El desenmascaramiento de nuevos falsos oriundos, luego de que colaran federativamente gracias a sus documentaciones falsificadas, causó una gran conmoción tanto en la R.F.E.F. como en el C.S.D. Evidenciaba la inutilidad de cuantas medidas se adoptaran y, más aún, que los falsarios parecían llevarles kilómetros de ventaja. Además sobrevolaba la duda con respecto a si los clubes no fueran tan inocentes como pretendieran. Tal vez algunos estuviesen mucho más al corriente sobre lo que contrataban, de lo que podían admitir. Y en tal caso, la prohibición de contratar extranjeros carecía de sentido. La prensa, al menos se había puesto mayoritariamente del lado de los clubes y la Federación. No pocas firmas relevantes señalaban medio entre líneas hacia los ministerios de Exteriores y Gobernación o Interior. A uno por autentificar falsedades, y al otro por no esgrimir todo el peso de la ley con los infractores. E indirectamente, también salía salpicada la Delegación Nacional de Deportes, órgano desde el que partiera la decisión de consagrar nuestro fútbol al producto patrio.
Algo era evidente: Urgía tomar decisiones. Si la inacción anterior se resolvió con el cese de Juan Antonio Samaranch, Juan Gich no estaba dispuesto a perder su cargo ofreciendo la sensación de sentirse superado. Así que comenzó a dar palos de ciego. El primero, tanteando la posibilidad de enterrar el bochorno entre el articulado de los acuerdos suscritos con varios países de Hispanoamérica sobre doble nacionalidad.
En tal sentido, el Director General de Política Exterior, Sr. Navarro, se dirigió al Director General de Asuntos Consulares -22 de julio de 1972-, haciéndole llegar una solicitud de información del Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, “sobre el alcance y aplicación de los convenios de doble nacionalidad entre España y diversos países hispanoamericanos, y en especial la incidencia que los mismos puedan tener en cuanto a la prohibición de actuación en equipos de fútbol españoles, de jugadores extranjeros.
Con el fin de dar respuesta adecuada a la citada consulta, ruego a V.E. me comunique la opinión de esa Dirección General”.
Ésta, y parte de las transcripciones que siguen, corresponden a documentación inédita, expurgada en el Archivo Nacional de Alcalá. Merced a ella cabe seguir cronológicamente cuanto ocurriera en los meses más crudos del escándalo.
Al día siguiente, 23 de julio, el Director General de Asuntos Consulares respondía al Director General de Política Exterior:
“En la casi totalidad de los convenios (con la única excepción de establecido entre España y Guatemala, firmado en Guatemala el 28 de junio de 1961) existe un artículo que dice siempre: “Los españoles y los (nacionales de origen de países hispanoamericanos) podrán adquirir la nacionalidad (hispanoamericana correspondiente), o española, respectivamente, en las condiciones y en la forma prevista por la legislación en vigor, en cada una de las Altas Partes contratantes, sin perder por ello su anterior nacionalidad. Esta redacción lleva al caso práctico siguiente: El jugador de fútbol hispanoamericano puede llegar a España con su nacionalidad hispanoamericana, pero para optar a la doble nacionalidad española, en remisión a las leyes internas respectivas de los convenios, el Código Civil español dice en su Art. 20, párrafo 3º, que bastarán dos años de residencia en España a los nacionales hispanoamericanos o filipinos, a no ser que la nacionalidad española se obtenga no por residencia, sino por carta de naturaleza otorgada excepcionalmente por el Jefe del Estado, en cuyo caso la ley no establece ningún plazo para su concesión”.
Tras repasar uno por uno todos los países con acuerdos al respecto, así como fechas de su entrada en vigor, matizaba la especificidad de Guatemala, que en su artículo 1º consagraba la obtención de nacionalidad “por el sólo hecho de establecer domicilio en Guatemala o en España, según el caso, declarar ante la autoridad competente su voluntad de adquirir dicha nacionalidad y hacer la inscripción en los registros que determinen las leyes o disposiciones gubernativas del país que se trate”.
En suma, jarro de agua fría para quienes creyeran haber encontrado una argucia de fácil salida ante el entuerto de documentaciones falsificadas. Los falsarios debían permanecer en nuestro suelo 24 meses, antes de diligenciar una doble nacionalidad. Y en ese intervalo muy bien pudieran verse sentados en un banquillo judicial.
De momento, y mientras los cónsules del otro lado del Atlántico trabajaban con denuedo, en el C.S.D. parecía no existir un plan “B”.
El 8 de julio de 1972, el Ministro Encargado de Asuntos Consulares, Cleofé Liquiniano, enviaba desde Buenos Aires a la Dirección General de Asuntos Consulares en Madrid, un informe sobre las pesquisas realizadas acerca de la falsificación documental de Miguel Ángel Adorno (Despacho N.º 486). En el mismo se daba cuenta que durante el viaje realizado a la ciudad de Rosario por el Encargado de Embajada Sr. Benavides, como responsable interino del Consulado en dicha plaza, pudo constatar, tras una búsqueda en la Sección Primera del Registro Civil consular, que los infractores, a tenor de “la documentación aportada por los interesados, es indudable son dos: Miguel Ángel Adorno Ramírez y Carlos Eligio Ferreira Aguirre. Pero existen también dudas relacionadas en cuanto a la inscripción de nacimiento de los futbolistas Eduardo Anzarda Álvarez, Rodolfo Alfredo Orife Pérez, Sebastián Humberto Viberti Irazoqui, y Raúl Navarro Rodríguez”.
Añadía que gracias a la colaboración del Director Nacional del Registro Civil en la Provincia de Santa Fe, Benavides pudo entrevistarse en Rosario con el Juez de la Primera Nominación a quien se encomendara la demanda del Registro Civil contra Adorno, por falsedad documental. Y ambos iban a actuar de consuno. Además, se había recibido un escrito del C. D. Málaga, en Rosario, solicitando la partida de nacimiento de Rodolfo Vilanova Rumano, pero que al existir dudas con respecto al documento aportado por el propio jugador para su inscripción consular, aprovechando el ofrecimiento del Director Nacional del Registro Civil en Santa Fe, aguardarían la recepción de su partida original y auténtica, para compararla, y comunicarlo en el supuesto de discordancias.
En su despedida, incluía este recordatorio: “Quedan, pues, aparte de estos tres casos (Adorno, Ferreira y Vilanova), los de Anzarda, Orife, Viberti y Navarro. Ruego instrucciones a V. E. acerca de la conveniencia de solicitar del Registro Civil las correspondientes partidas de nacimiento y verificar las mismas, como en el caso de Vilanova”.
La justificación de este escrito dirigido desde la Costa del Sol al consulado español de Rosario, resulta obvia. Cuando el nombre de Vilanova comenzó a saltar a la prensa, como posible falso oriundo, el gerente blanquiazul debió pensar que, primero Fleitas, luego Viberti, y a continuación Rodolfo Vilanova, pudieran constituir un buen terceto para cantar boleros, pero en modo alguno un trío de falsarios. Estaba firmemente convencido de la honestidad de Vilanova, sin duda porque éste y su intermediario se la jurasen sobre siete biblias. Y, partida natal en mano, se proponía acallar las maledicencias.
Zárraga era honesto a carta cabal. El cartel que dejase en Vitoria, cuando después de trabajar en Málaga ejerciera la misma función en el Deportivo Alavés, fue impecable. Caballero de los pies a la cabeza, directo en el trato, con la verdad siempre por delante. Incluso un jugador tan reivindicativo, duro de roer para las directivas y contumaz en trasladar sus conflictos a la magistratura, como fue el barbateño Antonio Martínez Sánchez, “Mori” para el fútbol, siempre tuvo hacia él palabras de agradecimiento. Entre 1969 y 1972 perteneció a la disciplina malaguista, tanto en el Atlético Malagueño como en el primer elenco, y si bien salió de la Rosaleda dando el portazo y despotricando a voz en grito, dejó bien claro, en distintas entrevistas: “Zárraga es todo un señor; a mí no me ha fallado nunca y sólo tengo para él palabras de agradecimiento. Lo que dice va a misa. Otros pueden firmarte las cosas por triplicado y no cumplirán nada. Con él no hace falta. Le miras a la cara, le estrechas la mano, y sabes que no te engaña. Ojalá hubiera más así”.
