la bonanza marimbera y la nueva producción de cocaína en territorio colombiano coincidió con un aumento en el consumo en Estados Unidos. Esto impulsó la migración de narcotraficantes colombianos a EE.UU, quienes al notar la presencia de las mafias norteamericanas y su control del mercado de consumidores, deciden disputar por las redes de distribución. Poco a poco se fueron posicionando y conquistando el mercado de consumidores (Medina, 2012).
Durante esta década, distintos factores confluyeron para que la industria del narcotráfico colombiano se expandiera y tomara importancia durante el ciclo de la cocaína. La lucha contra la insurgencia causó que el Estado tuviera que combatir 2 fenómenos a la misma vez, reduciendo su capacidad de tomar acción contra el creciente narcotráfico. Además, la demanda de droga siguió aumentando desenfrenadamente en Estados Unidos y Europa, sumándose a una política antidroga tolerante con el consumo. A esto hay que añadirle las circunstancias sociales y económicas de la época. La década de los 70 trajo consigo un inestable desarrollo económico, provocando el empobrecimiento de las clases medias y bajas, las cuales, como única alternativa, incursionaron en el narcotráfico para contrarrestar la caída de ingresos, una forma de delincuencia cada vez más común para personas de estas clases sociales (Medina, 2012).
Al hablar de este tema es de suma importancia abordar el concepto de “cártel”, al cual históricamente no se le ha establecido una definición común. Vázquez (2021) indica que un cártel de drogas es una red criminal internacional la cual combina el tráfico de drogas con otras actividades ilícitas, como la trata de personas o el robo de combustibles. Estos mantienen vínculos estratégicos con actores políticos y económicos para lavar dinero y operar a nivel internacional. Además, suelen funcionar de manera descentralizada o fragmentada, es decir, que no siguen una estructura de jerarquía clara, sino que trabajan en distintos grupos pequeños o células. Estas células actúan con autonomía, y a veces se separan por conflictos internos.
2.2. Origen del Cartel de Medellín
Una vez con esta definición clara y conociendo el origen del narcotráfico en Colombia, podemos hablar del Cartel de Medellín. Ya con el surgimiento del crimen organizado para actividades como el contrabando o el tráfico de marihuana en los años 50 y 60, el cartel es conformado a mediados de la década de los 70, “grupos de pequeños traficantes de drogas que traían base de coca de Perú y la procesaban en la ciudad de Medellín se empiezan a asociar para crear una empresa ilegal que tenga la capacidad para controlar toda la cadena productiva de la economía del narcotráfico” (Medina, 2012, pág. 153). Esta empresa tenía como objetivo tomar el control de la cadena del narcotráfico en su totalidad, desde su producción hasta su transporte y el dominio de sus mercados.
El cartel fue fundado en la capital de Antioquia por 8 jefes, cabecillas de estos pequeños grupos narcotraficantes. Además contaba con la participación de muchos otros miembros, especialmente jóvenes. Pablo Escobar fue uno de los fundadores del cartel, y su miembro más reconocido hoy en día. Este no empezó siendo el líder indiscutible del grupo. InSight Crime (2021) indica que “los hermanos Ochoa fueron inicialmente los cerebros empresariales de la organización, mientras que Escobar se encargaba de la “protección” del grupo, posteriormente se convirtió en su líder indiscutible” (párr. 3).
El cartel surgió en pleno auge del consumo de cocaína, por lo que incursionó en el mercado internacional del tráfico de este producto. Para inicios de los 80, ya había empezado a formar redes de narcotráfico desde Colombia hasta Estados Unidos, siendo su principal exportador de cocaína. Pablo Escobar era quien controlaba toda la cadena de suministro de cocaína. Desde su concepción, el cartel se ganó el respeto o apoyo de los sectores pobres, gracias a distintos proyectos de ayuda social financiados por el patrón, Pablo Escobar. Entre estos había programas de ayuda social, vivienda y recreación (InSight Crime, 2025).
