El último malabarismo de la R.F.E.F., cuando dijera “no” pero “sí” a los extranjeros colados como oriundos, y el funambulismo del Consejo Superior de Deportes, poniendo parches al “sí” para que pareciese un “no”, tuvo amplio eco tanto en la prensa deportiva como en la de información general. Y por muy acostumbrados que estuviesen ya aquellos redactores a piruetas, cabriolas, contradicciones y desmanes, el asombro afloró en buena parte de sus columnas y crónicas, durante el mes de marzo de 1970.
Para hacer comprensible la sucesión de disparates, nada tan útil como observar cierto orden cronológico.
En medio de tanto interés cruzado, de la desfachatez con que llegaban “oriundos” carentes de los requisitos legales, dos entidades caracterizadas por el cultivo de sus viveros decidieron poner manos a la obra, como acto de legítima defensa. Tanto el At. Bilbao, como la Real Sociedad de San Sebastián, iniciaban sus primeras pesquisas. Un informe, depositado en manos del presidente federativo y con copia a la D.N.D, puso en evidencia la enorme desidia y descontrol imperante en el órgano. Si el 17 de marzo de 1970 todavía se amagara con un “sostenella y no enmendalla”, aseverando que Ocampos, Ovejero y Viberti, pese a su condición de internacionales competían legalmente, por haber tramitado sus fichas durante el periodo de gracia, veinticuatro horas después ya se servía la primera cabeza en bandeja de plata. Y no sólo eso. Por los mentideros de Madrid se descontada la próxima caducidad de José Luis Costa y de Samaranch en sus respectivos cargos, luego de que los clubes vascos elevaran hasta la veintena el número de jugadores a quienes pudo haberse otorgado fichas, pese a contravenir flagrantemente la normativa. En lo que no era sino maniobra desesperada, desde la D.N.D se ordenaba: “Todo jugador procedente del exterior deberá presentar el certificado F.I.F.A. que asegure no haber sido internacional con anterioridad”. Ya no valían, por tanto, los certificados de encargo confeccionados por la Liga Paraguaya o la Federación Argentina. Como diría un castizo: “A buenas horas, mangas verdes”.
El sábado 7 de marzo de 1970, se cesaba en sus funciones al secretario federativo Andrés Ramírez(1), no exactamente por haber otorgado validez a certificaciones falsas, sino porque “debió sospechar incorrección en las mismas, a tenor de su redacción e insuficiencia de datos”. Por resumirlo, mientras unos pocos certificados resultaban prolijos, otros únicamente contemplaban la “carencia de presencias internacionales en partidos eliminatorios para el Campeonato Mundial”. En la nota de destitución se hacía constar que tan internacionales eran los partidos amistosos de selecciones, como los valederos para dirimir plazas en la fase final de la Copa del Mundo. José Luis Roca y el destituido Ramírez se enteraron de todo a su regreso de Roma, donde asistían a reuniones de la U.E.F.A. y al sorteo de las Copas Europeas de clubes y selecciones. La “superioridad” tampoco es que hiciese mucha gala de elegancia.
Y no quedó ahí todo. Veinte días después de que Juan Antonio Samaranch abandonara el despacho de la D.N.D, Juan Gich, su sustituto, establecía que “no obstante el apartado anterior -el de la certificación F.I.F.A sobre ausencia de internacionalidades-, se exija a todo jugador español procedente del exterior, una declaración jurada de que no ha formado parte de ninguna selección nacional en torneos, competiciones o partidos internacionales oficiales ni amistosos, como jugador profesional, aficionado, juvenil ni infantil, motivando toda falsedad en la citada declaración jurada, la nulidad del contrato que el jugador que la presente haya establecido con un club español”.
Por una vez, parecía que se iban a tomar el asunto en serio. Pero la mugre había permeado tanto, llevaban tantos años calentándose bolsillos a ambos lados del océano, y era tan fácil vender mortadela en latas de caviar, que sólo ante un pelotón de ejecución hubieran entendido los intermediarios, falsarios y cómplices, que sus días de vino y rosas estaban seriamente amenazados.
Ardua tarea la que esperaba al Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, después de lo que heredara. Y mucho, muchísimo que resolver en la R.F.E.F., donde parecía imperar el más absoluto desconcierto. Ante tal panorama, y puesto que de algún modo había que resolver las consecuencias de tan generalizado fraude, se planteó abrir las fronteras de nuevo, para que los falsarios siguieran compitiendo “legalmente”, ya como jugadores extranjeros. Por mandato de la D.N.D., el ente federativo pulsó la opinión de sus afiliados, en dos reuniones con los presidentes de 1ª y 2ª División, cada categoría por separado, con objeto de decidir si eran partidarios de aprobar una hipotética vuelta al reciente pasado, o preferían continuar como hasta entonces. Aquellas votaciones fueron por demás curiosas.
Los clubes de 1ª que pasándose de listos con los “paraguayos” ya se habían reforzado, otorgaron un “no” categórico, obviamente con la intención de llevar ventaja sobre aquellos a quienes una reapertura fronteriza permitiría mejorar su potencial. Pero también, porque el límite de foráneos barajado desde la Delegación Nacional de Deportes, quedaría en dos, y algunos contaban con tres, o hasta cuatro falsarios, lo que implicaría descartes entre lo que ya tenían en sus plantillas y, consecuentemente, un teórico debilitamiento competitivo. Entre los de 2ª, en cambio, el “sí” lo enarbolaron quienes fueran descubiertos en pleno ejercicio de ilegalidad, temiendo, claro, que el relevo en las altas instancias deportivas pudiera pasarles factura, si como se rumoreaba pretendieran entrar a sangre y fuego. Eso sí, todos se escudaron en razones altruistas, de coherencia personal, o en el bien del fútbol. Como ilustración, quede el cómputo en 2ª División: Betis, Bilbao Atlético, Burgos, Castellón Gijón, Onteniente, Rayo Vallecano, U.D. Salamanca, Ferrol y Club Atlético Osasuna, votaron negativamente, los ferrolanos delegando su voto al Rayo Vallecano, y Osasuna mediante telegrama a la secretaría federativa. El R.C.D. Español se abstuvo. No aparecieron por la asamblea ni justificaron su ausencia, Real Murcia, C.D. Orense, Oviedo, San Andrés, R. Valladolid e Ilicitano, aunque la postura de este último debería ser la del Elche C. F, dada su condición de filial. Los favorables: Córdoba C. F., en cuya plantilla figuraba Rojas; Calvo Sotelo de Puertollano, con Doldán, y C. D. Málaga, con Viberti ejerciendo de estrella. En resumen, 10 noes, 3 síes, una abstención y 6 incomparecencias.
