El escándalo de los falsos oriundos: Un ventilador a pleno rendimiento
José Ignacio Corcuera & Antonio Arias
Cuadernos de Fútbol n.o 186 | Mayo 2026
El escándalo de los falsos oriundos: Un ventilador a pleno rendimiento
l veto impuesto a Severiano Irala, tras su candorosa confesión, tuvo efectos colaterales.ara empezar, la R.F.E.F. prohibió a los clubes negociar con intermediarios, algo que no era legal desde tiempo atrás, pese a que tanto las entidades como los propios futbolistas llevaran años haciendo de su capa un sayo. Ese recordatorio, con aviso de sanciones a quien se pillara in fraganti, señalaba a los mercachifles, representantes y conseguidores, como muñidores de un fraude con múltiples culpables: club vendedor, chamarilero de turno, entidad compradora, Federación de partida por emitir falsos certificados de orfandad internacional, cónsules o registradores por firmar cualquier cosa, y nuestro propio ente federativo, al llevar tantos años haciendo la vista gorda. Y si ese aviso a navegantes afectaba a todos los buhoneros enquistados en el fútbol, quien más podía perder era Bogossian. Primero porque en derredor de Irala había estado enredando él. Segundo, porque vistos sus antecedentes, lo de dar gato por liebre era norma de la casa. Y tercero, porque siendo quien más dinero ganaba con el tráfico de peloteros…
Todo esto ocurría a raíz de unas contundentes afirmaciones realizadas por el abogado y directivo del Cerro Porteño, Aguilar Sosa, antes de tomar el vuelo que lo conduciría hasta Asunción desde Barcelona, junto al propio Irala:
“Estoy muy decepcionado con cuanto ha ocurrido en torno a nuestro jugador. Y no me refiero a que en las pruebas efectuadas durante diez días por el Barcelona, no haya convencido en plenitud. Llevaba dos meses sin entrenamiento desde su visita anterior a España, a causa de una lesión. Lo que me ha dejado perplejo, hasta el punto de no entenderlo, es la noticia de que según la Federación, Irala no puede competir en ningún club español por haber jugado con la selección paraguaya. Irala no ha hecho más que lo realizado por otros futbolistas paraguayos a quienes les es permitido participar en las competiciones de España. De manera que sólo puedo preguntarme, qué tipo de certificado han exhibido esos jugadores. ¿Acaso no es el mismo certificado que ha traído Irala, extendido por la Liga Paraguaya, de la que yo he formado parte en calidad de directivo? Para nosotros, los partidos que no tienen carácter oficial no contabilizan como encuentros auténticamente internacionales”.
Inquirido sobre a qué jugadores se refería, en condiciones similares a la de Irala, recitó estos nombres:
“Concretamente a González, del Elche; Aníbal Pérez, del Valencia; Benegas, del Atlético Madrid; Fleitas, que vino al Málaga; Toñánez, del Sevilla; Cáceres, del Mallorca, y García, del Elche. Todos han vestido en partido internacional la camiseta de los seleccionados del Paraguay, tantas veces o más que Irala”.
Pero ahí no concluyeron sus tirones de manta. Puesto en la tesitura de hablar claro, se explayó sobre las disputas entre intermediarios que envolviesen al futbolista, e incluso al Cerro Porteño:
“Cerro otorgó al señor Bogossian una cesión innominada de traspaso sobre cinco jugadores de nuestro club. Antes del 15 de julio pasado, el señor Bogossian debería haber concretado qué jugadores iba a transferir. Y como se diera el caso que hasta esa fecha nada nos manifestara formalmente sobre Irala, nuestra entidad otorgó los derechos de traspaso sobre el jugador a la organización Margon. Por ese motivo, cuando el Barcelona nos consultó mediante telegrama si alguien tenía los derechos sobre Irala, respondimos el 10 de agosto, también por telegrama, que únicamente la organización Margon poseía poderes al efecto”.
Detrás de Margon se hallaba, entre otros, el hasta hacía poco futbolista Eulogio Martínez. Un antiguo “hombre de Bogossian”, que como Fausto Laguardia se empeñaba en competir con el maestro.
Todas las aseveraciones del directivo paraguayo eran veraces, aunque pasara por alto otros hechos fundamentales, probablemente no queriendo enredarse en suposiciones.
Irala había sido ofrecido al Barcelona por Arturo Bogossian el 18 de abril de 1969. Tres días después, hizo llegar a su directiva el siguiente telegrama, redactado en francés, la lengua que por esa época mejor dominada el franco-armenio:
“Futbarna. Barcelona. Surpris votre silence. Stop. Prière répondre avant 48 heures votre decisión definitive. Stop. Suis obligé repondré outre club très important qui attend impatiemment. Saludos. Bogossian”.
Traducido abreviadamente: “Ruego respuesta sobre su decisión definitiva, antes de 48 horas. Debo responder a otro club muy importante, que aguarda con impaciencia”. En suma, Bogossian, como buen tahúr, jugaba con dos barajas. Y ese club cuyo nombre se reservaba, era el Valencia.
Imposible saber si la directiva catalana se durmió en los laureles, quiso dejar bien sentado que no aceptaba presiones, o el Valencia, conociendo las maneras del intermediario, intentó desanimar a cualquier otra entidad hipotéticamente interesada en el atacante paraguayo. Lo único demostrable es que los medios informativos levantinos se hicieron eco, no ya de las negociaciones valencianas, sino de que el club “ché”, luego de haberse garantizado los derechos sobre el interior y extremo izquierdo, podría haber depositado su expediente en la R.F.E.F.
La secretaría azulgrana tenía mucha práctica en los tira y afloja inherentes a cualquier fichaje, y además le sobraban motivos para recelar del intermediario, a tenor del lío en que se viera envuelto en los casos de Melanio Olmedo y Eulogio Martínez. Así que actuó sensatamente, estableciendo contacto con el club de Irala, desde donde respondieron con este telegrama:
“Cerro Porteño confirma que solamente existe relación contractual válida con organización Margon por jugador Irala. Stop. No existe compromiso con Valencia, otro club ni tercera persona, ni anticipo de dinero recibido por nuestra entidad. Club Cerro Porteño”.
Así las cosas, se reavivó el interés “culé”. Más aún, si cabe, porque Eulogio Martínez, el negociador y socio de Organizaciones Deportivas Margon, tenía abierta de par en par la puerta “culé” como hombre de la casa.
Pero Bogossian no había dicho aún su última palabra. Acostumbrado a ejercer un virtual monopolio sobre los oriundos y extranjeros con que surtiese a tantos clubes españoles, ni por lo más remoto estaba dispuesto a que otros le pisaran el terreno. Bastaba con decir la verdad, siquiera una vez; dejar caer por Valencia, medio al desgaire, que Irala era un jugador tan destacado como para lucir varias internacionalidades absolutas con 21 años. Luego, la sinceridad del muchacho hizo el resto.