Uno de los miembros fundadores del cartel, Carlos Lehder, fue liberado tras su condena de 33 años. Tras su libertad, entregó varias entrevistas donde habla sobre el cartel y su origen desde su perspectiva. En una entrevista, el ex cabecilla dio detalles sobre la formación del grupo y su funcionamiento. Mencionó que antes los capos trabajaban por separado, y justificó la creación del cartel usando de ejemplo a agremiaciones organizándose cuando se sentían disconformes con alguna decisión gubernamental (Ortiz, 2024).
Según Lehder (citado en Ortiz, 2024), fue una decisión del gobierno colombiano en específico la que causó su creación y consolidación: “El Cartel de Medellín se consolidó solamente cuando los ocho jefes de organizaciones nos unimos, al descubrir que el gobierno de Colombia había negociado secretamente un tratado de extradición con el gobierno de Washington” (párr. 3).
La violencia siempre fue una cuestión recurrente en el cartel. Su funcionamiento giraba alrededor de esta. Las distintas células que conformaban el cartel debían pagarle un porcentaje de sus ganancias a Pablo Escobar, el cual se encargaba de los cobros por medio de amenazas, secuestros o asesinatos. Sin embargo, la negociación de la extradición trajo consigo un nivel de coordinación mucho mayor.
Se fue haciendo manifiesto que el negocio de la droga tenía un impacto en muchos sectores de Colombia a nivel de control y de violencia. Distintos hechos ocurrieron que demostraron que el Cartel de Medellín y el negocio del narcotráfico estaban presentes en muchos niveles de la sociedad, llegando incluso al sector deportivo. Uno de estos fue el fútbol, el deporte más grande del país, el cual se convirtió en una de las áreas más visibles en las que el narcotráfico, por motivos que se desarrollarán a continuación, se infiltró.
Para tener una mejor comprensión del impacto del narcotráfico en el fútbol, hay que tener presente el contexto del fútbol colombiano antes del auge del narcotráfico. La liga de fútbol colombiana fue una de las últimas en profesionalizarse. No fue sino hasta 1948 que se dio el cambio del fútbol amateur. Sin embargo, esta tuvo un periodo de oro entre 1948 y 1954 conocido como “El Dorado”. Debido a una huelga que detuvo el fútbol de Argentina en 1947, muchos jugadores decidieron seguir sus carreras en el exterior. Colombia fue el destino de muchos de ellos gracias al gran poder adquisitivo de sus equipos. También jugadores y árbitros de otros países de América y Europa fueron a Colombia por su atractiva oferta (Solano, 2021). Este fue el primer gran auge del fútbol colombiano. Tras este periodo, el fútbol colombiano empezó a quedarse por detrás del nivel del resto de Sudamérica, el cual crecía a un ritmo acelerado. Durante muchos años, Colombia vio a países como Brasil, Argentina o Uruguay seguir desarrollando su fútbol. Sin embargo, el fútbol colombiano, vería una segunda época dorada gracias al narcotráfico, la cual se analizará a continuación con énfasis en el caso del Club Atlético Nacional.
3. La pelota se manchó
3.1. El nacimiento del narcofútbol
La relación entre el narcotráfico y el fútbol se remonta a finales de los años 70. Es clave entender la situación económica de los clubes de Colombia en ese entonces. Los equipos de fútbol tienen una variedad de fuentes de ingresos: ventas de jugadores, ventas de camisetas, ventas de entradas, publicidad, etc. Sin embargo, para estos años los clubes no generaban casi ganancias por estos medios, teniendo grandes pérdidas en su lugar. Algunos equipos incluso llegaron a declararse en bancarrota, ya que no tenían suficientes fondos para cubrir todos los gastos que conlleva un club de fútbol, como el salario de una plantilla, los técnicos, directivos, entre otros (Solano, 2021). Esta situación se tradujo a un mal rendimiento de los clubes a nivel continental. No fue sino hasta 1978 que un equipo colombiano, Deportivo Cali, llegó a la final de la Copa Libertadores por primera vez, la competición más grande del continente, la cual terminarían perdiendo.
Esta precariedad económica se sumó a “la permisividad para mover dinero sin ser detectados y los vacíos del Estatuto Cambiario” (Ortegón y Rodríguez, 2011), lo cual dio camino a inversiones de personas o grupos con gran capital, que tenían la capacidad de pagar las cuentas negativas de los clubes. Estos inversores eran, en su mayoría, parte del negocio del narcotráfico, quienes usaban su gran fortuna obtenida de los negocios ilícitos.