Antonio Martínez, gerente del club cordobés, justificó su “sí” con estas palabras: “Más que nada, pensando en los demás y en el bien que puedan aportar los jugadores extranjeros. Porque el Córdoba, pese a otorgar un sí, no piensa fichar extranjeros”. Rafael Campanero, su presidente, prefería repasar la historia de nuestro fútbol: “Recuerdo que fueron los extranjeros quienes me metieron a mí este veneno. Los Di Stéfano, Puskas, Kubala y demás, que llenaron los campos. Así que pienso pudieran llegar un día otros capaces de hacer con los demás lo mismo que aquellos ases hicieron conmigo”. Emilio León, secretario del Calvo Sotelo, parecía más pragmático: “Porque el futbol español necesita jugadores que enseñen. Interesa, además, por la taquilla, y porque aportan emoción al campeonato”. El gallego Antonio Rodríguez López, presidente del C. D. Málaga, prefería enredarse entre pájaros y flores: “Porque el hombre debe ser fiel a sus principios, y el primero consiste en mantener la palabra. Yo dije hace tiempo que quería extranjeros, y mantengo ese criterio. Lo demás no lo entiendo. Soy de los que contra la opinión de muchos, pienso que el fútbol es espectáculo y como tal hay que tratarlo. Cuando doy buen fútbol u ofrezco una atracción, el campo se llena; si hablo de aprovechar la cantera, ¡ni caso! Por el camino del buen fútbol y los atractivos, entiéndase Viberti, he rebajado en cuatro millones el déficit del club, además de mantenerlo exclusivamente con las taquillas, no con mi peculio personal. Y sépanlo: Viberti sólo enseñó a sus compañeros a estar en el campo. ¿No es importante eso?”
Distintos medios informativos, como “AS” desde Madrid, “El Mundo Deportivo” y “Tele/eXprés”, desde Barcelona, habían realizado encuestas entre los clubes de 1ª División acerca de lo que pensaban votar en la consulta sobre autorizar la libre circulación de extranjeros. Y el resultado de todas fue un sí categórico, con sólo tres entidades abrazadas al “no”: Athletic Club, Real Sociedad de San Sebastián y Unión Deportiva Las Palmas. Las tres que más apostaban por sus canteras. De ahí que el cómputo definitivo, saldado con aplastante negativa, sorprendiera muchísimo.
El madrileño diario “AS”, el día 11, expreso su desconcierto y desazón por la oportunidad perdida para admitir de una vez a futbolistas extranjeros, bajo el título de “¿En qué quedamos, señores?” Y arrancaba con fuerza:
“Al paso que vamos, y si hay que fiarse de la reunión que los representantes de los clubes de Primera División tuvieron el lunes en la Real Federación Española de Fútbol, la próxima temporada tampoco habrá extranjeros en nuestro fútbol. Extranjeros de reciente importación, se entiende, porque los que ya están jugando en nuestros equipos tienen, futbolísticamente hablando, su documentación en regla o, al menos, aceptada. Para los otros, para los que aún se encuentran fuera de nuestras fronteras, las barreras permanecerán cerradas. Kruyff(2), Van Moer, Beckenbauer y compañía, sólo podrán venir con sus respectivos clubes o a pasar las vacaciones.
En las dos horas que duró la reunión del lunes, cada cual dijo lo que quiso; cada uno expresó sus puntos de vista y, al final, quienes abogaron por la importación -exponiendo que con ella mejoraría el nivel del fútbol nacional- se vieron derrotados en toda línea por los que no quieren abrir las fronteras -que son cuantos aducen que con extranjeros en nuestro fútbol, la Selección nacional cosechó aproximadamente los mismos títulos que sin ellos-. Total, que los del “NO” superaron a los del “SÍ” por el elocuente tanteo de once votos contra cinco. Lo que más extrañó de este tanteo, sin embargo, no es la “goleada” en sí, sino quiénes marcaron los tantos. (…) A favor de la importación votaron el Barcelona, Sabadell, Sevilla, Mallorca y Granada. Y en contra el Real Madrid, Atlético de Madrid, Zaragoza, Valencia, Elche, Coruña y Celta. Además de los tradicionalmente opuestos, claro: Atlético de Bilbao, Real Sociedad y Las Palmas, cuya línea de conducta a este respecto es de sobra conocida y, naturalmente, respetable.
Ahora, cuando les llegue la hora de su referéndum a los clubs de Segunda División, lo lógico es pensar que el “NO” seguirá imperando, puesto que las economías de clubes como Sporting de Gijón, Español -con su deuda y sin Vila Reyes-, Córdoba, Betis, Rayo Vallecano, Málaga, Oviedo, Onteniente, Castellón, Valladolid, Ilicitano, Burgos, Orense y demás, no deben estar actualmente muy sobradas de millones para pescar en otras aguas que no sean las jurisdiccionales españolas. O sea que cuando el “SÍ” parecía casi seguro, ahora resulta que el “NO” tiene todas las de ganar. En el transcurso de unos meses, la mayoría ha dado la vuelta a la tortilla. Porque, claro, no querríamos ser peor pensados aún… Resulta que todos los que han dicho “NO”, tienen extranjeros en sus filas, oriundos o no, frutos o no del reciente timo de los paraguayos. El Atlético de Madrid a OVEJERO y BENEGAS; el Real Madrid a FLEITAS; el Zaragoza a OCAMPOS; el Valencia a ANÍBAL; el Celta a LAZCANO; el Coruña a MARTÍNEZ; el Elche a CASCO y GONZÁLEZ; y hasta el Pontevedra, farolillo rojo en la clasificación, a RIVEROS. Por no citar más nombres.
A la mayoría los han fichado estos clubes la actual temporada, sabiendo que, oriundos o no, eran futbolísticamente extranjeros. ¿Pretenden ahora que no se abran las fronteras, después de haber buscado ellos su correspondiente partida arancelaria para importarlos? ¿Qué les mueve ahora a decir “NO” en lo mismo que hace muy poco aún decían “SÍ”? ¿Suponen, quizá, que los éxitos de la selección-Kubala van a repercutir en los éxitos de cada club que actúe en la próxima Copa de Europa, la Recopa o la Copa de Ferias, o, sencillamente, en su actuación liguera o copera a escala nacional? Porque la verdad es que si seguimos como hasta ahora, que para ver un partido bueno hay que presenciar -“tragarse” podríamos decir más claramente- una docena de malos, el “NO” será un fraude para el aficionado, que es quien paga, y que un día, hastiado, claro, puede cambiar su domingo futbolístico por el “week-end” en familia, lejos de la ciudad.