A “Mori”, la fama de conflictivo le acompañó siempre. Cierto que pareciese tener una irrefrenable tendencia a dejarse engullir por las noches discotequeras, y que tras abandonar Málaga, descendiendo dos peldaños profesionales con su ingreso en el San Fernando, volvió a tener problemas en el Cádiz C. F., dando de nuevo con sus huesos en 3ª División durante su media campaña en el C. D. Cacereño. Pero era buen futbolista, y sus 13 goles con los extremeños lo catapultaron al Real Club Celta, donde le esperaban algo más de ocho temporadas, de ellas tres en la máxima categoría. Sabía muy bien de qué hablaba, pues Zárraga, a quien consideraba una especie de padre balompédico, le extendió un contrato de 450.000 ptas. anuales antes de que partiese a cumplir el servicio militar obligatorio en Rota. A su regreso, el antiguo jugador “colchonero” y malacitano “Chuzo” -Antonio González Álvarez-, habría de recortárselo hasta las 200.000 ptas. sin el más mínimo argumento, aprovechando que su antecesor en el cargo se había ido al Valencia. En Cádiz volvió a chocar, esta vez con Sabino Barinaga, quien por quitárselo de encima convenció a la directiva amarilla de que el millón de pesetas ofrecido desde Cáceres por su traspaso, era una bendición. Meses después, el Cacereño ingresaba 3 millones desde las arcas viguesas. El C. D. Málaga perdió a un buen jugador, y el propio “Mori”, sin tener a su lado a Zárraga, también acabaría perdiéndose en parte para el fútbol de elite. ¡Qué bien le hubieran sentado sus consejos y admoniciones! Ese tirón de riendas, tan eficaz, antes de que el caballo desbocara.
Dejando a un lado estas digresiones, la realidad fue que José M.ª Zárraga, en vez de cerrar bocas recibió con su carta una ducha de agua fría. Porque Rodolfo Vilanova Rumano era otro “oriundo” de pacotilla.
Pero volvamos con la correspondencia ministerial entre Madrid y Buenos Aires.
El 11 de julio, desde el Consulado General de España en Buenos Aires partía una nota “Reservada” a la Dirección General de Asuntos Consulares, en Madrid, órgano dependiente del Ministerio de Exteriores. Éstos eran sus términos:
“Como verás, este tipo de transcripción se venía haciendo tradicionalmente desde hace mucho tiempo, y son varios los jugadores que han obtenido la documentación en circunstancias poco claras, no por negligencia de nuestros funcionarios, sino porque existen dudas sobre la autenticidad de las partidas del registro local. En el caso de Adorno, ya te anunciaba que estaba totalmente clara su falsificación. Y aun cuando el Director General del Registro de Santa Fe me ha indicado confidencialmente que no existía ninguna concomitancia con funcionarios del Registro, yo me resisto a creer que se puedan falsificar las estampillas, aclaraciones de firma, etc., impunemente. En fin, esta no es la cuestión que directamente nos interesa, y de la que por otro lado no tengo pruebas.
La organización dedicada al fichaje de jugadores, no me cabe duda que es experta, numerosa y poco recomendable. En estos momentos, quizá por la magnífica coyuntura que ofrece el mercado futbolístico español y el desquiciamiento económico de aquí, hay una auténtica avalancha de traspasos que hemos detenido. No te oculto que son sumamente hábiles y van corriendo de Consulado en Consulado, obligándome a ponerles sobre aviso para una mayor seguridad y garantía.
Tenemos alguna documentación incompleta, que en el momento oportuno y una vez verificada su autenticidad, os enviaremos para su autorización. La Federación de Fútbol de aquí no tiene el menor control en esta cuestión, y quizá fuera conveniente tomar alguna medida preventiva, bien sea con la Federación Española de Fútbol o con la Delegación de Deportes, que permita controlar un poco la situación. Vuelvo a reiterarte que tanto Rosario, como Bahía Blanca, tienen los registros bloqueados.
Sobre el caso Adorno, tan pronto recibamos la comunicación del Juez te la enviaré.
Siento que nuestras cartas no sean sobre términos más agradables. De cualquier forma, es una satisfacción dialogar con vosotros.
(de pupo y letra): Un fuerte abrazo. Cleofé”.
Este otro escrito del 13 de julio, dirigido desde Madrid por Guillermo Cebrián Montano al Cónsul General de España en Buenos Aires, Cleofé Liquiniano, apuntaba no a la complicidad del Ministerio de Exteriores, aunque sí hacia un marcado interés en que la Dirección General de Seguridad no entrase en la cuestión, como elefante en cacharrería:
“Querido Cleofé:
Tu carta del 11 de julio ha debido cruzarse con la nuestra, en lo que se refiere a los dichosos jugadores.
Aquí, como yo sospechaba, al terminar el campeonato en el que precisamente Adorno tuvo una lucida intervención, se volvió a la carga. Las cosas se complican, puesto que de nuevo se ha denegado, y hasta de aquí a dos años, la entrada de jugadores extranjeros. Y se volverá a la carga sobre los sudamericanos, ya que rubios y hablando alemán o húngaro, es difícil colocarlos pasándolos como oriundos de Chamberí.
En Paraguay hemos logrado parar el tema por el momento, alegando la necesidad de hacer el servicio militar, pero allí ha sido más fácil, contando con el militarismo del Presidente del Paraguay.
Vosotros haced lo que podáis; negaros en absoluto, en caso de la menor duda, cosa que es fácil saber, siguiendo el historial de cada jugador. Y aquí procuraremos que los casos no pasen por el momento de la Delegación de Deportes a la Dirección General de Seguridad.
Mientras tanto, recibe un fuerte abrazo”.
Esta otra nota “Reservada”, remitida desde Buenos Aires por Cleofé Liquiniano al Director General de Asuntos Consulares en Madrid, Guillermo Cebrián, evidencia hasta qué punto el Ministerio español de Exteriores trataba de evitar que el escándalo llegase a manos del Ministerio del Interior, aunque ello implicase mantener en Babia a la D.N.D. Rezaba así:
“Querido Emo:
Hoy he contestado a tu telegrama sobre los futbolistas, expresando mi criterio de anulación de las inscripciones de Adorno y Ferreira. Como no hemos recibido la partida de Vilanova, no tengo prueba para efectuar la misma operación.
Respecto a los otros jugadores cuya inscripción está en entredicho, quisiera -y por eso te escribo particularmente- hacerte las siguientes consideraciones.
1ª.-El registro de Santa Fe está ya alertado y si pedimos las partidas, es posible que lo conozca el Director General y tome alguna iniciativa.
2ª.- Hay que pensar que dicho señor está esperando algo de esto, pues aunque tenga sospechas muy fundadas, carece de pruebas; es decir, no conoce físicamente las partidas presentadas al Consulado por Viberti, Orife y Anzarda.
3ª.- Esta es una suposición mía, que si tuviera lugar originaría una investigación administrativa y, como corolario, un procedimiento judicial.
A pesar de estas consideraciones, te agradecería me dijeras si debo efectuar estas averiguaciones con toda prudencia, pero ateniéndonos a las posibles consecuencias.
Ponme unas líneas, o contéstame telegráficamente.
Atentamente, Cleofé”.
La duda es tan obvia como legítima. ¿Se habrían impartido órdenes para no agitar el avispero, o sencillamente en el Ministerio de Exteriores trataban de no verse retratados ante el de Interior? Desde esta última perspectiva, ¿en qué punto quedaba la Delegación Nacional de Deportes, o más aún su responsable, dependiente del aún vigente Ministro General del Movimiento? De semejante verbena poco bueno para el fútbol cabía esperar. Ni en sus mejores sueños hubiese podido contar la mafia de contrabandistas, falsificadores y traficantes de carne futbolera, con una colaboración tan notable como desinteresada.