Es aquí que debemos entender los motivos de los carteles de droga para infiltrarse en el negocio del fútbol. La principal motivación de los narcos para esta vinculación era el lavado de dinero. Los carteles tenían una gran cantidad de dinero ilegítimo, por lo cual necesitaban algún medio para justificar su existencia. Los clubes de fútbol, al tener un gran flujo de efectivo gracias a ventas de entradas, camisas, jugadores, patrocinios, etc., sirvieron como la vía perfecta.
El lavado de dinero, a pesar de ser el motivo principal, no era el único interés de los narcotraficantes. Los carteles utilizaban a los equipos como una herramienta para ganar prestigio y reputación en sus respectivas regiones y en la sociedad colombiana. Usaron el fútbol como control social, para conseguir una buena imagen y un poder simbólico. Se convierten en benefactores del pueblo, al apoyar la pasión nacional que representaba el fútbol, especialmente en las zonas de bajos recursos.
También se generó una rivalidad y competencia entre los carteles a nivel deportivo. Querían demostrar su superioridad con respecto a los demás carteles por medio de sus equipos, lo cual causó una especie de “carrera” por el éxito deportivo y una inversión aún mayor.
Fueron varios los equipos que tuvieron auspiciantes provenientes del narcotráfico. Sin embargo destacó la infiltración de los carteles más grandes del país en tres equipos: el de Medellín de Pablo Escobar invirtió en el Atlético Nacional, el de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela en el América de Cali, y el del Centro de Gonzalo Rodríguez Gacha en Millonarios (Mejia, 2013). Estos tres equipos pasaron a convertirse en los más grandes del país, teniendo una rivalidad manchada por el narcotráfico.
3.2. El grande de Medellín
El Atlético Nacional ha sido frecuentemente relacionado con el narcotráfico. Su imagen se asocia directamente al Cartel de Medellín y a Pablo Escobar, sin embargo hubo otros personajes que influenciaron al club en la rama del narcotráfico. Uno de estos fue Hernán Botero, presidente del club en los años 70 y 80, quien fue acusado de lavado de dinero y de nexos con el narcotráfico en 1981. Tras ser extraditado en 1985, el liderazgo del club pasó a Hernán Mesa, quien quebró el club. Lo sucedió Octavio Piedrahita, que también estaba relacionado con el lavado de dinero y el narcotráfico. Fue asesinado en 1988 (Ortegón y Rodríguez, 2011). Botero y Piedrahita fueron dirigentes oficiales del club, quienes demostraron la presencia del narcotráfico del equipo “paisa”.
En cuanto a Pablo Escobar, Mejia (2013) indica que “aunque es casi una verdad tácita que Pablo Escobar Gaviria estuvo siempre ligado a Nacional por negocio y por afecto, no existe una prueba fehaciente que así lo indique” (pág. 28). A pesar de no figurar formalmente como representante del club, se le acusó de mantener vínculos con sus dirigentes. El capo del Cartel de Medellín, siendo el narcotraficante más poderoso e influyente del país, tuvo una incidencia mucho mayor en el Atlético Nacional, la cual se puede demostrar por distintos hechos que se desarrollaron durante el periodo comprendido.
El primero en denunciar la presencia de los narcotraficantes en el fútbol colombiano fue Rodrigo Lara Bonilla. Fue nombrado Ministro de Justicia en 1983, y desde el principio de su gestión le declaró abiertamente la guerra al narcotráfico, haciendo referencia específicamente a Escobar y a Lehder, miembros del Cartel de Medellín (como se observa en la Figura 1).

Denunció la presencia de lo que él llamaba “dineros calientes” en 6 de los 14 equipos profesionales del país, entre ellos Atlético Nacional. Debido a esto, a Escobar se le revivieron acusaciones de delitos y Carlos Lehder fue forzado a huir a Brasil. Lamentablemente, su esfuerzo por limpiar al deporte nacional de la droga selló su muerte (Ortegón y Rodríguez, 2011).