A raíz de su inocente confesión, el secretario federativo dio el paso que debería haber acometido con cada recién llegado del otro lado del océano: Al fin y al cabo, el archivero de la F.I.F.A. estaba a servicio de las Federaciones afiliadas. Y la respuesta desde Suiza resultó implacable. Antes de que el Barcelona presentase los papeles de Irala en solicitud de una ficha, cuando desde la ciudad condal establecieron comunicación con la R.F.E.F., preguntando si podrían alinear a su nuevo paraguayo en el partido homenaje tributado a Olivella, la respuesta del Sr. Ramírez fue ésta:
“A pesar de lo que diga el certificado de la Liga Paraguaya de Fútbol, puedo manifestar que el jugador Severiano Irala actuó en el partido Argentina - Paraguay jugado en Rosario el 19 de marzo de 1969. Se alineó con el número 11 y macó un tanto. El carácter internacional del partido Argentina - Paraguay es incuestionable. La Asociación Argentina curso el acta oficial del mismo a la F.I.F.A., ésta lo registró y Argentina pagó la cuota reglamentaria de partido “A”. Por cuanto a la condición internacional del partido, con el reglamento de la F.I.F.A. en la mano, es también algo que no admite la menor duda”.
Obviamente, el Barcelona no alineó a Irala aquella tarde, aunque ese acatamiento ni mucho menos implicara una genuflexión. Desde las oficinas del Barça también establecieron contacto con el archivero del máximo órgano supranacional futbolístico. Y mientras llegaba su respuesta, en el N.º 722 de la revista “Barça” -órgano oficial de la entidad-, correspondiente al 17 de setiembre de 1969, se recogía: “El señor Costa (presidente federativo), que estaba en Barcelona, es testigo de mayor excepción; se le contó lo que sucedía y conoció la postura del Barcelona. También sabe que se le dijo que al Club le gustaría conocer si otros jugadores inscritos en la RFEF, de procedencia paraguaya, habían sido internacionales como Irala”.
En base a estas reflexiones, el mismo número recogía las siguientes preguntas:
“¿Cómo se admitió al Málaga la ficha del jugador Sebastián FLEITAS MIRANDA, cuando en los archivos de la FIFA resulta que jugó con el seleccionado paraguayo dos partidos contra ARGENTINA, los días 12 de octubre de 1967 y 15 de mayo de 1969?
¿Cómo se admitió al Valencia la ficha del jugador Aníbal PEREZ MIERS, cuando en los archivos de la FIFA consta que integró el seleccionado paraguayo los días 12 de octubre de 1967 y 15 de mayo de 1968, frente a ARENTINA, y los días 25 de julio de 1968 y 28 de julio de 1968, frente a BRASIL?
¿Cómo se admitió al Elche la ficha del jugador Ricardo GONZÁLEZ ROTELA, cuando en los archivos de la FIFA resulta que actuó frente BRASIL el día 25 de julio de 1968, y formó como reserva, ante BRASIL, el día 28 de julio de 1969?
Los datos son claros y concretos. Y si la RFEF quiere molestarse en llamar a la FIFA, seguro que se lo confirmarán, como tal vez podrán confirmarle la presencia en el seleccionado paraguayo de otros jugadores que están inscritos en clubs españoles.
La REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE FÚTBOL, con toda urgencia y claridad, debe responder a estas preguntas que le formulamos desde “BARÇA”, y decir, taxativamente, por qué se aceptó la ficha de los jugadores citados y cuáles eran los documentos que se acompañaban. Porque, una de dos:
O se presentaron documentos falsos, sorprendiendo la buena fe de la RFEF, en cuyo caso nuestro máximo organismo debe responder en consecuencia, o:
Los documentos eran iguales a los que consultó el Barcelona, a quien dijeron que no valían, en cuyo caso se habría aplicado la ley del embudo y dado un trato distinto. O todos moros o todos cristianos. La Ley es igual para cuantos están inscritos en la RFEF.
La Real Federación Española de Fútbol debe aclarar este asunto inmediatamente. El Barcelona y el Zaragoza, discretamente, acataron la sugerencia hecha, previa consulta, y no insistieron. AHORA BIEN, EN LOS ARCHIVOS DE LA FIFA ESTÁN LOS DATOS QUE OFRECEMOS. Es la RFEF quien debe desentrañar este embrollo, con toda energía, aplicando las sanciones a que hubiere lugar, por el buen nombre y limpio proceder del fútbol nacional.
LA REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE FÚTBOL DEBE CONTESTAR A ESTAS PREGUNTAS, POR BIEN DEL FÚTBOL ESPAÑOL. QUEREMOS SABER QUÉ CRITERIOS SE APLICAN SOBRE ESTA CUESTIÓN. IRALA Y CABRAL NO PUDIERON FICHAR. ¿POR QUÉ EXTRAÑA MEDIDA LO HICIERON FLEITAS ANÍBAL Y GONZÁLEZ, QUE HAN SIDO INTERNACIONLES PARAGUAYOS?
¿POR QUÉ TANTA DILIGENCIA AHORA POR PARTE DE LA FEDERACIÓN, Y TAN POCA HACE UN AÑO?”
Alegato en toda regla, merecedor de algunas precisiones. De Cabral y sus idas y venidas ya se ha hablado, y su nombre volverá a salir. Nada que objetar sobre tan encendida defensa del buen nombre deportivo nacional, y la exigencia de un trato igualitario para todos los clubes adscritos a la R.F.E.F. Pero esta cuestión debería ser obligatoria para todos y cada uno de los asociados, antes, en ese momento y siempre. Algo que ni remotamente se invocó cuando empleando presiones de toda índole, Eulogio Martínez y Melanio Olmedo, dos falsarios, recibieron sus respectivas fichas por “gracia” de Francisco Franco, en descarada vulneración normativa. Muy cierto que aquello ocurrió con otra directiva azulgrana. Pero el respeto a la ley, las normas y el compromiso societario, no debería contemplar excepciones, ni vincularse al albur o el oportunismo de los mandatarios de turno. Lo honestidad nunca ha de ser ejercicio reservado a jueves y domingos.
Paralelamente, para enturbiar más el fiasco “culé” con su frustrada adquisición, se daba una coincidencia de lo más inoportuna.
Sebastián Fleitas Miranda, internacional paraguayo no en dos, sino en tres ocasiones, una más que Irala, después de disputar 29 partidos con el ya extinto C. D. Málaga en el campeonato de Liga 1968-69, celebrando 13 goles, acababa de incorporarse al Real Madrid. En el colmo de las desdichas desde una óptica azulgrana, el escurridizo delantero de Asunción marcaba dos goles al Barcelona durante su primer enfrentamiento con la camiseta blanca, en los minutos 18 y 36. Representaban la igualada a 2 tantos, puesto que Bustillo se había adelantado por partida doble en el estadio Santiago Bernabéu durante los primeros cinco minutos. Luego Paco Gento anotaría el 3-2 y Rexach el del empate definitivo, a falta de 19 para que Ortiz de Mendibil pitase el final. Ocurría el 14 de setiembre de 1969, primera jornada liguera.
La directiva “culé”, quizás en exceso acostumbrada a imponerse en los despachos mediante atajos de muy discutible legalidad, se sintió agraviada comparativamente. Y en su protesta no quiso emplear medias palabras o lenguaje diplomático, sino bufidos atronadores en medio de la tempestad. Un hecho al que siguieron distintos desafueros durante esa campaña 1969-70.