El 24 de julio, Cleofé Liquiniano, desde Buenos Aires, hundía cualquier esperanza de salida sin rasguños para los implicados, mediante esta breve nota dirigida a la Dirección General de Asuntos Consulares:
“Querido Emo:
La prensa también se ha hecho eco del asunto, como es natural, y de las manifestaciones del Director del Registro Civil de Santa Fe, señalando se trata de falsificaciones y que terminado el procedimiento administrativo, se había puesto el asunto en manos de la justicia”.
Negro. El horizonte se tornaba negrísimo para los argentinos pillados en falta. No ante las medidas que contra ellos pudieran tomarse desde España, sino porque la Justicia argentina iba a emprender acciones por su falsificación de documentos registrales, delito castigado con hasta 6 años de prisión.
Prueba de que meses después continuaban pisando de puntillas en el Ministerio de Exteriores, mientras a ambos lados del océano arreciaba la tormenta informativa sobre lo que ya era pegajosa charca de inmundicia, nos la otorgan las idas y venidas de su nota de prensa, a todas luces defensiva, cuya corrección, amputaciones y reducción de tono, quedan para el lector curioso:
Dicha nota trataba de acabar con los ataques dirigidos a ese ministerio, y no precisamente con sordina, desde los clubes, la R.F.E.F., el propio C.S.S. y hasta por boca de algún intermediario lenguaraz, empeñado en la completa apertura de nuestro fútbol a los extranjeros. Los clubes, en abstracto, pretendían ser inocentes, puesto que alineaban a quienes recibieron el pláceme federativo. La Federación aducía incapacidad para determinar si los papeles que les llegaban eran genuinos o falsificaciones. Las entidades pilladas en falta renegaban sobre el daño económico que implicaba para sus cuentas cada descubrimiento de nuevos falsarios. Y desde el Consejo Superior de Deportes se escudaban en la obligada declaración jurada del infractor, traducible en ruptura unilateral del contrato. Obviaban, interesadamente, que la existencia de dolo debería acreditarse en sede judicial, y a saber cuántos años pudieran transcurrir hasta que las sentencias resultaran firmes. El escudo que más a mano tenían todos, y por tanto el culpable último de más fácil digestión para esquivar sus propias responsabilidades, era el Ministerio de Exteriores.
Así rezaba el primer borrador:
“La Oficina de Información Diplomática, en relación con los requisitos establecidos para obtener la nacionalidad española o extranjería de los jugadores de fútbol, considera oportuno puntualizar lo siguiente:
Que es un deseo constante del Ministerio de Asuntos Exteriores, colaborar en la esfera de su competencia y en la medida de sus posibilidades, con el deporte y los deportistas españoles, y con sus representantes oficiales.
Que desde hace solamente unos meses y ante las campañas levantadas en la prensa argentina y española sobre la autenticidad de las pruebas presentadas para requerir las condiciones exigidas…
Que de los casos que le han sido sometidos a consulta y sobre los que existen dudas fundamentadas o denuncias concretas sobre la extranjería de determinados jugadores, ha informado oportunamente a los Ministerios competentes y a los Organismos deportivos a quienes corresponde la facultad de decisión, para colaborar con todos ellos en el mantenimiento del respeto y consideración que se debe a todos estos Órganos, al igual que al deporte y a la afición que lo sigue”.
Como los tachones fueron tantos y las correcciones tan amplias, acabaría redactándose este segundo borrador:
“Con referencia a diversas informaciones aparecidas en la prensa, respecto a un pretendido “aval” del Ministerio de Asuntos Exteriores para que los llamados futbolistas oriundos puedan jugar en España, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha considerado preciso puntualizar lo siguiente:
1ª Es un deseo constante de este Ministerio colaborar en la medida de todas sus posibilidades, con los medios deportivos, tanto en sus desplazamientos al exterior como en territorio nacional.
2ª En caso de duda fundada y ante las repetidas denuncias formuladas en la prensa deportiva, tanto argentina como española, la intervención del Ministerio se reduce a indagar acerca de la veracidad de los datos y documentos aducidos por los interesados, remitiendo a la Federación Española cumplida información sobre todos y cada uno de los casos, así como a las autoridades competentes en el territorio español, a los efectos que ellas puedan estimar oportuno.
No es por tanto imputable al Ministerio de Asuntos Exteriores, la demora que pudiera existir en la resolución de alguno de estos casos”.
De puño y letra alguien añadió, en el punto 2ª, “y organismos judiciales”.
Pero tampoco esta redacción fue la definitiva. Hubo una tercera versión, más larga, con correcciones de como mínimo tres manos distintas, y no menos cargadas de trilita contra los ámbitos deportivo, federativo, y más tenuemente judicial. A buen seguro alguien, desde las alturas, prefirió no iniciar guerrillas interministeriales, puesto que lo remitido a la prensa nacional fue esto, finalmente:
“Sobre los oriundos. Asuntos Exteriores realiza una función informativa”: Madrid 14 (Alfil):- “Ante las versiones que circulan sobre las formalidades exigidas para determinar o no la nacionalidad española de algunos jugadores de fútbol y la intervención del Ministerio de Asuntos Exteriores en este tema, un redactor de Alfil ha solicitado declaraciones en el citado departamento. Un portavoz del mismo le ha informado que Asuntos Exteriores ostenta una limitada función informativa y asesora sobre estos casos, y que sobre aquellos en los que existen dudas fundadas, o se han formulado denuncias concretas relativas a la nacionalidad española o extranjera del interesado, Asuntos Exteriores ha dado cuenta a los ministerios competentes y a los organismos deportivos, a quienes corresponde la decisión final en cada caso”.
En mester de juglaría: que cada palo aguantase su vela. En el Ministerio de Asuntos Exteriores estaban más que hartos de los “oriundos”, de verse señalados por la Federación, la D.N.D y distintos medios de difusión. Así como temerosos de que el Delegado Nacional de Deportes embarcase al Ministerio de Gobernación, o dicho de otro modo a la Dirección General de Seguridad, con el único propósito de escurrir el bulto. Algo que muy bien pudiera traducirse en nuevas complicaciones, puesto que garrote y diplomacia nunca han sabido llevarse bien.
Tan divergentes debieron ser las distintas posturas, o tantos los recelos mutuos, como para provocar una reunión en la Sala de Juntas de la Dirección General de Asuntos Consulares madrileña, el 22 de noviembre de 1972, con asistencia de las siguientes personalidades y cargos: Francisco Escrivá de Romaní, Director General de Registros y Notariado; Enrique Jiménez Asenjo, Subdirector General de Seguridad; Juan Gich, Delegado Nacional de Educación Física y Deportes; José Luis Pérez-Payá, presidente de la R.F.E.F.; Guillermo Cebrián, Director General de Asuntos Consulares; y Fausto Navarro Izquierdo, Director de Asuntos Generales en la Dirección Consular. No era el primer “concilio” convocado, puesto ya se celebró otro el 5 de octubre, en la Dirección General de Seguridad, saldado con paupérrimos resultados. De éste, en cambio, se esperaba alcanzar una postura común y respuestas consensuadas “ante la situación legal en España de algunos jugadores de fútbol procedentes de países iberoamericanos”.
Por el acta la misma sabemos que la Dirección General de Asuntos Exteriores entregó a cada concurrente dos copias de expedientes, una remitida desde Asunción y otra desde Buenos Aires, sobre las falsificaciones documentales de Echecopar (Granada C.F.) y Juan Carlos Heredia (Barcelona). Dicho responsable manifestó que las funciones de su órgano sobre el asunto, se reducían a una doble función informativa y asesora en cuantos casos requirieran su consulta, y sólo ante dudas muy fundadas o denuncias concretas, podrían dar cuenta a los Ministerios competentes ante la resolución de los casos. Justo cuanto había hecho en la reunión del 5 de octubre ante los Ministerios de Justicia y Gobernación. Tanto el presidente federativo como el Delegado Nacional de Deportes, asumieron y se dieron por enterados de la postura ministerial de Exteriores.
El Delegado Nacional de Deportes manifestó la necesidad de continuar con el régimen vigente, hasta que en el próximo mes de junio se reformara la normativa de cierre a la incorporación de jugadores extranjeros.