De momento, la votación de lunes nos deja a todos -y los aficionados en general no constituirán excepción- en el más absoluto asombro, tras el cual lo única que cabe preguntar es, ¿en qué quedamos, señores?”
Dos días después, el mismo diario deportivo, aunque con distinta pluma, destapaba que los clubes se enteraron durante aquella reunión que sus oriundos, fueran falsos o reales, contarían como extranjeros en el caso de que triunfara el “sí” en favor de la apertura fronteriza. Y ello daba pie a la inusual dureza de su redactor o editorialista:
“Pero la siembra de entonces, la siembra de aquel aquelarre que pasó por la Federación sin soluciones y que hoy se encuentra en manos de la Delegación de Deportes, ha traído esta cosecha disparatada del lunes, reafirmando en la legalidad un fuero desatinado para un deporte que intenta y quiere vivir en pleno régimen democrático, pero se da de bruces contra esta pared que prohíbe la libre contratación, y anula todos sus nobles intentos en una época en que el país busca la apertura y el diálogo a través de las fronteras, en esferas de mayor enjundia que la del deporte del balón. Nada significa que no pueda probarse que los extranjeros han causado un mal palpable al fútbol de Selección, porque, abundando en el ejemplo más reciente, se ha demostrado cómo con el mismo muestrario de hombres donde elegir, se puede alcanzar el más sublime de los fracasos -nuestra eliminación para Méjico y la derrota ante Finlandia- o el más alegre de los triunfos -la victoria ante Alemania y el empate ante Italia-, y sí que lo único claro es que todo depende de la selección que se haga y de la forma en que se la obligue a jugar. Nada significa, como decimos, porque aquí cada cual va montado en el machito de sus intereses particulares, que hoy son blancos y mañana azules, y nadie tampoco quiere apearse de él. Nada raro tiene, ahora que se conocen los pormenores que rodearon a la reunión del lunes, el “no” mayoritario, porque fue, en realidad, un no obligatorio que los clubes antes interesados en la importación, hubieron de dar ante la celada que se les tendió.
La del lunes no fue una votación libre y democrática, sino condicionada por la clasificación de extranjeros otorgada de la noche a la mañana a los oriundos, y que saltó inesperadamente al tapete federativo cuando la urna abrió su boca para el “sí” y el “no”. Los clubes, una vez más, cayeron en la red como incautas palomitas, no sabemos si para continuar con la costumbre cada vez que se reúnen más de tres en el local de la Federación Española, o porque prefieren ceder en ciertas cuestiones a cambio de no remover asuntos pasados, aún sin resolver. Poque ante esa urna, en la que se condicionaba la libertad de voto al clasificar como extranjeros a los oriundos, lo indicado era dar el paso atrás, no aceptar como normal la votación, aplazarla y solicitar, de una vez para siempre, que se termine cuanto antes el llamado “timo de los paraguayos”. (…) Porque se nos antoja una auténtica monstruosidad discutir la derogación de una ley cuando los condicionamientos de la misma están por resolverse.
¿Están o no legalmente inscritos los paraguayos en el fútbol español? ¿Son o no jugadores extranjeros? El día que la comisión encargada de investigar el caso encuentre una respuesta oficial, se podrá hablar de un referéndum justo de cara a la importación.
Para nosotros, lo ocurrido el lunes no debe tener ningún valor. Porque ha sido, como se ve, una pantomima más de las muchas que se montan con la inexplicable complicidad de los clubs”.
Muy curiosa la apelación democrática, cuando en marzo de 1970 España seguía siendo una “democracia orgánica”, o sea la antítesis de cualquier democracia convencional. Un país donde los procuradores en cortes actuaban como cualquier “clac” teatral, el trabajador -productor en la jerga oficial, puesto que lo de trabajador sonaba a tiempos de movilización obrera- sólo podía integrarse en el sindicato vertical; la Falange, partido único, había caído en desgracia tiempo ha, y pese a ello continuaba detentando el cetro del deporte nacional; lo de votar no se estilaba; los presidentes de la R.F.E.F. y la D.N.D., se designaban a dedo, y la única afiliación libre para el ciudadano se reducía a ser socio del Real Madrid, Barcelona, Rayo Vallecano, Iliturgi de Andújar, Alcoyano, Cacereño, Recreativo de Huelva o Balompédica Linense. Todavía, en el país que pretendía asomar al exterior y recibía enjambres de turistas, se censuraban los bikinis en las carteleras cinematográficas. Y sólo hacía falta que algún lector puntilloso tomara este texto como una llamada a la insurrección de clubes y aficionados, para que su autor, acompañado por el jefe de redacción del periódico, se viera en el trance de ofrecer explicaciones. En cualquier caso, la postura del medio en favor de la levantar la barrera a la importación de futbolistas, resultaba meridiana.
Desde Barcelona, “Tele/eXprés” dedicó al tema su editorial del 12 de marzo, que arrancaba con una nota laudatoria a los clubes de cantera, personificados en el At. Bilbao, y se sumaba en buena medida a los postulados de “AS”, aun arrimando su ascua a la sardina azul y grana:
“El resultado de la consulta sobre la importación de jugadores extranjeros creemos habrá sorprendido a la misma empresa. El ambiente general parecía inclinarse a la conveniencia de abrir las puertas a futbolistas de otras latitudes, con todas las limitaciones y garantías de calidad que se quieran. En este sentido, directivos y prensa ofrecían un criterio casi unánime. El casi son los respetables conceptos que ofrecen clubes de invariable tradición, cuyo paradigma es el Atlético de Bilbao. Como nuestros lectores recordarán, en la encuesta que publicamos en “Tele/eXprés” entre los presidentes de clubs de Primera División, el panorama quedaba muy claro. Los “sí” dominaban totalmente. Sin embargo, aquel “sí” espontáneo y honesto se ha convertido en un “no” que cuesta creer trabajado y difícil. O el fútbol español están manos variables y mentes con criterios poco firmes, o aquí ha pasado algo. Nosotros, como es lógico, nos inclinamos a pensar que “aquí ha pasado algo”. ¿Sabremos alguna vez exactamente qué? Lo dudamos. La política futbolística es mucho más hermética, compleja e interesada que la otra.