El 19 de setiembre llegaba desde el continente americano una completa confirmación sobre la denuncia del abogado y directivo paraguayo, así como nuevos descubrimientos de falsarios. Fleitas había disputado un partido amistoso con la selección paraguaya en México el año 1967, otro más ante Argentina el 12 de octubre del mismo año, para inaugurar la iluminación artificial en el estadio de la Liga Paraguaya. En dicho encuentro, resuelto con victoria de Paraguay por 1-0, el propio Fleitas marcó de cabeza el tanto del triunfo. Y todavía un tercer partido, también contra Argentina, el 15 de mayo con nueva victoria paraguaya por 2-0, siendo autores de los tantos Celino Mora y Genaro García, el último, ya es casualidad, jugando en España. Aníbal Pérez, Ricardo González, Juan Carlos Rojas, Benjamín Cáceres y el propio Genaro García, compitieron en las eliminatorias de clasificación para el Mundial de 1966. El grupo estuvo compuesto por Argentina y Bolivia, además de Paraguay. Y éste fue el saldo individual de intervenciones: Aníbal Pérez se enfrentó a Argentina, a Uruguay en el Trofeo Artigas, y a Brasil en el Trofeo Osvaldo Cruz. Esa tarde marcó a Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”, y lo hizo tan admirablemente que ese aval le sirvió para ser contratado en nuestra Liga. Ricardo González disputó el Campeonato Sudamericano de Montevideo, como Fleitas y Juan Carlos Rojas. Coincidió, día arriba o abajo, cuando el At. Madrid contrataba a Francisco Reyes y constatada su internacionalidad, lo revendían al Flamengo de Brasil. Reyes y Benjamín Cáceres fueron compañeros de equipo en aquellas eliminatorias de 1967.

Cuando todo ese caudal informativo se hizo público, tanto la cúpula rectora azulgrana como su feligresía, con toda la razón del mundo se sintió perjudicada. Lástima que desde el medio oficial se apelara al sofisma, en vez de observar la verdad en su conjunto, con la presumible intención de enardecer a una afición ya suficientemente enojada. Esto pudieron leer los socios y aficionados muy “culés” en su revista “Barça”:
“Es inadmisible que el señor Ramírez tenga la tranquilidad de decir que la Paraguaya no les informó de la internacionalidad de Aníbal, Fleitas y García, cuando él mismo, en carta que vale la pena que lean, rechaza lo que aquel organismo dice que es, precisamente, que Irala no integró el seleccionado paraguayo. No, esto no puede quedar así. Reírse de un club en la forma que lo ha hecho el señor Ramírez, y que encima le apoye el presidente de la Española, es un espectáculo lamentable. ¿Qué autoridad pueden tener estos señores? ¿Qué caso se les puede hacer, mientras no rectifiquen y actúen en consecuencia y conforme a la ley? ¿Cómo es posible que un secretario general, sin más, desprecie olímpicamente un certificado de otra federación, ante la anuencia del presidente, cuando venía admitiéndolas de oficio? Compadreo y amplia manga es lo que han demostrado, y se empeñan en seguir demostrando los señores Ramírez y Costa. Y ponemos conscientemente este orden”.
Apelación al victimismo, hurtando un hecho fundamental a quienes todavía no se hubiesen enterado de que el propio Irala, de viva voz, había reconocido sus presencias internacionales. ¿Acaso resultaba posible hacer oídos sordos ante tal confesión? Hubieran incurrido en dolo, tanto el secretario general Ramírez, como el presidente federativo José Luis Costa. Un delito perseguible por la justicia ordinaria, tan pronto cualquier club impusiera la correspondiente denuncia. Estaban obligados, en suma, a sospechar la falsedad del certificado que se extendiera al Cerro Porteño, en favor de un pupilo transferible. Amén, claro está, de que cruzarse de brazos equivaldría a actuar injustamente contra los clubes que no contasen con internacionales paraguayos, o incluso con quienes teniéndolos en sus filas, pudieran no haber sido conscientes de ello al ficharlos. Cuestión esta última ni mucho menos baladí, puesto que las mentiras de tanto relieve suelen mantenerse en secreto.
Otro párrafo parecía ensalzar, consciente o inconscientemente, el valor de la “omertà”, de las bocas cerradas o el código de honor siciliano, afirmando:
“Resulta algo raro que la decisión de la RFEF se haya planteado en el caso Irala, a raíz de ciertas crónicas aparecidas desde Valencia, en las que se aireaban periódicos paraguayos citando la presencia internacional de Irala. ¿No se dan cuenta quienes así obran, que tiran la piedra sobre el propio tejado, porque otros periódicos pueden aparecer como prueba documental, relatando la presencia de Aníbal Pérez Miers en cuatro encuentros internacionales? ¿No saben que su nombre está inscrito en los informes de la FIFA como internacional paraguayo? Pues sí; está inscrito. Pero éste es asunto que la RFEF debe decidir, y por encima de todo, airear”.
Flaco favor del anónimo redactor, a la mayor templanza de su presidente, esforzándose en exigir con todo el derecho una justicia igualitaria. Mal camino si para defender la dignidad del fútbol español, se exigía no extraer ningún arma de la sobaquera, advirtiendo que tan pronto sonase el primer disparo, nadie contara con salir de allí vivo. De hecho, los deslices del Valencia acababan de saltar a la palestra desde el propio órgano social culé. No parecía un aviso, sino pura declaración de intenciones. Más que exigir justicia, se practicaba el revanchismo.
“Barça” concluía con una arenga en la que asomaba, tenuemente, la amenaza sibilina:
“Y no olvide la Federación que el Barcelona tienen cincuenta y cinco mil socios, y que arrastra a millones de personas; personas que tienen un sentido ponderado de la justicia y están en contra de manejos como los que la Federación -por quedar bien ante terceros, porque no esperaban que el Barcelona fuera a las fuentes de la noticia- por falta de seriedad, ha realizado en este asunto. Asunto en el que lo menos importante es la ficha de Irala. Lo que interesa es demostrar -y ampliamente se ha demostrado en estas páginas- que la Federación no ha obrado ni justa ni equitativamente en este asunto. Y ello es, sencillamente, intolerable. La Delegación Nacional de Deportes debe tomar cartas en el mismo. Y si el señor Costa, por lo que se ve, quiere seguir amparando una actuación incorrecta, doctores tiene el deporte español para obrar en consecuencia. De momento, algo huele a podrido en la R.F.E.F.”

Esto último, lo del hedor a putrefacción, si era realidad incontrovertible. El resto no resistía la prueba del algodón, pues ni mucho menos quedaba bien parado el secretario federativo, tras la advertencia cursada desde Bilbao y San Sebastián en el sentido de estar conculcándose la normativa aplicable a los oriundos, si no de forma sistemática, al menos con reiteración. Para ese momento, además, se sabía que Anastasio Jara Segovia lució la camiseta internacional de Paraguay, antes de fichar por el Córdoba y pese al certificado que presentara contradiciéndolo. Quienes certifican en falso una vez, pueden hacerlo ciento. De modo que el Sr. Ramírez, en su condición de fedatario, debería haber compulsado con el archivero de la F.I.F.A cuanto llegaba desde la Liga Paraguaya. Su omisión hasta la inocente sinceridad de Irala, lo dejaba a los pies de los caballos. Y actuar correctamente tan sólo cuando no tenía más remedio, ni mucho menos bastaba para redimirlo.