Por su parte los Ministerios de Exteriores y Justicia propusieron que: “alegando la cooperación entre España y los países Iberoamericanos en todos los terrenos, ésta podría extenderse también al deportivo, estableciendo la posibilidad de jugar en España a los súbditos de aquellos países donde existan convenios de doble nacionalidad. Todo ello desde un punto de vista muy amplio y como declaración de principios, sin entrar en el articulado de los convenios”. Se arguyó, como ejemplo, dada la presencia de Pérez-Payá en su doble papel de presidente federativo y Subdirector en el Ministerio de Trabajo, “la equiparación que por ley tienen en España los trabajadores procedentes de Hispanoamérica”.
Pérez-Payá zanjó la cuestión, afirmando que tal cosa era imposible, porque la normativa vigente lo impedía de forma expresa, al establecer requisitos muy claros sobre la admisión de jugadores. Que tampoco existía la posibilidad de aplicar leyes retroactivamente, y en cualquier caso sería preciso aprobar un nuevo ordenamiento. Cualquier modificación tendría que esperar hasta el mes de junio próximo.
Jiménez Asenjo, representante del Ministerio de Gobernación, afirmó estar al corriente no sólo sobre los casos de Heredia y Echecopar, sino de los demás oriundos descubiertos en su día como falsarios. Que la cuestión era particularmente grave, y prueba de ello es que se expulsara de España a los intermediarios, y que las falsificaciones documentales no afectaban únicamente a los futbolistas, sino a cuantos hubiesen colaborado en la comisión delictiva. Pero que la Dirección General de Seguridad se proponía no actuar hasta que las circunstancias lo aconsejasen, o recibieran órdenes en tal sentido. Reiteró su postura colaborativa, con el propósito de “evitar situaciones como las que, llevado el asunto a rajatabla, podrían presentarse”.
El Ministerio de Justicia, finalmente, defendió la postura de funcionarios “que encontrándose ante hechos denunciados y probados de falsificación de documentos públicos, no pueden permanecer indiferentes si esos casos son sometidos a su consideración y estudio”. Su postura, empero, era comprensiva ante las actuales circunstancias, pero ésta podría cambiar si aquellas variaban, máxime considerando que las irregularidades se habían cometido ante funcionarios de su Ministerio.
Resumiendo, todos parecían anhelar la reapertura de nuestro fútbol a la contratación de extranjeros, como simple remedio ante el sarampión de los falsos oriundos. Eso evidenciaba, al menos, el redactor del acta en su colofón:
“En este ambiente de plena colaboración entre los asistentes, para velar todos ellos en el mantenimiento del respeto y consideración que se debe a los Organismos oficiales y deportivos, al igual que a la afición que lo sigue, se levantó la reunión. Madrid, 23 de noviembre de 1972”.
Lo malo era que aquello tenía poco de sarampión, y mucho, en cambio, de septicemia. Cerrar heridas en falso, o maquillar al enfermo aplicándole colorete, no iba a resolver nada, como el futuro se empeñó en evidenciar.
Aunque mientras ese futuro llegaba, ocurrieron infinidad de cosas.
El 28 de diciembre de 1972, día de los Santos Inocentes, Rafael Marichalar tituló entre interrogaciones la noticia que acabara de llegar desde la ciudad condal hasta el diario “Informaciones”: “¿Viaje de un jurista del Barcelona a América?”. Se cubría en salud, ante la eventualidad de estar haciéndese eco de una inocentada. Pero de eso, nada de nada. El club azulgrana, efectivamente, acababa de confeccionar un listado con los posibles “oriundos” fulleros y enviaba al entonces prometedor abogado Miquel Roca Junyent hasta Sudamérica, con el propósito de denunciar a los falsarios.
Marichalar, empeñado en exculpar tanto a nuestros clubes como a la Federación sobre el devenido escándalo de falsificaciones, y hasta hacía bien poco voz tonante para la aplicación imposible de dobles nacionalidades a quienes entraran ilegalmente en España, conectaba el viaje de un letrado, todavía sin nombre propio, con el aviso a navegantes deslizado desde el diario barcelonés “Dicen” por un tal Gustavo Díaz. Ese hombre, supuestamente argentino, acababa de denunciar en un juzgado de Buenos Aires al extremo izquierdo Anzarda, del Real Madrid, por falsificación documental e inscribirse como español en el registro consular, sin serlo. Y además amenazaba con hacer lo propio en otros casos, sobre los que igualmente tenía constancia del fraude.
“¿Quién es este personaje? -se preguntaba Rafael Marichalar- ¿Por cuenta de quién denuncia? ¿De quién se trata y qué quiere decir con esa amenaza de que lo mismo que ha hecho con Anzarda, puede ocurrirles a otros jugadores que actúan en España? Al problema de los “oriundos”, turbio, feo y poco deportivo, se una ahora la presencia de este Gustavo Díaz, que sale denunciando y amenazando de la noche a la mañana. No lo entiendo. Y si lo entiendo, no me huele bien”.
Disparaba con munición deflagrante, aunque eso sí, utilizando silenciador. Ese, “si lo entiendo, no me huele bien”, unido al viaje del abogado “culé” con rumbo a América, situaba deliberadamente en la diana al Barcelona. Hasta el más despistado llegaría a tal conclusión, releyendo su cierre a la noticia:
“Y mientras todo esto sucede, me llegan noticias de que uno de los juristas del Barcelona, del equipo nombrado por el club catalán para defender, como dijeron, los derechos del Barcelona en el caso Heredia, se ha trasladado a América del Sur. El viaje está motivado en averiguar la situación de “oriundos” que actúan en España. Me imagino que de lo que se trata es de comprobar cómo lograron su entrada en el fútbol español o, lo que es lo mismo, cómo pudieron conseguir las documentaciones precisas para tal fin. En definitiva, enterarse para después denunciar y ver la forma de exigir trato igual para todos”.
En algo sí llevaba razón el periodista. Lo que aparentase arrancar con falsas certificaciones de no haber sido internacionales, había ido derivando a una sistemática vulneración legal, sin otro propósito que la obtención fraudulenta de pasaportes y nacionalidades. Los chamarileros, en suma, acaban de convertirse en capos mafiosos.
Si hubiese tenido informadores en el seno del Athletic Club bilbaíno, o de la Real Sociedad de San Sebastián, es decir en el lado de los beligerantes contra el manifiesto amaño de la competición, le hubiesen dicho que Gustavo Díaz Cantos era un argentino real, abogado que en colaboración con distintas barras bravas de clubes bonaerenses, pretendía denunciar a los falsarios, primero porque los futbolistas se habían situado al margen de la ley, y en segundo término ante el debilitamiento que el campeonato argentino experimentaba como resultado de tanta fuga sistémica. Ello, empero, tampoco cerraba la posibilidad de que pudiera representar a otro cliente, quizás con intereses en Cataluña.
Los aficionados españoles se enteraron poco después sobre el movimiento delator iniciado en Buenos Aires, cuando el matutino “Clarín” entrevistase el mismo jueves 28 al abogado en cuestión, y parte de la prensa nacional recogiera extractos de lo publicado. En resumen, Díaz Cantos reconocía que el escándalo estaba alcanzando en España su plenitud, gracias a intervenciones efectuadas contra Echecopar, Heredia y Adorno, a quienes en breve se sumaría Anzarda. Pero que el iceberg era mucho más grande, puesto que “el negocio del siglo” englobaba a unos 200 futbolistas colocados en clubs europeos. “Me interesa la pureza nacional de los jugadores transferidos al fútbol español”, seleccionaba “Clarín” como uno de sus titulares. Y bajo el mismo recogía cuanto sigue:
“Ahora el letrado Díaz Cantos lleva el caso a los tribunales argentinos, canalizando a través del Juzgado de Instrucción del doctor Tiburcio M. Álvarez Pardo una denuncia de tipo general, pero centrada en el caso específico el exjugador de River Plate, y actualmente en el Real Madrid, Eduardo Aníbal Anzarda”.