Nos costaría mucho pensar que los dos éxitos de Kubala con la Selección nacional hayan modificado los criterios, hasta el extremo de convertir el anterior pesimismo en un optimismo desbordante. El espectáculo futbolístico de cada domingo sigue siendo abrumadoramente pobre, sin ningún ramalazo de aquella genialidad que captó a las multitudes y llenó enormes estadios. El fútbol español, que digan lo que digan los puritanos ha dejado de ser deporte para convertirse en espectáculo y pasión, necesita todos los jugadores de clase capaces de animarlo y abrir nuevos cauces de afición. De esto están convencidos muchos clubes que han dicho “no”. Incluso -Di Stefano, Puskas, Kopa, Santamaría, Rial, Olsen, Hon, Didí, Canario, Evaristo…- el más importante de los “no”.
El asunto de los paraguayos, aunque se cubriera después de legalidad con injusticia para los demás clubs, enturbió el agua -de natural bastante polucionada- del fútbol español. Ahora, los que ya tienen “el” extranjero, no encuentran lo que buscan porque “otros ya lo han conseguido”, y como andan flojos de caja dicen que no y han hecho decir que no. Era preferible, desde su punto de vista, congelar el asunto esperando mejor ocasión. Esta hibernación temporal puede salvar muchos intereses. ¿O no?
El asunto no está nada claro. Diríamos que muy oscuro. Y con un perjudicado visible: el Barcelona, que renunció al paraguayo salomónico cuando todo parecía indicar que sería posible hacerse honesta y abiertamente con jugadores extranjeros. Como tememos que la maniobra no ha hecho mas que empezar, estamos de acuerdo con don Agustín Montal: ¿Dicen que no? De acuerdo, pero que esta cuestión no pueda revisarse en diez años.
No sea que dentro de tres meses las cosas cambien… y vuelva a ser perjudicado el Barcelona.
Como podría suceder.
¿O no?”.
En realidad, el principal perjudicado con semejante lío, con la sucesión de medidas erróneas para tapar tanta dejadez, ambición mal entendida e incompetencia, era el propio fútbol. Su crédito, si algo conservaba aún. La honestidad, que debiera ser santo y seña de sus gestores. Y también, claro, perjudicadas en extremo cuantas entidades abrazadas fielmente los acuerdos federativos, circulares, normas y principios básicos del código penal, no optaran por tirarse al monte con trabuco, como bandoleros del balón.
El diario deportivo “Marca”, en cambio, sacaba la cara al ente federativo y la Delegación Nacional de Deportes, además de apoyar el veto a los extranjeros. Bajo el título de “Sensatez, cordura” su editorial, aquí ligeramente resumido, resultaba diáfano:
“Más de dos terceras partes de los votos con que los presidentes de Primera tenían que pronunciarse sobre la contratación de extranjeros, han echado al corral el toro de la importación. A MARCA no le ha sorprendido que se impusiese la cordura, ni que algunos presidentes que con anterioridad se manifestaran en favor de contratar valores extranjeros, hayan rectificado su postura. Cambiar de opinión -canta el dicho popular- es de sabios. Y para cambiar de opinión no hacen falta años, meses ni semanas. Basta un momento de meditación. Se puede estar pensando media vida en comprar un “Mercedes”, pero en el momento de realizar la operación también cabe pensar que es mejor amueblar el piso y seguir valiéndose del “seiscientos”, porque es en ese justo momento del desembolso cuando se distingue mejor qué es útil, y qué ostentación y despilfarro. Sensatez, en suma (…)
Creemos que no sólo el éxito de Kubala y el equipo nacional ha llevado a los opinantes a entrar en el camino de la cordura. También el frío examen de la cada contabilidad; también el miedo a tirar unos millones -no será el primero, ni el segundo, ni el décimo extranjero que con marchamos internacionales viniera a fracasar en España- debió pesar en el platillo de la balanza. Extranjeros, por otra parte, ya hay suficientes en los clubs, llegados como oriundos -aunque luego se demostrara que de tal cosa nada-, muchos de los cuales no han hecho otra cosa que firmar su contrato y jugar algunos partidos. Este ejemplo tan a mano -¿cuántos internacionales paraguayos han triunfado entre los que entraron escondiendo sus actuaciones en el equipo nacional del su país?-, también habrá añadido su granito de rena en el momento de la meditación.
En este periódico todas las plumas han consumido alguna tinta advirtiendo sobre el peligro que entrañaba la importación. Así que la postura adoptada ha satisfecho en MARCA, donde se cree que ahora entramos en otra etapa de trabajo ilusionado por revalidar los éxitos alcanzados frente a Alemania e Italia; del trabajo en el fomento de las propias canteras; de gastar esos millones destinados a irse del país, en la construcción de terrenos donde puedan cultivarse los chiquillos.
Todo será mejor que ganar títulos -de clubes nada más- visítenos con ropas ajenas. Si con todo no somos capaces de tener un fútbol capaz de asombrar al mundo, habrá que convenir que tampoco lo tuvimos nunca, y sólo esporádicamente nos asomamos al concierto internacional con personalidad, carácter… y resultados.
Trabajemos, pues; gocemos, de paso, de Ligas más disputadas, más interesantes como espectáculo, incluso, que las de los últimos años -las que ganaban de salida los Di Stéfano y Kubala-. Y si hay que traer algo para orlar y mejorar nuestro fútbol, tráiganse catedráticos, como decía recientemente el presidente del Atlético de Bilbao”.
Ese mismo día y en el mismo ejemplar de “Marca”, los lectores encontraron una visión distinta firmada por Alfredo Rueda, corresponsal de dicho medio en la ciudad condal. Su título resultaba bastante explícito: “En Barcelona no ha gustado la decisión”. He aquí sus párrafos más elocuentes:
“Es comentario general que al decir no a la importación de jugadores, impiden al Barcelona, a quien se prohibió en su día fichar a Irala debido a una denuncia atendida puntualmente por el secretario general de la Federación Española, señor Ramírez, recupere el terreno perdido haciéndose con un jugador de gran talla internacional. Y no se acepta como válido el plazo de dos meses que se dio para fichar jugadores sudamericanos internacionales, para corregir el desaguisado federativo, pues se estima que no cabe fichar con precipitación y en plazo determinado a quien puede costar muchos millones.