El 30 de abril de 1984 ocurrió la tragedia. Pocos meses después de las declaraciones y procesos que llevó a cabo Lara, dos sicarios lo asesinaron en el norte de Bogotá, enviados por Rodríguez Gacha y Pablo Escobar. Esto demostró la creciente influencia del narcotráfico en la sociedad colombiana, además de su fuerte presencia en el mundo del fútbol. En respuesta al asesinato de su ministro, el presidente Belisario Betancur puso en efecto la extradición de colombianos a Estados Unidos, un tratado que se había firmado en 1979 pero que Betancur se había negado a aplicar, ya que veía esta como la única salida a la crisis. El primer extraditado fue el ya mencionado Hernán Botero en 1985 (Téllez, 2012).
En respuesta, los carteles de droga empezaron a actuar con gran violencia y causar el terror en la sociedad colombiana, asesinando a periodistas, militares o políticos. Era una guerra entre el Estado y los narcotraficantes, quienes hacían todo lo posible para evitar la extradición. Téllez (2012) menciona que “tras la muerte de Lara, las autoridades acosaron a los mafiosos hasta forzarlos a la clandestinidad. Pero no se amedrentaron, sólo se hicieron menos visibles” (pág. 2).
Durante los años siguientes, Escobar mantuvo su segundo plano en el financiamiento y dirección del Atlético Nacional, influyendo fuera del marco oficial. La inyección de dinero tenía como fin convertir al Nacional en el mejor club del país y hacerle competencia en el ámbito deportivo al América de Cali, club patrocinado por el Cartel de Cali. “Pablo, a diferencia de los Rodríguez Orejuela no se preocupó por traer grandes nombres, sino que más bien abogó por juntar grandes jugadores colombianos. Entre ellos: Leonel Álvarez, Chonto Herrera, y René Higuita” (Peláez, 1994, citado en Mejía, 2013, pág. 30).
Sin embargo, el dinero del patrón no triunfó durante gran parte de la década de los 80. El equipo Atlético Nacional inició la década con el título de 1981, el cual sería el único que obtendrían en la época. Fueron los equipos financiados por otros carteles los que dominaron el panorama futbolístico. Millonarios ganó los títulos del 87 y 88, mientras que el América de Cali ganó 5 títulos al hilo, de 1982 a 1986. Esta hegemonía del equipo caleño sirvió especialmente para demostrar el gran poderío del Cartel de Cali frente a sus rivales narcotraficantes, uno de los objetivos principales de los carteles.
La década de los 80 estuvo plagada de violencia y equipos beneficiados. Sin embargo, el campeonato de 1988 destacó como uno de los más controversiales de la historia del fútbol colombiano, el cual involucró al Atlético Nacional. A lo largo del torneo se empezaron a ver distintas polémicas arbitrales con ciertos equipos favorecidos, entre ellos Nacional. Ortegón y Rodríguez (2011) mencionan que el club “verdolaga” se vio claramente beneficiado en un partido frente al Cúcuta, donde ganó gracias a un penal inventado por el árbitro José Joaquín Torres. La liga dejó pasar por alto este y muchos otros incidentes, permitiendo a los narcotraficantes tomar el control sobre el campeonato y potenciar a sus equipos. El fútbol pasó a ser definido por los agentes externos de los equipos: los carteles.
Otro de los casos más célebres que ocurrieron en este torneo fue el secuestro del árbitro Armando Pérez en la ciudad de Medellín. Tras 20 horas fue liberado con la condición de transmitir un mensaje: “Me dijeron que a nombre de Millonarios, Pereira, Quindío, Junior y Nacional, le informara a la opinión pública que el árbitro que nos quitara lo que es justo o diera lo que no corresponde lo borrarían” (El Tiempo, 1988, citado por Angulo, 2023). Nacional terminaría siendo subcampeón del torneo, perdiendo la final ante Millonarios. Fue uno de los capítulos más oscuros del fútbol colombiano, el cual demostró claramente la existencia de la relación fútbol-narcotráfico, incluyendo al cartel de Pablo Escobar y al Atlético Nacional.