Según la documentación aportada por el denunciante, Anzarda habría nacido en Buenos Aires el 25 de enero de 1950. Sus padres eran argentinos y en la presentación de la denuncia se justificaba la imposibilidad de acceso al campeonato español, si no se hubiera inventado una nacionalización acorde a la normativa vigente en el país. “Esta presentación pone en el tapete -recogía “Clarín”-, y da estado legal a una situación que en los ambientes futbolísticos es muy conocida. Surge cada vez que un país extranjero, en el ánimo de proteger a sus propios jugadores, dicta disposiciones para evitar la avalancha de futbolistas de otra nacionalidad”.
No andaba desencaminado Gustavo Díaz Cantos. Cuando tres lustros antes fuese Francia quien blindase sus fronteras, un enjambre de intermediarios trató de convertir en franceses a argentinos nativos, sin ascendencia gala. Bastaba con elegir apellidos que por fonética pudieran asemejarse al francés, y poner en marcha el mecanismo falsificador. Ocurrió otro tanto en Italia, desde donde pese al innegable tráfico familiar que desde Génova, Nápoles y Sicilia, llevase hasta el gran Buenos Aires a decenas de miles de italianos durante los estertores del siglo XIX, varios de aquellos falsos oriundos llegaron a ser devueltos. De nuevo la catastrófica situación económica de Argentina, unida a la constante devaluación del peso y a cuanto el tipo de cambio de divisas favorecía las ventas al exterior, había afilado los dedos a muchos intermediarios, capaces incluso de abrir un mercado hasta entonces inexistente, como el griego, o recuperar el francés, luego de años vedado a la importación. Lo grave, como reconocía el denunciante, es que todo ese tráfico tuviese lugar “ocultando, o alterando las constancias de nuestros registros civiles, o los documentos que ellos expidan, y esto, de confirmarse, puede tener consecuencias insospechadas”.
Un proceso al que, en palabras del letrado “aún no se ha dado la debida importancia. En estas maniobras están implicados directa o indirectamente los gestores del fútbol. Directamente, porque cuando se da el caso de un transfer internacional, en los clubes ocultan los auténticos datos de filiación del jugador. Indirectamente porque la Asociación del Fútbol Argentino, que debe avalar la operación, no puede desconocer que en las fichas de los jugadores pertenecientes a su esfera de influencia, constan los datos personales exactos del afectado.”
Inquirido por el redactor de “Clarín” sobre si tanto en los clubes como en la A.F.A. no pudo haber, cuando menos, cierta desidia al permitir transferencias con adulteración de datos personales, aseveraba que “dentro del ámbito nacional, la Justicia no tendrá dificultades para realizar comprobaciones. Lo que va a resultar más difícil será penetrar en el mundo de los intermediarios, que tienen oficinas en todos los países de Hispanoamérica, incluyendo laboratorios donde al parecer se procede a la falsificación de documentos”.
Y lo ampliaba con este ejemplo: “Una vez llegó una denuncia formulada por el periodismo paraguayo, señalando en la localidad de Itapua, que ellos denominan “capital de la mafia”, un auténtico “trust” dedicado a la compra-venta de jugadores de fútbol sudamericanos. La denuncia agregaba el dato de que por esa ciudad pasaron no pocos futbolistas argentinos “para poner en orden sus documentos” Esa organización quedó en descubierto porque aquellas oficinas fueron responsables de la odisea de un futbolista paraguayo transferido a Francia, y que quedó varado, sin contrato ni dinero para regresar”.
Tan sólo un matiz. Itapua no es una ciudad paraguaya, sino uno de los 17 departamentos que junto al Distrito Capital de Asunción, conforman la República del Paraguay. Dicho estado tiene por capital Encarnación.
El redactor del medio argentino recogía, como colofón a su trabajo, que Argentina había exportado futbolistas durante los dos últimos años por valor de tres mil millones de pesos, es decir, 3 millones de dólares. Al cambio en pesetas de la época, 210 millones, cuando en cualquier gran capital española, como Madrid, Barcelona o Valencia, podía adquirirse un piso en torno a 1.200.000 ptas.
Toda una industria, alimentada en derredor del balón.
Curiosamente, el madrileño diario “ABC”, uno de los medios que reprodujeran parte de cuanto airease “Clarín”, incluía a modo de anexo esta Nota de la Redacción:
“Los abogados presentan las demandas en un Juzgado representando a un “cliente”. Ellos, por sí mismos, no pleitean, salvo casos particulares, como cualquier ciudadano. No parece probable que el señor Gustavo Díaz Cantos esté afectado por la supuesta falsificación de documentos del jugador Anzarda. Debajo y detrás de este abogado hay un motor y un cliente. En cualquier caso, hay que agradecerle que colabore con la Justicia, pero está claro que cuantas más falsificaciones de documentos haya, más quedará justificada la Federación Española de Fútbol. Lo grave para ésta sería que hubiera autorizado y admitido a jugadores argentinos consciente de que no eran hijos de padre o madre español. Una cosa es dar por bueno un pasaporte español y unos documentos oficiales, y otra una desigualdad de trato. Aquello es normal: esto sería inadmisible. Y “esto” no se ha producido, al menos desde que la Federación ha exigido el “visto bueno” del Ministerio de Asuntos Exteriores”.
Semejante nota es merecedora de más comentarios que la propia noticia fechada en Buenos Aires. Primero, porque incidía, al igual que Marichalar, en un señalamiento no expreso del club azulgrana, como muñidor de la nueva denuncia. Segundo, por tanto empeño exculpatorio de la R.F.E.F., y en último extremo de la propia F.I.F.A, órganos no sólo concernidos, sino responsables de velar por la limpieza del fútbol. Y tercero por contentarse con un trato igualitario, cuando los principios vulnerados no sólo parecían ser el de igualdad ante la ley, sino sobre todo el incumplimiento flagrantemente de la misma. No bastaba que todos tuviesen el supuesto “derecho” a infringir la ley con la misma intensidad y en idénticos artículos del código. Si algo caracteriza la convivencia y el buen orden social, es, precisamente, la facultad legal de castigo a los infractores. Escudarse en el “y tú más” o el repudiable “otros también lo hacen”, representa para cualquier sociedad el retroceso hasta universos sin ley, como el “Far-West”, donde cualquier pistolero podía encontrarse con otro más rápido, y por tanto más autorizado a imponer su sinrazón. Donde cada imposición poblaba con nuevas cruces los cementerios.
El fútbol parecía haber desembocado en su propia putrefacción. Y lo sorprendente es que en el ámbito del mismo, empezando por los medios informativos, tragaran el sapo como si se tratase de un caramelo. Olvidaban que algunas entidades profesionales -Athletic Club, Real Sociedad y Club Atlético Osasuna- voluntariamente habían renunciado a la posibilidad de incorporar “oriundos”, y combatían, sobre todo los dos primeros entes, a quienes vulneraban las limitaciones legales aprobadas por todo el colectivo en una Asamblea de la Real Federación Española de Fútbol.
En medio de este panorama llegó a Sudamérica al más adelante padre de la Constitución Española, Roca Junyent, llevando consigo el listado de teóricos falsarios recopilado por el F. C. Barcelona. Lo que no podía imaginar es que la Embajada española en Buenes Aires estuviese bastante más que avisada, desde que el día 24, Luis Somaschini, abogado al servicio del Consulado español, redactase este escrito por demás jugoso, dirigido a su jefe inmediato, Manuel Benavides:
“Pinamar 24 diciembre 1972
Sr. Cónsul de España
Manuel Benavides
Buenos Aires
Estimado Manolo:
Ya estoy radicado en Pinamar desde hace unas horas, y el motivo de estas líneas es una noticia que sé no te causará ninguna gracia, pero es mejor que la sepas antes de que se te comunique oficialmente. Se trata del problema Futbolistas… Calma, Manolo.