Vuelve, pues, a cobrar actualidad en Las Ramblas, el desaguisado que cometió la Federación Española, permitiendo que jugadores internacionales sudamericanos pudieran competir en España, vigente su prohibición. Por eso en el seno del Barcelona se preguntan hoy en qué quedó el expediente abierto por la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes (…)
En el transcurso de la reunión, el representante del Real Madrid manifestó que dentro de seis meses podría considerarse nuevamente la conveniencia de fichar extranjeros, a lo que el presidente del Barcelona, Señor Montal, se opuso diciendo:
- Eso no. Si decimos no es porque consideramos que no interesan los extranjeros, y lo que debe hacerse es ayudar a la selección nacional con nuestros valores. Por tanto, que la prohibición se extienda a 1974, hasta el Campeonato del Mundo que organizará Alemania, plazo fijado como meta para la selección que ha empezado a dirigir con éxito Ladislao Kubala.
En Barcelona se acepta plenamente, como vemos, la decisión de la mayoría, pero no sin protestar por la forma en que la Federación ha venido actuando con evidente carácter discriminatorio. Y el Barcelona, naturalmente, como club español, desea que la selección nacional se beneficie en verdad con una decisión que, si hoy se adopta en perjuicio de sus colores, no ha de satisfacer el capricho de quienes dentro de un determinado tiempo precisen el concurso de extranjeros, para recuperar calidad y prestigio.
Transcribimos unas palabras del señor Montal: El Barcelona es consecuente con sus actitudes. Por eso felicitamos al Atlético de Bilbao, que sólo tiene una palabra. Y mucho me alegrará que los dos partidos amistosos contra Alemania e Italia, marquen de verdad una tónica de rotunda recuperación en nuestro fútbol. Aunque dudo podamos sanas de nuestros defectos futbolísticos en unas semanas. Manos a la obra, con jugadores nacionales”.
Los “oriundos” continuaron llegando, sin que la nueva dureza normativa les amedrentara. Aquellos muchachos ni acreditaban ser Demóstenes en su fluidez verbal, ni mayoritariamente parecían preparados para desenvolverse al margen del balón. Hubiesen firmado cualquier cosa, conscientes de multiplicar por cuatro, o hasta por seis, lo devengado en Paraguay o Argentina. España era Jauja, de manera que merecía la pena arriesgarse. ¿Por qué no iban a hacerlo, si a Sebastián Fleitas, Genaro García, Aníbal Pérez, Ricardo González, Juan Carlos Rojas y Benjamín Cáceres, pillados en delito, se les trataba con guante de seda? En marzo de 1970, la D.N.D. había acordado para ellos, sin nombrarlos, “que los jugadores españoles procedentes del exterior, contratados por clubes nacionales mediante la presentación de incorrectas acreditaciones de no internacionalidad, deberán abandonar dichas entidades al concluir sus contratos, no pudiendo ser trasferidos a ninguna otra”. El propósito resultaba obvio: no perjudicar a los clubes de fútbol, sorprendidos en su buena fe, si es que tal cosa existiera. Pero los resultados no pudieron ser más catastróficos. Falsificadores, intermediarios, futbolistas con rostro de pedernal, y obviamente clubes interesados en mirar hacia otro lado ante lo que les llegaba, salían impunes. ¿Por qué no iban a pensar quienes firmaran un contrato por tres años, sirviéndose de falsedades documentales, que durante ese periodo pudieran dictarse nuevas disposiciones, hasta dejar su fechoría en el olvido?
Intuyendo, quizás, lo que pudiera deparar el futuro a corto plazo, tras la cicatrización en falso de tamaña herida, desde “AS”, nuevamente, se disparó sin bala de fogueo. Su titular, “Ahora, peor”, ya lo decía todo, como acreditan los siguientes párrafos:
“La D.N.D. ha tratado de fallar nadando en varias aguas. Por un lado están los clubes con jugadores ilegalmente importados y cuya situación, de hecho, cuando se produjo la denuncia de falsificación documental ya iniciada la temporada, no se quiso tocar por evitar males mayores. A aquellos se les concede autorización mientras dure su contrato actual, pero habrán de renunciar automáticamente cuando el mismo expire, con lo que algunos jugadores saldrán más caros que un ojo de la cara, no pudiendo ser retenidos ni traspasados, reembolsándose así parte de lo que en su día pagaron por ellos. Este pudiera ser el caso de Fleitas, que va a salirle al Madrid por tres millones de pesetas largos al año; o sea, el jugador más claro del club en toda la historia. Por otro lado está el club denunciante, el Barcelona, promotor del gran lío de los paraguayos, por mor de Irala, y a quien la D.N.D. ha concedido la cabeza del secretario general federativo, como responsable del desaguisado. Y uno, en su ingenuidad, pregunta cuántas pudieran ser las cabezas responsables en este asunto, y qué parte de culpa cabría a cada una de ellas. Pues mirándolo bien, si se empieza a pedir responsabilidades, quizá hubiera que seguir hasta muy arriba. Y también se pregunta uno, todavía desde su ingenuidad, si alguna otra cabeza no se presentará voluntaria al secretario, para no dejarle en mal lugar. Se habría obtenido, a lo mejor, el fin que indirectamente pudiera perseguirse.
Por otro lado, puesto que la cuestión es multilateral, están quienes entraron con el visto bueno de la D.N.D., en el plazo que graciosamente concedió esta para fichar jugadores sin cumplir el requisito reglamentario de no internacionalidad, y cuya situación no se sabe si es igual o distinta a la de los primeros paraguayos. Si la D.N.D. dio autorización a su fichaje, se entiende que tales futbolistas se encuentran reglamentariamente inscritos desde el primer momento, que tendrán derecho a continuar en el fútbol español cuando finalicen sus contratos. Tal es el caso de Ovejero, Viberti y Ocampos. Si esto fuera así, no cabe duda que, quiérase o no, estaría cometiéndose un acto de discriminación, y que el derecho a la protesta estaría en pie de nuevo”.
El editorial se enredaba luego en matices sobre lo ya transcrito a raíz de la votación, resuelta con un mayoritario “no” a las importaciones. Volvía a recordar que el referéndum no fue serio, sino ventajista; que ni siquiera debió efectuarse, al esconder medidas posteriores, sin duda para entonces precocinadas. Tildaba de ingenuos a cuantos clubes cayeron incautamente en la red tendida por “otros en su maquiavelismo por conseguir el no mayoritario”.