Su gran pecado era la inacción e incapacidad anterior. No el hecho de remangarse cuando el barro enmugrecía su camisa.
Ante tal panorama, la voz más involucrada de la Federación Española no podía seguir guardando silencio. Y habló finalmente su secretario, al ser requerido el día 13 de setiembre de 1969 por un medio barcelonés: “El Mundo Deportivo”. La misma cabecera que recogiese con todo detalle las internacionalidades de otros tres paraguayos. Sus linotipistas compusieron este breve texto en la edición del día 14:
“Pero quedaba otra pregunta por hacer. Y se la hicimos esta mañana al señor Ramírez:
- Fleitas, Aníbal Pérez y García, según datos muy concretos que facilita “El Mundo Deportivo”, han sido internacionales por Paraguay. ¿Cómo han podido fichar en clubes españoles?
La respuesta del señor Ramírez es ésta:
- Estos jugadores vinieron a España con el pase internacional y la baja de su Federación respectiva, en la que no se especificaba hubieran sido internacionales. Por lo tanto, oficialmente para nosotros, su situación era absolutamente reglamentaria. Y por eso la Federación autorizó su fichaje”.
El mismo día 13, desde el despacho presidencial azulgrana se cursaba este telegrama de protesta, comedido, elegante y directo:
“Destinatario: Dirección Fútbol
José Luis Costa
Destino: Madrid
Ante decisión tomada por Federación Española relacionada nuevos fichajes jugadores paraguayos, según publica prensa hoy, debo elevarle enérgica protesta por entender que se lesionan intereses Fútbol Club Barcelona(1) al dar trato desigual. Stop. Idénticas disposiciones legales estaban vigentes pasado año y no se tuvieron en consideración. Stop. Solicitamos comprueben FIFA internacionalidad jugadores paraguayos inscritos pasada temporada y obren en consecuencia. Stop. De no atender nuestra petición, que consideramos justa y equitativa, Club Fútbol Barcelona se reserva ejercitar cuantas actitudes y acciones considere oportunas y necesarias en defensa sus intereses ante arbitraria decisión tomada. Salúdale atentamente, NARCISO CARRERAS, presidente Club Fútbol Barcelona”.
Pero mientras sucedía todo esto, la vida se complicaba sobremanera a varios futbolistas pillados en falta, no sólo por obra y gracia de Aguilar Sosa, el abogado y directivo de Cerro Porteño, sino al albur de cuanto empezaba a llegar desde distintos enclaves sudamericanos.
Uno de los señalados era el del argentino Iselín Santos Ovejero, recién contratado por la entidad “colchonera”. Había disputado cuatro partidos internacionales con la albiceleste, por lo que su ficha, presentada ya a la R.F.E.F., normativa en mano debía ser rechazada. Tanto en el caso de Fleitas y los demás paraguayos, como en el de Santos Ovejero, los clubes españoles adjuntaron a su solicitud de ficha certificados de sus Federaciones de origen, haciendo constar que nunca habían sido internacionales. En el caso de Ovejero la falsedad de ese documento era doblemente gravosa, puesto que la firmaba no un funcionario cualquiera, sino el interventor del Estado en la A.F.A., toda vez que el gobierno argentino se hizo cargo de la Federación tras descubrirse en la misma un cúmulo de irregularidades.
Esa tarde, el presidente azulgrana Narciso de Carreras, hizo una declaración institucional:
“El Barcelona ya fijó hace tiempo su postura en el tema, que envió a la Federación Española. Quiero decir que no deseamos hacer nada contra ningún club en particular, pero sí que se nos trate igual que a todos. Que en definitiva, la ley se cumpla por igual. No queremos ventajas, pero tampoco admitimos ni aceptamos que otros las puedan tener. Que decida y actúe en consecuencia la Federación Española según su criterio, a la vista del informe”.
Postura tan comedida como la del telegrama. Aunque pasara por alto un hecho. Si se cumpliera la ley, habría múltiples damnificados. Clubes y futbolistas, en primera instancia, porque soñar con hipotéticas devoluciones del dinero abonado a intermediarios y entidades del otro lado del océano, equivalía a vivir en el país de Oz, junto al hombre de hojalata, el espantapájaros, el león cobarde, el mago y la propia Judy Garland. Y seguir vulnerando normativas, alegremente, además de solemne desafuero equivaldría a publicar en el Boletín Oficial del Estado la concesión de barra libre futbolera.
En su número del día 20, el deportivo “Marca” publicaba, a manera de editorial:
“La cuestión está suficientemente clara, y demostrada, como para no andarnos con titubeos de ninguna clase. Queremos decir que la Federación Española de Fútbol tiene ya la obligación urgente de pronunciarse. En el caso que nos ocupa va a ser difícil hacerlo; pero, comprobados los hechos consumados y la manifiesta ilegalidad (con certificados falsificados o con lo que sea, pero ilegalidad) de muchos jugadores que se vienen alineando en clubes españoles, habrá que tomar una determinación en justicia, lo antes posible. La repetida frase de portavoces de la Federación Española de Fútbol en los últimos tiempos (“Nosotros no tenemos nada que decir: son los clubes los que deciden”), frase con la que se ha respondido incluso al tema “Admisión de jugadores extranjeros”, no sirve en estos momentos. Definitivamente, a la Federación le compete decir lo que hay que hacer en lo que, por vía de urgencia, debe convertirse en el finiquitado caso de los paraguayos”.
Probablemente la entidad con más que perder, en ese momento, fuese el C. D. Málaga, que un año después de contratar a Sebastián Fleitas en junio de 1968, mediante un desembolso de 40.000 dólares (2.400.000 ptas. al cambio), acababa de traspasarlo al Real Madrid por 7 millones, de ellos 5 al contado y los dos restantes en sendos plazos de un millón. Esos 40.000 dólares ya obraban en el bolsillo de Arturo Bogossian, y el entrenador brasileño Otto Bumbel, que también debió llevarse una parte al recomendar su adquisición. De manera que tanto al gerente malacitano, José María Zárraga, como a su presidente, Juan Moreno Luna, les faltó tiempo para manifestarse:
“Cuando contratamos a Fleitas, entregamos personalmente a la Federación el certificado de la Liga Paraguaya acreditando que no había defendido los colores del equipo nacional. Naturalmente, refutamos la argumentación de que parece existir la casi seguridad de que tales documentos han sido falseados. El Málaga no tenía el menor motivo para sospechar tal cosa. Luego efectuamos el traspaso de un jugador que estaba en situación completamente legal, a todos los efectos. Recordemos que Fleitas participó en todos los partidos de Liga menos uno, y que en ningún momento, ni por parte de algún club o la Federación, se nos hizo la menor advertencia sobre hipotéticas ilegalidades en la alineación del jugador. Por eso nos extraña enormemente la repercusión creada al descubrirse su internacionalidad. Desde luego el Málaga no ha tenido ni arte ni parte en esta farsa. ¡Lo que le faltaba ahora al Málaga es tener que devolver los 7 millones! ¡A saber dónde están ya!”.