El asunto es así: El día viernes 22 del corriente concurrí a una cena de abogados, con motivo del fin de año. Dentro de los comentarios jurídicos que se hicieron, uno de los comensales habló sobre una denuncia criminal iniciada ese día ante la Cámara Nacional Penal de la Capital, por delito de falsificación de “instrumento público”. Indudablemente el comentario se hizo ex profeso en mi presencia, ya que el firmante de la denuncia es conocido mío y él sabe que soy abogado del Consulado de España. Como imaginarás, me hice el “bobo” y no di ninguna importancia al hecho, pues la autoridad española (en este caso vos) no tiene nada que ver con el asunto ni con la denuncia. Pude sacar en limpio lo siguiente: la denuncia fue redactada por los dos mejores abogados penalistas del país (pero ellos no firman), y el “cliente” que buscó esos servicios vino expresamente desde España aduciendo que es un problema entre el Club Barcelona y el Real Madrid. Tienen y saben todo el problema de Rosario, pero ahora hay también partidas falsas de la Capital Federal. No pude saber quién es el futbolista, pues era darle una importancia al asunto delante de terceros que no creí conveniente, ya que tomé el asunto como algo en que el Consulado no tenía parte.
Me apresuro a comunicarte todo esto, porque sé que los futbolistas te tienen a mal traer y además para informarte que en la Justicia Penal no hay feria judicial durante el mes de enero.
Cualquier citación judicial, hay que tratar de dilatarla hasta febrero, pues yo tengo forma de poder leer la denuncia, si bien es secreta.
Conmigo te puedes comunicar por el telegrama de esta dirección: Luis Somaschini. Calle El Caracol -Chalet Sr. Múgica -Pinamar.
Yo te hablo después por teléfono, en caso necesario. Bueno, no te preocupes demasiado, pero ten en cuenta el probable lío que se nos viene. Para terminar 1972, basta con esto.
Mis mejores augurios para 1973, tanto para tu esposa e hijos, y un abrazo a los dos “Manolos” del Consulado.
P.D. Si llega alguna citación del juzgado trata de dilatar… dilatar se me ocurre que podría presentarse Manolo Pérez del Arco, diciendo que el Ministro está en España; que vos estarás en Rosario y que él (“Manolo” II) llegó hace poco de España y no sabe nada del asunto. Si lo estiramos hasta febrero no habrá después ningún problema porque, te repito, tengo forma y la posibilidad concreta de saber qué dice la denuncia.
Un Abrazo.
Luis Somaschini
Cuando se asegura que las embajadas son nidos de espionaje, es por algo.
Así que tanto Rafael Marichalar como quienquiera que redactase la nota al pie en “ABC”, gozaban de excelente pituitaria. Era la entidad “culé” quien estaba tras el torpedo dirigido al Real Madrid, con Anzarda como inmediata víctima.
Huelga indicar que el Consulado español en Buenos Aires solicitó instrucciones cifradas al Ministerio de Exteriores sobre cómo proceder ante Roca Junyent. Éstas llegaron por la misma vía, con autorización de López Bravo para facilitarle cuantos datos del Registro Civil consular pidiera(1). Y el 25 de enero de 1972, por valija, partía desde Buenos Aires hacia el despacho en Madrid de Guillermo Cebrián Montano, Director General de Asuntos Consulares, la siguiente carta:
“Querido Emo:
En adición a la carta del 22 de diciembre escrita por Benavides, dando traslado a la instancia elevada por D. Miguel Roca Junyent, abogado español, interesando certificación de si figuran inscritos en el Registro de este Consulado como súbditos españoles determinados futbolistas que son de nuestro conocimiento, y en virtud de la autorización N.º 1, quiero informarte de las medidas que se han tomado en este Consulado General.
Por el momento y en lugar de certificación, se ha dirigido la carta cuya fotocopia acompaño al Dr. Julio Jorge Pertiné, abogado expresamente facultado por el Sr. Roca, de la instancia antes mencionada.
Como podrás observar en dicha comunicación, únicamente se da como inscritos a los jugadores Jorge Doval Vázquez y Juan Carlos Touriño Cancela, haciendo la salvedad de que con los nombres mencionados en la instancia, no aparece ningún otro jugador inscrito en este Registro consular.
Si exigieran documento más formal, procedería a expedirlo.
Si hubiera alguna novedad interesante que me permitiera estar al tanto sobre las interioridades de este asunto, te agradecería muy mucho que me pusierais, bien tú o Fausto, unas líneas.
Un fuerte abrazo de
Cleofé Liquiniano”
Todos esos escritos de ida y vuelta se cursaron en el reducidísimo intervalo de 36 horas. La cuestión, por tanto, se tomaba muy en serio. Y ya era hora.
La historiografía azulgrana asegura que quien destapó todo el escándalo de falsificaciones documentales fue su presidente Montal, mediante la lista de falsarios que presentase Roca Junyent, ante las embajadas y consulados españoles de América. Y no es cierto, como se irá viendo. El Barcelona, en cambio, fue de los salpicados por su propia inmundicia. Y únicamente cuando fuera pillado en falta, por simple venganza, antes que en hipotética legítima defensa, buscó, más que una condena casi general para nuestro fútbol, el perdón de todos. Porque ese era el objetivo último de su delación, edulcorada mediante el eufemismo de “igual trato para todos los clubes”. Si hay tantos manchados, pues que se laven, cambien de ropa y aquí no ha pasado nada. Más aún. Como no pareciese haber modo de acabar con tanta mugre, reabrimos las fronteras y problema resuelto. Pasos muy calculados, pues consta que mientras Roca Junyent y los abogados elegidos sobre el terreno para actuar en su nombre, se movían entre registros civiles y consulados, miembros del “staff” técnico “culé” acercaban posturas con Johan Cruyff, estrella de un Ajax primoroso.
Desde la órbita azulgrana se ofrecieron datos muy vagos sobre el contenido real de su lista negra. “Treinta y tantos casos”. “Una cuarentena de oriundos con documentaciones falsas”. A tenor de la nota manuscrita bajo el título: “Lista de Abogado Barcelona Miguel Roca”, perteneciente al archivo del Consulado bonaerense, únicamente debieron ser 11 los “sospechosos”. Respetando la numeración del apunte, he aquí sus nombres:
1º.- Oscar Rubén Valdez
2º.- Eduardo Aníbal Anzarda
3º.- Juan Carlos Touriño Cancela
4º.- Roberto Juan Martínez
5º.- Rodolfo Vilanova Rumano
6º.- Abel Jorge Pérez
7º.- Bernardo Acosta
8º.- Jesús Martínez Rivadeneira
9º.- Jorge Doval.
Y añadido a posteriori, con otro bolígrafo, pues la tinta es claramente de otro color:
10º.- Quetglas
11º.- Viberti
Roca Junyent llegó a la capital argentina poco menos que con las manos vacías y una clara obsesión por el Valencia C. F. y Real Madrid, puesto que Valdez y Jesús Martínez competían en el club “che”, Anzarda, Touriño y Roberto Martínez en el Real Madrid, y los restantes en el C.D. Málaga (Vilanova y Viberti) Sevilla (Acosta), Murcia (Abel Pérez), Mallorca (Jorge Doval), y Elche (Quetglas). Al menos nueve, de esos once, o habían sido ya desenmascarados, o figuraban en no pocas quinielas de presuntos falsarios
Pues bien, a partir de lo extraído en Alcalá de Henares, no sólo de la subcarpeta denominada “Gestiones ante el Consulado B. Aires. Abogado del Barcelona”, sino sobre todo de las fichas individuales manuscritas por funcionarios consulares -casualmente sólo de Buenos Aires-, cabe colegir que picados en su amor propio, además de revisar lo relativo a esos once, repasaron cuantas documentaciones gestionasen para quienes adujeran ser futbolistas en tratos con clubes españoles, independientemente de que llegaran o no a competir por nuestros pagos. En aras de una más cómoda visión, vaya el siguiente cuadro de investigados, reflejando su primer diagnóstico.