Y concluía así:
“Nos tememos que el asunto no va a parar aquí. Y todo por no permitir que los clubs puedan fichar a cualquier ciudadano que, estando en paz con la justicia, tenga cierto arte para darle al balón y divertir a los espectadores. Porque el resumen grotesco de todo este tinglado, a la vista de las disposiciones en vigor, es que para jugar al fútbol en España no basta con tener pasaporte español y ser buen jugador. Oiga, como se lo contamos”.
Tan sólo un breve apunte, aunque ello equivalga a adelantar acontecimientos. Ni Fleitas, ni Aníbal Pérez, Ricardo González, Benjamín Cáceres, o los beneficiados por la graciosa moratoria, como Viberti o Santos Ovejero(3), salieron de estampida al concluir sus contratos. Para cuando estos vencieron, ya se había arbitrado otra creativa fórmula facultándolos a finalizar sus días de corto en suelo español.
De vuelta a Barcelona, Carlos Pardo acreditaba su valentía desde “El Mundo Deportivo”, no tanto defendiendo a la entidad “culé”, sino atacando al organigrama federativo y la D.N.D., culpables fundamentales por crear el problema, no resolverlo a tiempo, e intentar esconder sus respectivas vergüenzas, avergonzando a todo el fútbol. “No se puede perpetuar la injusticia ni el favoritismo”, eligió por título, desde el que entró con bayoneta calada.
“El fútbol español, sin duda alguna el más importante de nuestros deportes, es, o parece ser en muchas ocasiones, el menos serio de todos. Y lo que es más grave, en su más alto nivel. Sus diferentes criterios parecen estar impulsados por la más loca rosa de los vientos, y la sensación de que todas sus soluciones son precarias y acomodaticias, es demasiado permanente para quienes pensamos que el fútbol, por ser precisamente grande y popular, necesita estabilidad de criterios y, sobre todo, una justicia igual para todos”.
Tras pormenorizar lo ya sabido, el salto asambleario del previsible pláceme importador al “no” mayoritario, y pespuntear el giro de 180 grados, criticaba tanta propensión a colocar parches, porque si bien con ellos pueden taparse las apariencias, jamás solucionan los problemas de fondo. “Demasiado fácil y demasiado flojo -escribió-. Aparentemente, todo arreglado. Pero no es así. Al no tirar por el camino de la recta justicia, del debate entre los clubs, de la aplicación estricta de los reglamentos, que para algo se hacen, el fútbol español se encuentra con un paquete que huele mal bajo su más alta mesa, y no sabe cómo deshacerse de él para que luzca la imparcialidad y la buena ley”.
Añadía, igualmente, que mientras unos clubes tenían extranjeros y otros no, con el vano propósito de contentar a todos, se había abierto un pasillo tan breve temporalmente, tan abocado a la precipitación, que en puridad impedía fichar con garantías de acierto a quienes desearan reforzarse. Que era sobre el césped donde se jugaba al fútbol, no en las mesas de discusión federativas “tan sutiles para hacernos comulgar con ruedas de molino, simulando que a través de una consulta democrática se protege lo justo”.
“Nada de eso -añadía-. Lo que perpetúa es la injusticia y el favoritismo, lacra del fútbol español desde hace años, que sólo podrá desaparecer cuando las asambleas futbolísticas no estén mediatizadas por quienes temen perder cargos o secretarías, y la voz y el voto de los clubs no se hallen condicionados. Esta es la verdad y no otra. Lo lamentable es que dos buenos y limpios resultados como los logrados ahora por la selección de Kubala, sirvan de escudo para una nueva tartufería, manteniendo situaciones de favoritismo y privilegio para algunos clubs, alcanzadas mediante trampas y falsificación de documentos.
Con la siniestra ironía de que esos clubes, aceptando y presentando aquellos documentos falsos, convirtiéndose en cómplices más o menos inocentes del engaño, son ahora, mediante sus votos, quienes cierran el paso a la legalidad, en detrimento de los que obraron correctamente.
“Es esta, desde luego, una forma muy curiosa de administrar justicia”.
Pues bien, siguiendo su línea argumental, a la que pocas objeciones caben, El Barcelona contaría entre los “cómplices más o menos inocentes del engaño”, al menos en grado de tentativa. Quiso colar a Irala, sin lograrlo, en tanto otros clubes, los más damnificados a tenor de la lógica y el hilo argumental, o no pudieron contar con algún refuerzo fullero, porque su situación económica o las circunstancias se lo impidieron, o ni lo intentaron. Carlos Pardo parecía defender la justicia, tanto si se enjuiciaba a Agamenón, o a su porquero.
Claro que el mismo periodista dejaba esta otra perla, unas fechas después, bajo el antetítulo de “Con la cabeza alta”:
“Una vez más, y van tantas, el Barcelona pierde con la cabeza alta, no en el césped, sino fuera de los campos de juego. Pero tiene, por lo menos, la gran satisfacción de ser consecuente, no desmentirse, y no hacer el triste papel de estos presidentes de grandes clubes que en el mes de junio se declaran partidarios de la importación, y ahora, con la ilegal pero reconocida carta del “paraguayo” que les ha subido a su baraja, quieren negarle este as al contrario. Y para colmo de ironías sólo nos falta leer, como hemos hecho hoy, en “AS”, que el Real Madrid, posiblemente, va a fichar a Ovejero, otro internacional que entró con trampa, para reforzar a su débil defensa. Con lo que de ser cierto tendrá en sus filas dos internacionales con otro país el próximo año.
Así es nuestro fútbol… cuando no se piensa en todos”.
Quede constancia de que el argentino Iselín Santos Ovejero Maya, no fichó nunca por el Real Madrid. Permaneció en el Atlético de Madrid durante 5 temporadas, disputando otras dos con el Real Zaragoza, todas ellas en 1ª División, ya en segunda, una con el Tarrasa, y con 32 años a cuestas otra en el San Andrés, de Barcelona, en la recién creada categoría de Segunda “B”.
Entre la prensa barcelonesa, no la mayor ecuanimidad, aunque sí la máxima afección federativa, pareció darse en el diario “Dicen”, que el 19 de marzo de 1970 ofreció este editorial, con evocación a nuestros clásicos en su título: “Que el traidor no es menester…”
“La justicia a palo seco, además de ser imposible, es, incluso, improcedente. No son muchos los salomones que pueden acertar con la verdad absoluta, por los encontrados pareceres entre los que deben decidirse para que los administrados puedan sentirse satisfechos, o mitigado, por lo menos, su descontento inicial.