Puestos a contarlo todo, Sebastián Fleitas Miranda fue ofrecido a otros clubes, antes que al C. D. Málaga. Lo tuvieron a prueba unos días y si bien agradase a los técnicos, ninguna entidad se decidió a ficharlo, cualesquiera que fuesen las razones. Lo mismo le ocurrió a Touriño, otro sobre cuya documentación también se extendieron fuertes sospechas. Es posible que 40.000 dólares fueran excesivos para algunas tesorerías, pero toda duda se antojaba legítima, cuando quien más y quien menos contaba su media verdad con jerga de tahúr, pillado mientras escondía ases en la bocamanga.
La postura del Real Madrid con respecto a Fleitas se resumía en los siguientes puntos: 1.- El futbolista había disputado la temporada precedente con la ficha que le expidiese la R.F.E.F. 2.- Fue fichado desde el C. D. Málaga siguiendo todos los requisitos establecidos al efecto, en la convicción de que cuanto con él se relacionaba respondía a la más absoluta legalidad. 3.- En modo alguno podría señalarse al adquiriente último como infractor, sino como posible víctima, tanto de una hipotética inacción federativa, si esta hubiera existido, como del club oferente, si acabara acreditándose un conocimiento previo de la situación ilegal de su jugador. Y 4.- Puesto que la transacción llevada a cabo últimamente se hiciera desde la mejor buena fe, y antes de destaparse el asunto de sus internacionalidades, suponiendo se inhabilitase al ya miembro del Real Madrid, la entidad recurriría a cuantas instancias considerase oportunas, en demanda de justicia y resarcimiento económico.

Huelga indicar que la R.F.E.F. eligió el camino más fácil, sin medir las consecuencias. El de conceder barra libre, el 4 de octubre de 1969, aunque ello implicara volcar en el cesto de los papeles su propia normativa.
En suma, Sebastián Fleitas (R. Madrid), Aníbal Pérez (Valencia) y González (Elche), paraguayos con entorchados internacionales al otro lado del océano, eran reinscritos en la R.F.E.F., bajo el creativo argumento de que ya habían jugado el año anterior, y por tanto contaban con derechos adquiridos. Paralelamente se echaba el freno a un puñado de oriundos, como Benegas (At. Madrid), Toñánez (Sevilla), Simberli (Sabadell), Néstor Porfirio García (Pontevedra), o Medina y Vera (R. Murcia). Herminio Rafael Toñánez vería finalmente abiertas las puertas de par en par, y Néstor García, al menos, pudo disputar 5 partidos entre las jornadas ligueras 5ª y 19ª. Pero Simberli, Domingo Benegas, Medina y Eladio Vera, ni se estrenaban.
La protesta de los clubes infractores, secundada por quienes no viéndose todavía encartados albergaban temores sobre el posible descubrimiento de sus propios chanchullos, se tradujo en otra genuflexión de la Delegación Nacional de Deportes, desde donde se autorizó expedir “con carácter excepcional”, fichas de paraguayos que hubieran sido internacionales. Y ya en el colmo de la impudicia, se reabría la inscripción de nuevos oriundos hasta el 30 de noviembre. De ese paréntesis extra se sirvieron el Real Zaragoza, incorporando al paraguayo Ocampos el 20 de octubre, desde el Guaraní de Asunción, y el C. D. Málaga mediante la contratación del argentino Sebastián Humberto Viberti el 25 de noviembre, procedente del Huracán bonaerense. Por su parte el At. Madrid, que había paralizado la inscripción de Santos Ovejero al destaparse su internacionalidad, mientras el jugador seguía junto al oso y el madroño hasta ver qué deparaba el futuro, diligenció igualmente su ficha, sin problema. Tres nuevos “oriundos”, reales o fulleros, pero internacionales, lograban unirse a los muchos que para entonces habían engrosado su caja de caudales compitiendo entre nosotros. Si aquello no era una voladura de diques, se asemejaba muchísimo. Y como corolario, fueron surgiendo denuncias, sospechas, delaciones e incluso demandas judiciales, entre quienes robando a un ladrón parecían creerse con derecho a cien años de perdón.
De sobra se sabe que una herida mal curada puede infectarse, y si la infección no se trata adecuadamente, incluso cabe su derivación en gangrena. Pues tanto en la F.F.E.F. como en la Delegación Nacional de Deportes, más que médicos o enfermeros parecían anidar brujos de la tribu chiricahua. Lejos de aplicar antisépticos a la hemorragia paraguaya, la suturaron con cuerda de cáñamo, añadiendo más pus al que ya contenía.
La gangrena resultó inevitable.

El 7 de octubre, convaleciente de una gripe, Narciso De Carreras explicaba desde su propio domicilio la postura del club cuya presidencia detentaba, no sin antes recordar que en su momento se reservaran el derecho a retirar de la Federación a su representante, si la decisión definitiva no tratase a todos los clubes por igual:
“De la decisión emanada desde la Delegación Nacional de Deportes, se desprenden tres cosas -manifestó-. Primera, a todos los clubes se les considera iguales. Segunda, se ha buscado una solución política, aunque jurídicamente sea una monstruosidad, ante los problemas que hubiera generado resolver este asunto de otro modo. Tercera, la D.N.D. abrió expediente para desentrañar las irregularidades que han podido darse en el fichaje de algunos jugadores paraguayos. Así que el Barcelona se da por satisfecho, al medir desde la D.N.D. a todos los clubes por idéntico rasero. A la vez, el hecho de que la D.N.D. abra un expediente constituye prueba inequívoca de que teníamos razón, al poner en evidencia graves anomalías en el fichaje de varios futbolistas. El Barcelona nunca ha pretendido ir contra éste o contra aquel; reglamentariamente ha pedido otorgar a todos los clubes la misma ley(2)”.
Inquirido sobre si una vez autorizado el Barcelona a cerrar la contratación de Irala, éste acabaría incorporándose al elenco, adujo que los acontecimientos habían hecho variar las necesidades de la plantilla.
“La lesión de Bustillo -reconoció-, puede hacernos fichar a otro jugador. Nuestros servicios técnicos ya están trabajando al respecto. De momento nos contentamos con que el caso de los paraguayos se haya solventado razonablemente”.
Desde Paraguay, en cierto modo, confirmaban el desinterés de la entidad azulgrana por el muchacho causante de tantísimo revuelo. Un despacho de “Alfil”, fechado en Asunción el mismo día 7, daba voz a Jerónimo Augusto Gastón, director de Deportes del Cerro Porteño:
“No es cierto que hayamos recibido desde España una oferta para el traspaso de nuestro jugador Severiano Irala. Además, este año no deseamos transferir a ninguno. El campeonato ha entrado ya en una fase decisiva, y todos nos son precisos para alcanzar nuestra meta: quedar campeones y así competir en la Copa Libertadores de América. Sólo si recibiéramos una buena oferta estaríamos dispuestos a estudiarla, pues no les oculto que una elevada suma vendría muy bien a las arcas del club. Se ha hablado también de otros futbolistas por los que parecen interesados algunos clubes españoles. Tal es el caso de Saturnino Arrúa, que a sus 20 años es uno de los más brillantes y prometedores punteros paraguayos. O Justiniano Enciso, zaguero central de estimables condiciones técnicas”.