| JUGADOR | CLUB ESPAÑOL PERT. | DIAGNÓSTICO |
|---|---|---|
| Adorno Ramírez, Miguel Ángel | Valencia C. F. | Argentino (no oriundo) |
| Álvarez Cid, Luis | Sospechas legalización | |
| Álvarez Sarmiento, Luis | No llegó a fichar | Español |
| Anzarda Álvarez, Eduardo Aníbal | Real Madrid | Argentino (no oriundo) |
| Carballo Andreo, José | Español de origen (nación.) | |
| De la Iglesia Álvarez, Carlos | Español | |
| Errandonea Arreche, Juan Carlos | Poblense | Español |
| Fernández Vázquez, Adolfo | Real Madrid | Español de nacimiento |
| Ferreira Aguirre, Carlos Egidio | Cádiz C. F. | Argentino (no oriundo) |
| Gómez Vila, Pedro Raúl | Real Zaragoza | Español |
| Heredia Araya, Juan Carlos | Barcelona | Argentino (no oriundo) |
| Jiménez Rodríguez, Sebastián Alberto | Hércules C. F. | Español |
| Navarro Rodríguez, Raúl | Dudosa españolidad | |
| Orife Pérez, Rodolfo Alfredo | Betis | Dudosa españolidad |
| Polo Ferreras, José L. Enrique | Español | |
| Quetglas Fornillo, Andrés Gabriel | Elche | Argentino (no legalizado) |
| Rico Negro | Español, apunte B. A. 646 | |
| Rodríguez Nafría, Néstor | Burgos | Español |
| Sanromán, Alberto | Betis | Español |
| Suárez González, Rodolfo | Español | |
| Viberti, Sebastián Humberto | C. D. Málaga | Dudosa españolidad |
| Vilanova Rumano, Rodolfo | C. D. Málaga | Argentino (no oriundo) |
José Carlos Andreo era español de origen, aunque su padre se hubiera nacionalizado argentino y él hubiese cumplido el servicio militar obligatorio en la República Argentina. Ello se tradujo en una suma de complicaciones legales, de las que se dará cuenta a su debido tiempo. Se inscribió como español el 28 de julio de 1971, cuando estuviera en tratos para incorporarse a nuestro fútbol, sin apreciarse ninguna intención de dolo. Un caso que pondría sobre el tapete la humanidad de los funcionarios concernidos, como contrapeso a la frialdad del articulado jurídico. Su último paso por el Consulado tuvo lugar el 5 de abril de 1972.
Juan Carlos Errandonea Arreche conservaba la nacionalidad española, según justificante y acta judicial, respondiendo al Artículo 26. Su primer destino fue el R. C. D. Mallorca, aunque al realizarse la inspección luciera la camiseta del también mallorquín Poblense. El funcionario parecía no tener claro si su primer apellido era el descrito, o Hernandorena. Recordemos que Hernandorena también trató de ingresar vanamente en nuestro fútbol, al no cumplir los requisitos legales.
Carlos Egidio Ferreira representaba un caso palmario de falsificación. Sus certificados, presentados en el Consulado de Rosario (Santa Fe), en especial su partida de nacimiento, era análoga a la de Adorno. Ya se había procedido a su anulación en el Registro Consular de Españoles, y la Justicia argentina iniciaba su procesamiento.
Gómez Vila, nacido en San Agustín (Buenos Aires) era claramente español, pese a contemplarse algunos defectos formales. Su pasaporte le fue remitido a España por valija diplomática.
La ficha de Heredia no dejaba resquicio a la duda. Las representaciones consulares de Buenos Aires y Córdoba se negaron a tramitar su nacionalidad, ante las muy fundadas sospechas de fraude. En Buenos Aires lo intentó reiteradamente, sin convencer a ningún funcionario. Su padre era argentino, naturalizado. Desde Paraguay se había solicitado información a Buenos Aires, en base a una partida de nacimiento falsa. La denuncia definitiva de su chapuza, al Director General de Asuntos Consulares, fue cursada directamente desde Asunción, ante la posteriormente confirmada hipótesis de que continuara explorando nuevos subterfugios para colar como falso oriundo, natural de Paraguay. No figuraba, por cierto, en el listado de presuntos delincuentes aportado por los abogados a quienes Roca Junyent otorgase poderes.
Sebastián Alberto Jiménez Rodríguez, nacido en Carhué, conservaba la nacionalidad española. Aunque antes estuviera en tratos con clubes españoles, no ingresó en nuestra Liga hasta 1974, ya con las fronteras abiertas de par en par a futbolistas extranjeros. Tan sólo intervino en 3 partidos oficiales con el Hércules alicantino. Uno de Liga, resuelto con derrota en Sarriá, ante el R.C.D. Español, por 3-1, y dos de Copa, ante el Pegaso madrileño, con empate a cero, y U. D. Las Palmas, vapuleados los alicantinos por 7-0. Luego estuvo durante 3 temporadas en el Tarrasa, fajándose en 2ª División.
La teórica españolidad de Raúl Navarro Rodríguez, inscrito en el Consulado de Rosario, parecía conectarlo con los casos de Adorno y Ferreira. No llegó obtener el ansiado pasaporte.
Rodolfo Alfredo Orife fue inscrito en el Registro Consular de Rosario, el año 1971. A un funcionario apellidado Cullén le asaltaron dudas sobre su documentación, al revisarla el 24 de junio de 1972. Desplazado a Rosario el Encargado de Embajada Manuel Benavides, obtuvo idéntica impresión. Las sospechas de fraude documental lo conectaban íntimamente con Ferreira y Adorno.
Elegante y fino en el toque del balón, el argentino natural de Rosario -12-XI-1947- despertó muchas expectativas al llegar al Real Betis, aunque luego decepcionase, en parte lastrado por una lesión desde su segunda campaña verdiblanca. Hijo de un coruñés de Buján y con madre argentina, según la documentación aportada, se había iniciado como volante ofensivo en las categorías inferiores de Estudiantes. En el Chacarita Juniors ya actuó como delantero centro las temporadas correspondientes a 1969-70 y 1970-71, haciendo valer su zurda en la obtención del Campeonato Metropolitano de 1969. Con ese club disputó un total de 85 partidos, anotando 25 goles. Luego, aprovechando una gira con el mismo por Europa, cuando contaba 24 años suscribió contrato por 3 años con la entidad sevillana. Su debut en nuestra Liga tuvo lugar el 5 de setiembre de 1971, con derrota frente al Real Madrid por 2-0 en el estadio Santiago Bernabéu. Y conforme a lo apuntado, tuvo la desgracia de destrozarse el tobillo durante el ejercicio de 1972-73, a cuyo término contrajo matrimonio con la cantante sevillana Mónica Bello en la iglesia de la Macarena -24 de junio de 1973-, cuando sus molestias y dificultades amenazaban convertirse en un mal crónico. El Betis acababa de descender a 2ª y Pazos, defensa argentino del Sevilla, fue su padrino de boda.
Si se contaba con sus virtudes para reintegrar al equipo entre los grandes, pronto se comprobó que iba a tenerlo muy difícil. Examinada su articulación por el doctor Rull, tuvo que pasar por el quirófano el 3 de mayo de 1974, ante el riesgo de quedarse cojo, puesto que padecía un desgarro en el ligamento astragalino y tenía rota la cápsula del peroné. En suma, todos los ligamentos de aquel tobillo estaban destrozados. El propio doctor sintetizó: “De momento se le ha salvado el tobillo, pero para conocer el resultado de la intervención será preciso esperar como mínimo 3 meses. Es un mal arrastrado durante dos años, y no me explico cómo ha podido jugar al fútbol en semejante estado”. Aunque su contrato inicial hubiera concluido en junio de 1974, la directiva bética, atendiendo a sus muy especiales circunstancias, se lo amplió otro año más, a dirimir de nuevo en 1ª División. A lo largo del campeonato 1974-75 tan sólo pudo alinearse en dos choques amistosos con el Real Betis Balompié, puesto que su tobillo no respondía. Pese a ello, negándose a abandonar su carrera deportiva, se incorporaría al Córdoba, para asomar en 3 partidos de 2ª División. Una última y postrera in tentona en 3ª, con el Xerez (temporada 1976-77), le hizo ver que sus días de corto había terminado.
Se dedicó entonces a la representación de artículos deportivos, al tiempo de integrarse en el “staff” técnico bético, como entrenador de cantera. Tiempo después, como resultado de una auténtica escabechina en los escalafones inferiores verdiblancos, su hijo Rodolfo Andrés Orife Bello, nacido en Sevilla y con nacionalidad española, pasó del vivero bético al del eterno rival sevillano, prosiguiendo su carrera por el Gandía, San Fernando gaditano, Motril, Sabadell, Alcalá de Guadaira y Jerez Industrial, erigiéndose en un clásico de la 2ª “B”.