Ahora la Delegación Nacional ha terminado de hacer justicia, fiel a su línea de conducta y apoyada, previamente, por la consulta que se hizo desde la Federación Española a los presidentes de los clubs. La ley era tajante, pero quedaba un cabo suelto, y unos privilegios, por lo que quizás -como se ha maliciado en letras de molde- algunos “síes” se convirtieron en “noes” a la hora del escrutinio definitivo. Ese cabo suelto, el del “timo de los paraguayos”, continuará siendo un timo, pero reducido a “timito” ante el límite de tiempo, muy breve, que se pone a su permanencia en nuestros campos de juego.
Hubiera sido muy cruel, de aires dramáticos, exigir la anulación en redondo de los contratos en vigor. Cabría decir que fueron engañados los que contrataron a los vendedores de carne humana, o a los clubes que a su vez habían adquirido anteriormente a unos jugadores que sí merecían castigo por su perjurio, afirmando no haber sido internacionales en su país de origen. Pero al decidirse hora que al término de sus contratos deberán abandonar nuestros campos (es posible que los clubes acorten su permanencia), ya que la medida más inteligente será traspasarlos al exterior, mediante prima de fichaje, antes de verlos partid con las maletas llenas como premio a su falsedad, y con perjuicio evidente para la entidad que los contrató.
De ahora en adelante se exhorta a la Federación a que asegure la legalidad de posibles contratos futuros a españoles procedentes del exterior, que deberán llegar con la acreditación del máximo órgano internacional, la FIFA, de no haber representado a su país de origen en compromisos de selecciones. Y es natural que así se exija. La madre del cordero, la de prohibir la importación de extranjeros, no nació caprichosamente en nuestro país, ni en Italia, ni en otros muchos. Aparte de volver España vencida en Chile por los dos equipos que luego se proclamarían campeones del mundo, Brasil y Checoslovaquia, coincidió ello con la disposición de la FIFA vetando la posibilidad de que el internacional de un país pueda luego jugar en otro con la misma consideración. Eso quitó valor a la mercancía, ya que un jugador paraguayo, por ejemplo, si tenía clase había sido seleccionado por su país, y ya no podía actuar como tal con nuestra selección. Y (no habiendo sido internacional) significaba un albur traerlo a nuestra península, aunque fuera hijo de españoles.
Pero aún hay más en la disposición de la DND, por afirmación, y quizá, quizá, por omisión. ¿Qué ocurrirá con los jugadores fichados entre el 4 de octubre y el 30 de noviembre? Claro que el “no” de sus presidentes les obliga a sentirse incluidos en lo del contrato a rescindir, a su término preciso.
Se ha hecho justicia casi perfecta. Recuérdese lo dicho más arriba, léase un poquito entre líneas, que escribir a palo seco también resulta un poco ingrato, como administrar justicia de vara y tente tieso. Justicia calderoniana, más que salomónica. Como la de aquel personaje en nuestro teatro del Siglo de Oro, que dijese aquello de: El traidor no es menester, siendo la traición pasada”.
Un par de precisiones. Los paréntesis sustituyen frases del original, indigeribles a causa de su mala sintaxis, que lejos de desvirtuar el contenido intentan hacerlo más inteligible. Al anónimo redactor del mismo cabría recordarle, también, puestos a reivindicar clásicos, el axioma latino de “Dura lex, sed lex”, piedra angular del Derecho Romano y clave de los modernos Estados de Derecho. Indica que, pese a la severidad normativa, o que en determinados contextos su aplicación pueda antojarse injusta, la ley siempre ha de cumplirse, como garantía igualitaria de seguridad jurídica.
Como colofón al repaso periodístico, vayan unos extractos del largo artículo publicado en “Tele/eXprés” con la firma de F. Sole Marsal, titulado “El fútbol español en el tobogán de la demagogia”.
Uno de sus subtítulos rezaba: “Todos los intereses merecen respeto”. Discutible aserto, como mínimo. Puesto que el respeto fundamental debería ser a la ley, no a los intereses particulares, cuya deriva conduce al vandalismo. Igualar el hipotético derecho del infractor a los del, o los perjudicados, constituye no sólo una aberración jurídica, sino propugnar el retorno a las cavernas. En el párrafo bajo dicho subtítulo, se recogía: “Con la negación a la contratación de extranjeros, se daña lamentablemente interese de otras entidades”. En suma, estado vigente la prohibición de incorporarlos, y dado que algunos se hubieran puesto el mundo por montera, fichándolos indebidamente, los demás adquirían el derecho de vulnerar igualmente la ley, sin pechar con ninguna consecuencia. Argumento por demás insostenible.
El subtítulo para su párrafo final, ya anticipaba de qué iba lo del “tobogán de la demagogia”. Rezaba así: “El Barcelona es algo más que un club”. Y he aquí su contenido íntegro:
“Como final señalaremos que en una nueva ocasión los clubs catalanes, y singularmente el Barcelona, han servido de “mingo” a los maquiavelismos e intereses de otros. Se acaba de poner en evidencia lo mucho que pesó el C. de F. Barcelona en la ambientación del fútbol nacional. Un lauro que debe enorgullecer al presidente azulgrana, porque (junto) al glorioso club decano no se apiñan 60.000 asociados que salvan ya antes de empezar la temporada su situación económica. No, en torno a la entidad están la gran Ciudad Condal, está toda Cataluña. Y ello molesta a muchos que nosotros hemos visto sufrir en la tribuna del Bernabéu o del Manzanares, por un fallo de Luis o por un gol de Amancio.
La Vitalidad y la potencia económica del Barcelona, asusta. Así es lógico el titubeo de algunos que donde dijeron “digo”, después dijeron Diego…
¡Señor Montal! Nuestra enhorabuena. Su Barcelona es único… Desde la capital acaban de ratificarlo”.
Cualquiera diría que “Tele/eXprés” fuese otro órgano del club “blaugrana”(4). Hay guardaespaldas que no se aplican tanto en la defensa de quienes deben proteger a toda costa.
Por otras latitudes, las cosas se veían de distinta manera. José Javier Aranjuelo, con su habitual seudónimo de “Erostarbe”, redactó esta información desde San Sebastián:
“Cuando en tantos sitios se da carpetazo al llamado “timo de los paraguayos”, por estar tierras del Norte no ocurre lo mismo. Se ha escrito abundantemente en los periódicos regionales, y con claridad de conceptos, sin dejar lugar a dudas, el rechazo a las decisiones de los órganos oficiales. Y apenas ha vuelto a salir este corresponsal a la calle, tras el batacazo de la gripe, se encuentra con la noticia que le llega de muy buena fuente:
- Es probable una reacción oficial por parte de los clubes vascos de Primera División. La Real Sociedad lleva la iniciativa.