En suma, lo de siempre para disparar cotizaciones. “No queremos perder a nuestros mejores elementos, pero si la cifra resultase tentadora… Por si acaso, ahí tiene usted el muestrario”. Lo cierto es que Saturnino Arrúa Molinas acabaría ingresando en el Real Zaragoza durante verano de 1973, ya con 24 años y previo paso por las manos del sempiterno Bogossian. Todavía hoy, sus seis campañas en La Romareda siguen recordándose junto a la Pilarica como lo mejor entre lo muy bueno. Irala, por su parte, contra las afirmaciones de Jerónimo Augusto Gastón, fue expuesto ante los clubes galos por el propio Bogossian, sin que nadie mordiera el anzuelo.

Mientras tanto, seguían ocurriendo cosas.
En Asunción, una reunión urgentísima de la Federación Paraguaya concluyó con este detonante comunicado: “La Federación española no está facultada para dudar de la veracidad de los documentos expedidos por la Liga Paraguaya de Fútbol”.
Precisamente, los problemas de la R.F.E.F., y la peste con que contagiase a la D.N.D., venían de haber otorgado un crédito inmerecido a las falsas certificaciones que desde Paraguay llegaban. Parte de ellas, además, sobrando motivos para no creérselas, puesto que Anastasio Jara pudo poner en un serio brete a nuestro fútbol cuando, después de ser internacional con Paraguay, lució indebidamente el escudo de la selección española, razón sobrada para que el equipo nacional pechase con un par de temporadas sin competir. Entonces pudo haberse hecho borrón y cuenta nueva, aunque ello exigiese un mea culpa. Pero bien al contrario, se intentó tapar todo. ¿Tan difícil hubiera sido una solicitud de ayuda a la Delegación Nacional de Deportes? Ésta, de consuno con los ministerios de Asuntos Exteriores y de Gobernación, como entonces se denominaba al de Interior, hubiera podido alertar a las embajadas. Nada tan sencillo como que desde ellas se cotejara, a través de la prensa, quiénes disputaban partidos internacionales por América. Si alguno de esos nombres trataba de colar por el cedazo federativo, cuestión resuelta. Y si desde “la superioridad” considerasen que tanto revuelo no merecía la pena ante asuntos nimios, siempre quedaba el recurso de advertir a la F.I.F.A. sobre los turbios manejos en ciertas Confederaciones americanas.
El eco de lo anunciado por la D.N.D., dando validez a los falsarios que ya hubiesen competido durante años anteriores, pareció desatarse una desenfrenada carrera contra reloj. Cualquiera creería en la existencia de un premio especial para quien más “oriundos” contratase hasta el 30 de noviembre.
Según trascendió un par de años después, durante la explosión nuclear que a punto estuvo de laminar la Federación Española por su completa inacción ante los falsos oriundos, un directivo del At. Bilbao habría manifestado en la junta rojiblanca, cuando tuviera constancia de las decisiones de la D.N.D:
“¡Menuda insensatez! ¿Todavía no se han dado cuenta que si das la mano a esa gente, acabarán tomándote el brazo entero? Tanta debilidad se llevará por delante a Samaranch y a Costa. ¿Y sabéis qué? Se lo habrán ganado a pulso”.
Ese directivo, cuya identidad se preservara, no pudo dar más en el centro de la diana. Juan Antonio Samaranch tuvo que ceder el relevo a Juan Gich Bech de Careda el 9 de setiembre de 1970, sepultado por los escándalos sobrevenidos. Y José Luis Costa 13 días después, el 22 de setiembre del mismo año, en beneficio de José Luis Pérez-Payá, quien por cierto siempre dio la impresión de comportarse como marinero inexperto ante una concatenación de huracanes.
El 11 de noviembre de 1969, un despacho de la agencia “Alfil” fechado en Asunción, anticipaba:
“Los futbolistas Artemio Villanueva, guardameta, y Juan Ayala, delantero centro, marcharán mañana en vuelo regular de Iberia a España. Los dos pertenecen al Club Cerro Porteño y van a enrolarse en el Sabadell. Artemio Villanueva está considerado como uno de los mejores guardametas paraguayos de los últimos años. Fue integrante de la selección que jugó las eliminatorias de la Copa del Mundo. Cuenta actualmente 23 años, mide 1,79 y pesa 71 kilos. Se le conoce como El Arquero Poeta por haber compuesto varias poesías publicadas en los principales diarios de Asunción. Juan Ayala es delantero centro con buen físico, tiene 22 años y destaca por su gran fuerza y capacidad para llegar al gol. En España les espera Fausto Laguardia, exjugador paraguayo que actualmente se dedica a trámites empresariales”.
Fantástico. Fausto Laguardia, exfutbolista del Elche C.F., Real Murcia y Constancia de Inca tras arribar a España por mediación de Arturo Bogossian, ni se molestaba siquiera en disimular las internacionalidades de su pupilo. Le quedaban 19 días para ponerse al mundo por montera. Del veto a un falsario se pasaba a desplegar alfombra roja ante quienes, de pronto, ni se veían en la necesidad de esconder su currículo internacional. Consecuencias de que al Barcelona se le había oído el berrinche hasta en Tegucigalpa.
Cuando los reporteros de la ciudad condal recabaran impresiones entre la directiva arlequinada, escucharon atónitos que antes de cerrar nada, los chicos debían convencer al entrenador. Y luego confiaban no encontrar dificultades para inscribirlos. Juan Antonio Samaranch, viviendo ya sus últimos meses en el cargo, había añadido que dicha medida “era excepcional”. Pero por cuanto respecta al fútbol, las excepcionalidades solían eternizarse demasiado a menudo.
El día 13, Pasieguito, entrenador del Sabadell, se explayaba a gusto ante Alfredo Rueda en relación al portero Villanueva:
“El mercado de jugadores paraguayos es muchísimo más barato que el nacional. Por un jugador de la reconocida calidad de Artemio Villanueva, aquí nos hubieran pedido un dineral. En cambio, su contratación nos resulta altamente barata; mucho más económica que si hubiéramos fichado a un portero español de 2ª División. Ya saben todos que el Sabadell no puede pagar grandes fichas. Villanueva es internacional y espero que refrende su calidad en las pruebas a que le sometemos. En vista del número de buenos jugadores paraguayos que han militado y militan en clubes españoles, no es aventurado pronosticarle un triunfo”.
Con respecto al delantero centro Ayala, daba a entender que no venía para quedarse en la Creu Alta, sino con el propósito de fichar por el San Andrés.