El año siguiente fue uno de los más sangrientos de la historia del país, y su torneo local tuvo un final inesperado. Las polémicas y tensiones crecieron, hasta que llegaron a su pico el 15 de noviembre de 1989. El árbitro de línea, Álvaro Ortega, había pitado semanas antes un partido en Cali entre el América de Cali y el Deportivo Independiente Medellín, en el cual anuló erróneamente un gol del club de Medellín, lo cual causó su derrota por 3 a 2. Al terminar el partido de vuelta, un empate a cero que dejaba al DIM afuera, Ortega fue asesinado por un sicario en la capital de Antioquia. El asesinato fue atribuido al Cartel de Medellín, por órdenes de Escobar (Martínez, 2023).
A la liga se le salió completamente de las manos el control sobre el fútbol, dejando claro el profundo impacto que tuvo el Cartel de Medellín en el deporte rey. También quedó en evidencia el control que tenían los narcotraficantes sobre la Dimayor, la cual, además de su permisividad y poca regulación con los actos de los carteles, no daba garantías de protección a los árbitros, causando muchas renuncias. La Dimayor quiso continuar con normalidad el torneo, el cual ya estaba en su fase final. Sin embargo el Ministerio de Educación se opuso y se canceló el torneo como medida de emergencia, siendo la única edición sin un campeón (como se observa en la Figura 2).
A nivel continental, el Atlético Nacional ganó la Libertadores de 1989, el primer equipo colombiano en conseguir este logro. No obstante, el certamen también fue manchado por amenazas y escándalos relacionados al Cartel de Medellín. Los árbitros fueron amenazados constantemente, lo cual dio paso a jugadas polémicas como un penalti no sancionado a Millonarios en los cuartos de final. Un jugador de Millonarios, la “Gambeta” Estrada, declaró tiempo después que ambos equipos jugaban bien, pero que sería algo extra futbolístico lo que definiría el partido (Angulo, 2023).
El partido que más evidenció la influencia del Cartel de Medellín en el resultado de la copa fue la vuelta de las semifinales. Tras un resultado de 0 a 0 en la ida contra Danubio, Carlos Espósito, el árbitro designado para la vuelta, tuvo un encuentro con sicarios de Escobar, incluyendo a “Popeye”, el matón más confiable del capo. Espósito (citado en Hernández, 2020) declaró lo siguiente:
A mi cuarto en el hotel se metieron 'Popeye' y otros matones más, todos portando ametralladoras. Nos pusieron una maleta con 250.000 dólares, pero la rechazamos. Entonces, se fueron y nos dijeron: ‘Ustedes ya saben lo que tienen que hacer’ (párr. 8)
La vuelta en Medellín finalizó con una victoria por 6 a 0 del Atlético Nacional, un partido evidentemente condicionado para la victoria del club colombiano. Escobar estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para que su club fuese el más exitoso. Nacional terminó ganando la final contra Olimpia en penales y se consagró campeón, el primer equipo colombiano en hacerlo. Este fue el pináculo de la relación Nacional-Cartel de Medellín, siendo que la misión de Pablo Escobar por llevar al club al más alto nivel y demostrar su superioridad ante los carteles rivales por fin fue cumplida.
Hubo otros hechos que hicieron notar la relación entre Pablo Escobar y el club. Durante el periodo en el que Escobar estuvo preso en La Catedral, una cárcel desde la cual seguía operando, recibió visitas de distintos jugadores del plantel de Atlético Nacional como Leonel Álvarez, siendo la de René Higuita el 30 de junio de 1991 la más recordada (Quitián, 2008). Higuita incluso mencionó que, si se le diera la oportunidad, lo visitaría “hoy, mañana y siempre, y si me dan la autorización para ir a las cárceles, ojalá tuviera un carné y mantendría allá visitándolos” (citado en Estrella, 2019). Otra de estas fue el contacto que mantuvo el patrón con Francisco Maturana, el director técnico del Atlético Nacional y la selección colombiana en 1989. Maturana reconoció haberse comunicado con Pablo Escobar, e indicó que el capo lo llamó para “hablar de fútbol” (citado en Posada, 2011).