Orife Pérez pudo, o no, ser oriundo legal, pero a diferencia de otros, legítimos o impostados, echó raíces en nuestros pagos, sobreponiéndose al bajonazo que debió representar para él tan prematuro adiós a los sueños y encarar, con nuevos bríos, otra vida forzosamente improvisada.
El caso de José L. Enrique Polo Ferreras era muy particular. Su españolidad estaba más que acreditada, pese a existir discrepancias con su partida de nacimiento fechada en Toulouse (Francia). También había dudas sobre la identidad real de su madre, a tenor del certificado de matrimonio presentado por su progenitor, cuando llegara a la República Argentina. El encadenamiento de circunstancias poco menos que novelescas en su biografía, justifica de sobra la atención que se le otorgará en su momento, pese a que como futbolista quedara en poca cosa.
Andrés Gabriel Quetglas Fornillo nunca legalizó su posible españolidad, al menos en Buenos Aires, su ciudad natal. Tan sólo se presentó en el Consulado español con su padre, tratando ambos de legalizar sus respectivas partidas de nacimiento argentinas. Únicamente llegó a disputar 4 partidos de Liga con el Elche C. F. la temporada 1972-73 en 2ª División. Luego jugó en el Cartagena y C. D. Badajoz, con ambos en 3ª, y Cádiz C. F., en 2ª. Con los gaditanos 19 partidos la temporada 1975-76, anotando 4 goles, y ni se estrenó en el medio ejercicio correspondiente a 1976-77, cuando contaba 30 años. Cómo pudo hacerse con documentación española, continúa siendo un enigma.
El defensa Néstor Rodríguez Nafría, natural de Avellaneda, Gran Buenos Aires, (13-VI-1949) era español, según el apunte 646 del Consulado bonaerense. Sólo compitió una temporada con el Burgos, en 2ª División.
Alberto Sanromán había nacido en Pontevedra, y adujo estar en tratos con el Real Betis.
En la ficha de Rodolfo Suárez González se consignó: Reg. B. A. 612.- Español, sin duda.
Viberti ya había sido desenmascarado para entonces, y en su ficha consular constaba: Carta 24-VI-1972, Sospechas Cullén. Inscrito R. B.A. 486. Benavides en Rosario, dudas. Igual, casos de Adorno y Ferreira.
Los apuntes acerca de Rodolfo Vilanova Rumano, a quien machaconamente se citaría en España como Romano en su segundo apellido, no hubiesen podido arrojar más luz. Textualmente indicaban: B.A. 486.- C. Rosario, dudas Benavides. Igual casos de Adorno y Ferreira. C. D. Málaga solicita partida de nacimiento. Se pide directamente la partida a Santa Fe para comprobar. B.A. 646.- R. C. Santa Fe informa no consta nacimiento en fecha indicada. En suma, la partida de nacimiento presentada por el futbolista o sus intermediarios, era del todo falsa.
No existía ficha abierta a nombre de Jesús Martínez Rivadeneira. Había nacido en cangas de Foz (Lugo) y en dicha provincia se conservaba el acta de bautismo y partida de nacimiento. Sobre este particular, en el Barcelona parecían no haber movido ni un dedo.
Todo lo relativo a Rubén Valdez y Anzarda, hervía en ese momento. Valdez ya debiera ser objeto de investigación judicial, entre otros motivos por el concluyente dossier que el Athletic Club depositara, con fotocopias compulsadas de sus auténticos papeles, en la mesa del mismísimo Pérez-Payá. Anzarda acaba de ser denunciado ante la Justicia Argentina por falsificación documental, y desde España la Dirección General Consular se mostraba escasamente proclive a poner en manos del juez argentino cuanto presentara para colar como español. Si llegara a abrirse en la piel de toro algún expediente judicial contra él, las autoridades consulares no tendrían más remedio que aportar cuanto tenían. Anzarda se arriesgaba a pechar con 6 años de cárcel, tan pronto pusiera un pie en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
Al menos tres cosas llaman la atención en la “lista negra” del Barcelona. En primer lugar, su parquedad. Tantísimo ruido, para tan pocas nueces. Luego, no contar con un mínimo trabajo de campo; se habían anotado una serie de nombres en boca de todos, mientras sobre el terreno delegados de Roca Junyent trataban de escarbar algo. En tercer lugar, la ausencia de Heredia en el listado, lo que implicaba un obvio reconocimiento de culpa “culé”. Y más relevante aún, que todas las pesquisas se redujesen a Argentina. Ni un mosconeo leve por Asunción, no fuese a aflorar desmañadamente el tocomocho de Bernardo Patricio Cos, y yendo a por lana saliesen trasquilados.
Todo ello parece apuntar -y esto ya es interpretativo, no hecho empíricamente histórico- a que el viaje a Argentina de Roca, el bombo que la prensa concediese a su desplazamiento, y la muy creativa lucubración sobre cuántos falsos oriundos habrían sido denunciados, simplemente eran salvas. A cañonazos, pero salvas tan sólo. Se intentaba, o así lo parece, cercar a las autoridades entre el temor a una rendición de cuentas por su anterior complacencia; llevar las cosas al extremo, con el único e íntimo propósito de obligarlas a hacer borrón y cuenta nueva, apartando así tan amargo cáliz. Para que se entienda bien, llevar a la D.N.D. y la R.F.E.F., con el aplauso de los ministerios de Exteriores y Gobernación, hartos de tanto lío, a considerar concluida la prohibición de fichar extranjeros. El trato igualitario se daba por descontado, ante la mugre general. Aunque a todas luces, ni el modo de cerrar la herida abierta, paralizar las posibles pesquisas judiciales ya en marcha, o resolver el futuro de los falsarios en sus países de origen, ni siquiera estaba en embrión. De momento, el objetivo no confeso de todas las partes se centraba en abrir fronteras. Unos tal vez pensaran que así, los extranjeros rebozados en banderas rojigualdas podrían ser inscritos como lo que realmente eran. Otros a buen seguro tendrían en mente “blanquear” a sus tramposos en virtud de los acuerdos de doble nacionalidad, puesto que parte de ellos justificarían dos años de residencia en España. Y los más, quizás, fuesen tan malos jugadores de ajedrez como para centrarse tan sólo en su próxima jugada.
Todavía quedaba mucho por masticar acerca de los falsos oriundos. E incluso autorizado ya el fichaje de extranjeros, habrían de vivirse días frenéticos en los despachos federativos, distintas sedes judiciales y campos de fútbol.
No hay heridas más perniciosas que las mal curadas. Y sobre ésta nadie derramó, siquiera, agua oxigenada.
(1) .- La autorización expresa del ministro español de Asuntos Exteriores, para que Roca Junyent accediese a cuanta documentación registral de la Embajada pudiera interesarle, contradice a la más reciente historiografía del F. C. Barcelona, empeñada en invocar “trato discriminatorio” para la entidad azulgrana, o “beneficiar sistemáticamente a otras entidades, en detrimento de los intereses del Barcelona”. La abundantísima documentación oficial recopilada sobre el asunto de los “oriundos” -superior al millar de pliegos, anotaciones manuscritas y partidas de nacimiento- en modo alguno apunta en tal dirección. Más bien lo contrario. Abundan quejas entre funcionarios de alto rango, como: “se empeñan en creer nuestra inclinación hacia el Real Madrid”, o “convencidos de que miramos con lupa los asuntos del Barcelona, validando todo lo de los demás”. Lo cierto, como se verá en capítulos posteriores, es que las pesquisas y constataciones de trampas envolvieron a casi todos los clubes, incluidos los considerados modestos, como por ejemplo el Pontevedra que sucediese al del “¡ay que roelo!”, de Cobo, Celdrán, Irulegui, Batalla, Cholo, Vallejo, Calleja, Antonio, Fuertes, Martín Esperanza, Roldán, Neme, Ceresuela, Norat y Odriozola.