El 4 de diciembre, luego de que semana y media antes se diera por hecho el fichaje de Villanueva, portavoces del Sabadell dejaban caer la decisión de no incorporarlo a sus filas, aduciendo una disculpa sin el menor sentido: “Ya contamos dos sudamericanos, Jara y Pini. Y además nuestra puerta está bien guarnecida, con Martínez y Comas”. Supuestamente, Villanueva se habría desplazado a Zaragoza, ante el posible interés maño en hacerse con sus servicios. ¿Cómo pensaba ficharlo la entidad aragonesa? Cuatro días antes había concluido la moratoria de gracia para inscribir oriundos paraguayos, con internacionalidades. ¿Acaso contaban con estirar la cuerda, hasta ver si lograban romperla?
Algo no cuadraba en la explicación vallesana. Máxime, cuando Anastasio Jara, uno de esos dos sudamericanos, apenas contaba para Pasieguito, a quien el portero paraguayo sí convencía plenamente. Si a eso añadimos que días antes también hubiese viajado desde Paraguay hasta Barcelona, con el propósito de fichar por el Sabadell Juan Zimmerliz, portero suplente del Cerro Porteño, quedaría claro que Pasieguito suspiraba por un refuerzo bajo el larguero. Entre clarines y trompetas, los directivos del Cerro presentaban a Zimmerliz como “joven con extraordinarias condiciones para la defensa del marco, que ha jugado en varias ocasiones con los titulares de la entidad azulgrana y siempre se mostró como figura de relieve”.
Artemio Villanueva y Juan Ayala tomaron el avión de vuelta, para fiasco de Laguardia. Pero este hecho ilustra muy bien el barrizal tremendo en que nuestro campeonato se movía. Si durante la Ley Seca se bebió en los Estados Unidos más alcohol que nunca, entre los aeropuertos de Barajas, Asunción y Buenos Aires tampoco se movieron tantos futbolistas en viajes de ida y vuelta, como imperando por nuestros pagos el cerrojazo a jugadores extranjeros u “oriundos” con partidos internacionales.
Pero, ¿qué había sido de Arturo Bogossian, señalado como propietario de la pistola con que nuestro fútbol jugase a la ruleta rusa? Pues seguía en su salsa, urdiendo nuevas escaramuzas.
“El aviso de la Federación, acerca de prohibir intermediarios, no va conmigo -afirmó ante el redactor del diario “Marca” que pulsara su sentir, mientras preparaba el 8 de octubre de 1969 su regreso a Paraguay-. Puedo demostrar que soy representante legal de algunos clubes en Europa”.
Su salida hacia América en absoluto debía ser tomada como una huida. Iba a vérselas con el doctor Aguilar Sosa, directivo del Cerro Porteño desplazado a Barcelona cuando se frustrara el traspaso de Irala. Porque ese señor, viendo que el asunto se iba a pique, lo había tildado de traficante desde numerosos medios.
“- No estoy dispuesto a dejar que se me ofenda -clamaba el armenio-. Exigiré una rectificación pública sobre esas palabras. Y si el señor Aguilar Sosa no se retracta, acudiré a las leyes, porque no puede admitirse que me trate de traficante, adjetivo reservado para quienes negocian oro, drogas o mujeres. Me he asesorado bien con un abogado, y sé hasta qué punto puedo llegar. No sólo me dirigiré al citado señor, sino que pienso solicitar al club Cerro Porteño una aclaración en el sentido de que esas acusaciones parten de una persona, pero en modo alguno del citado club”.
Según Bogossian narrase al periodista, el escándalo era fruto de que el presidente del Cerro Porteño, “todo un caballero, está muy enfermo, en grave estado”, por lo que habría dejado a la entidad en otras manos. Y añadía: “Me consta que el coronel Pablo Rojas es el primer escandalizado por todo esto”. Como prueba de su excelente relación con el Cerro Porteño, aun después de haberse desbaratado el traspaso de Irala, mostró a su entrevistador un telegrama remitido desde Asunción con este texto: “Comisión directiva estudiará próximo martes su pedido. Stop. Personalmente considero no será inferior a 50.000 libres. Stop. Augusto Gastón, vicepresidente Cerro Porteño”.
Ese mensaje le daba pie para poner énfasis en su buen trabajo:
“¿Sabe a quién se refieren? A Irala. Como mi opción ya pasó, nuevamente puede estar en mis manos. ¿Y cree usted que si el Cerro Porteño me considerara un traficante o un indeseable, iba a seguir teniendo tratos conmigo? Las cosas se han desorbitado, nada más”.
Desde luego, aquel armenio era hombre persuasivo. Claro que la verdad completa nunca suele estar sólo en un lado. El diario “La Tribuna”, de Asunción, haciéndose eco del retorno de Irala una vez fracasara su intentona por lucir la camiseta azulgrana, bajo el título de “La guerra de los empresarios”, pasaba a limpio las palabras de Aguilar Sosa:
“Los jugadores no pueden ser transferidos al fútbol español porque la disputa entre empresarios es extraordinaria. Hay tres grupos: el de Bogossian, que pesa mucho y lucha por mantener su preeminencia; además están Epifanio Rojas y Eulogio Martínez. En el caso de Irala fue Bogossian el que malogró los planes, por lo que resultó imposible ficharlo”.
Sobre esa cuestión, al más activo intermediario del momento casi se le disparaba la risa:
“Trabajo yo solo, ¿comprende? Yo sólo me entiendo con los presidentes de los clubes. Y cuando necesito una secretaria, aquí está; mi mujer. Este es todo el grupo Bogossian. ¿Cree usted que efectivamente una disputa entre empresarios sea la causa de que los paraguayos no puedan viajar a España? ¡Vamos!”.

Con respecto a las falsificaciones documentales, lanzaba balones fuera igual que el defensa central más aguerrido: “Esas son palabras mayores. ¿Cómo puedo falsificar documentos que competen a órganos oficiales, de nivel ministerial? Si existen o no personas haciéndolo, es cosa que no puedo afirmar ni negar. Pero por favor, no traten de liarme más. Mi prestigio y trabajo es internacional, demasiado para meterme en líos que pudieran dar con mis huesos en la cárcel. No, amigo, yo sólo me ocupo de saber si un futbolista juega bien y cuál es su precio; nada más”.
Acerca de sus proyectos inmediatos, pretendía gestionar la adquisición de jugadores paraguayos y argentinos, con vistas a colocarlos en Francia. Desde hacía 72 horas los clubes galos habían recibido autorización para incorporar a 3 extranjeros, que además quedarían en completa libertad cuando expirasen sus contratos, al igual que al otro lado de los Pirineos ocurría con los futbolistas nacionales. Porque en Francia acababa de volar por los aires el derecho de retención. Una oportunidad de oro para los intermediarios, puesto allí podían colocar repetidamente el mismo producto en varias entidades, si representaran a chicos de 22 ó 23 años. Un par de ejercicios en el Girondins, por ejemplo, tres en el Olympique de Lyon, otros tres en el Saint Etienne y como despedida un par de campañas en el Nantes o Montpellier. Podían vivir amorrados a sus pupilos mientras durasen aquellas carreras profesionales, algo imposible cuando imperaba el derecho de retención. ¿Podía extrañar, en tales circunstancias, su decidida apuesta por el mercado galo?: “De momento no pienso traer a España ningún jugador. Han de calmarse las cosas. Tengo aquí un despacho y otro en París, y me da igual trabajar en un sitio o en otro. Aunque he de reconocer que me complace mucho hacerlo aquí, e incluso vivir en España”.