La inyección de dinero que se hizo al fútbol colombiano por parte del Cartel de Medellín y otros carteles se tradujo a un nivel superior en la selección nacional. La selección se clasificó al mundial de Italia 1990 tras 28 años de ausencia, coincidentemente lo logró tras una década manchada por el narcotráfico. Gracias a los nuevos recursos disponibles, como mejor infraestructura, mejor logística y un cuerpo técnico profesional, la selección tuvo un desarrollo acelerado. La gran mayoría de sus jugadores venían de los narco equipos, los cuales eran capaces de formar y retener a jugadores del más alto nivel, como René Higuita o Carlos Valderrama.
No era difícil inferir que la selección y el fútbol colombiano fueron impulsados por los carteles, y el mundo empezó a tomar nota. Según Martínez (2023), medios italianos como Corriere della Sera calificaron a los colombianos como un “equipo de narcos” previo al mundial del que ellos serían anfitriones, reflejando la opinión internacional acerca de la relación entre este negocio y el fútbol (como se observa en la Figura 3).
El cuadro colombiano volvió a participar en el mundial de 1994, el cual se celebró, irónicamente, en Estados Unidos. A pesar de la muerte de Escobar en 1993, el impacto del narcotráfico fue más visto que nunca. Allen (2015) mencionó que había una mano oscura detrás de los partidos de la selección: las apuestas ilegales entre mafiosos. Colombia se enfrentaría a EE. UU. en un encuentro clave en la fase de grupos, para el cual recibieron muchas amenazas de los apostadores, lo cual sembraría el terror en el plantel. Colombia perdió ese partido 2 a 1 con un autogol del defensor Andrés Escobar, el cual les costaría la eliminación en fase de grupos, pero también la vida a Andrés. Al regresar a Colombia, el defensor fue asesinado en Medellín por órdenes de los hermanos Gallón, narcotraficantes de Medellín, como castigo por eliminar a su selección y costarles grandes cifras de dinero en apuestas.
Este evento le dio visibilidad global a la relación entre fútbol y narcotráfico. Empezó a salir a la luz la operación de los carteles en los equipos y su influencia en el desarrollo tanto a nivel de clubes como de selección. Krupp (2010) lo resumió muy bien al mencionar que “el narcofútbol murió con Pablo y Andrés Escobar. Se volvió demasiado visible para lavar dinero a través de los equipos. Sin la inyección de fondos ilícitos, los clubes de fútbol del país comenzaron a desintegrarse” (pág. 67). Sin embargo, el tráfico de drogas y las actividades ilegales de los carteles no desaparecieron, simplemente dejaron la pelota atrás, aunque con una mancha que nunca se borrará.
4. Conclusión
En esta investigación se logró destacar la relación entre narcotráfico y deporte. Analizar el caso del Atlético Nacional y el Cartel de Medellín nos ayuda a entender el funcionamiento de los carteles en los equipos de fútbol de la época, y nos da una comprensión más profunda del impacto que el fenómeno del narcotráfico tuvo en el fútbol de Colombia a nivel nacional e internacional. Respondiendo a la pregunta planteada inicialmente: es evidente que el Atlético Nacional se vio propulsado por el Cartel de Medellín y la influencia de Pablo Escobar, teniendo una clara mejoría en áreas como las finanzas, la logística y el rendimiento deportivo del club. Sin embargo, el club fue usado como un mecanismo socioeconómico para los narcos y fue envuelto en violencia, amenazas, sobornos y dinero ilícito. El éxito del equipo tuvo un precio extremadamente alto, y el impacto negativo del narcofútbol superó con creces el beneficio deportivo. La investigación logró encontrar distintos hechos para llegar a esta conclusión. No obstante, hay que reconocer limitaciones en la disponibilidad de cobertura de la época y la imposibilidad de tratar todos los clubes implicados en el narcotráfico. Finalmente se debe cuestionar si lo que ganó Nacional fue lícito, lo cual se puede analizar desde distintas perspectivas, pero su caso nos ayuda a comprender cómo el fútbol puede verse afectado por factores externos y llegar a ser mucho más que solo un deporte.
Referencias
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Figuras
Figura 1: El Espectador. (1983, 27 de agosto). “Soy un ministro peligroso para quienes están fuera de la ley”.
Figura 2: El Tiempo. (1989, 23 de noviembre). Tarjeta roja para torneo de fútbol.
Figura 3: El Espectador. (1989, 19 de noviembre).