Aquel hombre hubiera podido impartir cursos en la mejor escuela diplomática. E incluso en los primeros centros que empezaban a exportar desde los Estados Unidos una ciencia nueva, traducida por nuestros pagos como Mercadotecnia. Porque tanto el márquetin como el lenguaje palaciego se le daban de maravilla. Bastaba oírle durante sus cuñitas de autobombo:
“Los empresarios, hoy día, somos tan necesarios en el fútbol como en cualquier espectáculo, ya que ahorramos mucho dinero. Los clubes suelen pagar por un jugador el doble de lo que harían si mediáremos nosotros. Porque los directivos, generalmente, sacan pecho sin ánimo de regatear, mientras los clubes miran mucho a los demandantes antes de fijar precios. Un señor que venda una casa, por ejemplo, pediría tres o cuatro veces más si el solicitante fuera Onasis o Rockefeller, y no un vulgar mediador vestido de gris. ¿No es así? Ocurre la mayoría de las veces en el asunto de los futbolistas”.
Como todo parecía valer ya, no fueron sólo Fausto Laguardia y el Sabadell quienes quisieron tomar la última curva pisando el acelerador. El día 15 del mismo mes aterrizaba en Madrid Vicente Luis Cabral Núñez, aquel paraguayo ofrecido al Real Zaragoza en sustitución de Seminario, cuando al peruano se le cerrara la puerta por duplicidad contractual. Ahora llegada desde su club de siempre, el Nacional de Asunción, a través, ¡cómo no!, de Arturo Bogossian. Pronto se le había evaporado la intención de trabajar a fondo el mercado francés, dejando a un lado el español hasta que la situación se calmara. Un reportero de “Marca” los cazó al vuelo, antes de que partieran en taxi. Y el intermediario, tan experto en agenciarse publicidad gratuita, se explayó a gusto: “Ya tengo en mi cartera un poder del Consejo Superior de Deportes de Paraguay, para exportar jugadores de aquel país y organizar giras de sus clubes. Todo está en orden”.
Pero la verdadera noticia estaba en Cabral, y el periodista prefirió sondear en su biografía: “Veintitrés años, nacido el 5 de mayo de 1946 en Pilar, provincia a unos 400 kilómetros de Asunción. Vengo con pasaporte español y la ilusión muy alta. Juego bien con ambas piernas, soy rápido y bastante goleador”. El reportero también formuló la pregunta clave. Tenía que hacerlo: “¿Cuántas veces ha sido internacional?”. Y el recién llegado respondió con sinceridad, sin que Bogossian le cortara: “Seis. Y el último partido contra Chile, me parece recordar que en el mes de julio”.
El resto de la entrevista carecía de especial interés. Llegaba dispuesto a quedarse en España para siempre. Traía no sólo su par de botas, sino libros bajo el brazo, puesto que estudiaba la carrera de Derecho. “M. C.” firmante de la crónica, remataba así su trabajo: “Ayer fue un poeta el que llegó. Hoy es un aspirante a abogado”.
La rumorología sobre cuál pudiera ser el destino de Cabral, apuntó inicialmente hacia Barcelona. Probablemente una invención de Bogossian, acostumbrado a escudarse tras clubes grandes con el obvio propósito de elevar la cotización de sus representados. Por otra parte, hablar de Barcelona, en abstracto, equivalía a no decir nada. En la ciudad condal cohabitaban además de la entidad azulgrana, el R. C. D. Español, el Sabadell, y el C. D. San Andrés, éste en 2ª División. Luego se supo que tras hacer noche en Madrid, Cabral y el armenio afrancesado tomaron a primera hora otro avión hacia Valencia, donde desde luego nada hubo que hacer.
El empeño de los negociantes por trasponer la gatera recién abierta, o saltársela olímpicamente, revestía ya una apariencia enfermiza. Abrumados ante el disparate que acaban de cometer con la validación de “oriundos” internacionales, el presidente de la R.F.E.F., con la anuencia del Delegado Nacional de Deportes, ordenó dilatar, mediante todo tipo de subterfugios, las diligencias relacionadas con cualquier nuevo oriundo. El 30 de noviembre, al fin y al cabo, estaba próximo.
Ni siquiera un hombre con más conchas que un galápago pudo colocar a Vicente Cabral en ninguno club de la península. Su retorno a Asunción, para enfundarse otra vez la camiseta del Nacional, fue un hecho. Pero como quien persigue la suerte con insistencia, a menudo la consigue, por fin el 27 de octubre de 1973, cuando para el campeonato 1973-74 se reabriera la posibilidad de incorporar extranjeros, el muchacho de Pilar halló acomodo en el Granada C. F. Tanto esfuerzo para nada, puesto que únicamente pudo vérsele en un partido de Liga, luego de suscribir contrato por dos campañas. Vicente Cabral se convirtió en historia difusa, olvidada durante el siguiente medio siglo, hasta que una nota del Club Nacional bastante anodina, y las esquelas recogidas en el paraguayo “ABC Color”, dieron cuenta de su fallecimiento el 29 de julio de 2024. Se había abierto camino al margen del balón, como gerente de ventas en la Organización Dinámica S. A., y desempeñando empleos en Petrosur S. A., FERUSA, y Manufactura de Pilar S. A. Tenía una hermana, llamada Dora Cristina, y una hija, docente en el colegio Cristo Rey.
Asustados en la cúpula de la Delegación Nacional de Deportes, ante la putrefacción futbolística en sus dos categorías profesionales, todavía trataron de seccionar la parte gangrenosa en desesperada intentona por salvar al enfermo. Tocando a rebato, pregonaron nuevas medidas para los falsarios autorizados a competir sin merecerlo. Sólo podrían jugar en España hasta la extinción de sus contratos. La Federación impediría cualquier intento de renovación o traspaso a entidades nacionales. Y tan pronto expirasen los vínculos en vigor, con la música o los balones, a otra parte.
Quedaba por averiguar si esa nueva intervención salvaba al paciente.
Más aún. Si la profilaxis acabara poniéndose en práctica.
Después de tanta receta sin que llegara a aplicarse la medicina, hacía falta muchísima fe para creer al pregonero.
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(1).- En 1969 la denominación oficial de la entidad seguía siendo Barcelona C. F., aunque los seguidores más veteranos, u otros más jóvenes, por puro contagio, empleasen la denominación prebélica, es decir la utilizada en el comunicado oficial. Ocurría lo mismo en los casos del Atlético de Bilbao, que en el acerbo popular seguía siendo Athletic, del Real Santander, en privado Racing, o del Real Gijón, Sporting. En Cartagena dieron un paso más, distinguiendo a su club como “Efesé”, o sea F. C.
(2).- Estas palabras, aun siendo recogidas por la revista “Barça”, órgano oficial de la entidad, no suelen aparecer en la reciente y muy profusa historiografía azulgrana. Para la historia de esos colores, en cambio, han quedado otras del sucesor en el cargo, alejadísimas de la paz que prefirió firmar Narciso De Carrreras en su despedida como presidente. El siguiente capítulo abundará en la cuestión.