En el club blanquiazul no estaba el presidente, y el portavoz ponía prudencia en sus declaraciones; pero he sacado la conclusión de que, en efecto, la Real Sociedad ha entrado en contacto con el Atlético de Bilbao para una acción común.
- Hay bastantes cosas por aclarar de modo oficial y rotundo, que no se han dado -me informó-. Pase todavía, y es pasar, lo del falseamiento en la declaración de no internacionalidad por los jugadores de referencia. Pero, ¿son en verdad hijos de padre español, requisito imprescindible que no se ha derogado? Si llegara a probarse que esto también es mentira, y gana enteros la duda en ciertos casos, el escándalo alcanzaría alturas intolerables. Es preciso conseguir toda la luz posible sobre él, y mientras se espera la respuesta vizcaína, la Real Sociedad se halla decidida a llegar hasta donde se lo permita su deseo de limpieza en esta oscurísima página del fútbol español.
La observación final que recojo es también buena:
- No estamos dispuestos a convertirnos en cómplices de la farsa.
Parece que esta rección del club de Atocha no ha hecho sino empezar, esperando no quedarse solo. Y en todo caso, consciente de que tantas buenas palabras como en los Plenos federativos invocan lo mejor para el fútbol español, tienen ahora por delante la ocasión de convertirse en realidad”.
Erostarbe se quedaba corto. Por los aledaños de San Mamés bullía ya la sensación de desafuero, de vulneración flagrante, tanto en acuerdos, como de circulares y normativas, llevada a cabo por quienes estaban obligados a respetarlas y hacerlas respetar; léase R.F.E.F. y Delegación Nacional de Educación Física y Deportes. La directiva rojiblanca se asesoraba jurídicamente sobre posibles medidas a tomar. Y entre el público de “La Catedral”, tímidamente primero, aunque con fuerza paulatina, se dejaban oír los primeros gritos de “¡Indio, indio, indio!”, que hoy serían perseguibles como delito de odio, cada vez que tocaba el balón alguno de los oriundos para entonces desenmascarados como fulleros.
Las aguas bajaban revueltas, y el desaguador que las contuviere, buen desaguador sería. Vistas las cosas con perspectiva, cuesta entender que el veto a un futbolista del montón, como fue Irala, a tenor de su desdibujada andadura profesional, derivase en tan enorme revuelto. Pero es que en realidad, Severiano Irala no fue el objeto de tanto dislate, sino tan sólo la oportunidad; el pretexto. El Barcelona había renunciado a ficharlo, cuando tras negársele la entrada pudieron haberle extendido un contrato durante el periodo de “graciosa” moratoria. El propio presidente “culé”, Narciso de Carreras Guiteras, contestó así a la pregunta de un reportero, sobre si se llevaría a cabo la contratación del internacional paraguayo: “La lesión de Bustillo puede hacernos fichar a otro jugador. Nuestros servicios técnicos ya están trabajando al respecto. De momento nos contentamos con que el caso de los paraguayos se haya solventado razonablemente”.
De Carreras, viviendo ya sus últimos días en la presidencia azulgrana, daba por finiquitada la polémica, y se sentía resarcido. Irala se hallaba en Asunción y Arturo Bogossian maniobraba para intentar colarlo en el campeonato francés, recién abiertas sus fronteras futbolísticas. El cambio de planes era obvio. Cuando en diciembre de 1969 Narciso de Carreras cediese la poltrona a Agustín Montal Costa, las cosas cambiaron de golpe. De darse por resarcido, a enarbolar la bandera del victimismo. Y entre medias tan sólo una votación en la que previéndose el triunfo de los “síes” a la bula importadora de futbolistas extranjeros, vencieron los “noes”. Los planes de Agustín Montal junior se derrumbaban. La aproximación a Johan Cruyff y su entorno, gran objetivo del presidente en rodaje, se convertía en agua de borrajas. No hubiera sido una contratación fácil, en cualquier caso, ante la negativa de la Federación Holandesa a verlo abandonar el país(5), aunque tanto Johan, como el Ajax, se dejaran querer. El “no” asambleario truncaba la posibilidad de contar con un arma diferencial en el futuro inmediato. De ahí la zapatiesta, el discurso de que mes y medio para decidir a quién fichar, resultaba un plazo cortísimo. En suma, la aflicción del traicionado.
Para Agustín Montal Costa y su junta directiva, Irala fue sencillamente el cebo; un señuelo. Y el plazo que exigieran hasta no tocarse nuevamente la posible reapertura a extranjeros -el Mundial de Alemania en 1974-, ni mucho menos era casual. Aquella cita mundialista se veía como la gran oportunidad de la escuadra naranja, ante la excelente camada de cachorros que sus técnicos cuidaban con mimo. Concluido aquel campeonato, los federativos de Ámsterdam ya no podrían seguir frenando el vuelo de su gran estrella, hacia el paraíso dinerario.
En paralelo, la vida y el fútbol seguían, bien es verdad que éste un tanto a trompicones.
Cuando se evidenciara que continuaban llegando futbolistas con su “españolidad” prendida en alfileres, el 29 de setiembre de 1970, presionado por el At. Bilbao y la Real Sociedad, ya en pie de guerra, Juan Gich aplicó otro cuarto de vuelta a la rosca. Esta fue su nueva resolución: “En lo sucesivo, cuando un club pretenda un fichaje (de oriundo) y presente la ficha del jugador, se consultará a la F.I.F.A. y no a la Federación de origen como hasta ahora. Eso por cuanto a su internacionalidad. En lo que se refiere a la veracidad de su pasaporte español, se comprobará por medio del Consulado, la Embajada y medios más idóneos para el caso. En el supuesto de superchería, la D.N.D. aplicará mano dura al infractor, inhabilitando a perpetuidad al jugador, pasando informe a la F.I.F.A. y multando al club que haya engañado o se haya dejado engañar”.
Si las duras medidas adoptadas y la negativa a reabrir fronteras sirvieron de algo, o la vida continuó igual, como cantara Julio Iglesias, se abordará en un próximo capítulo. De momento quedémonos con el finiquito al campeonato 1969-70, cuya clasificación final ofreció este sorprendente saldo:
El Barcelona, clasificado en 4º lugar, por detrás de At. Madrid, campeón, At. Bilbao, segundo, aunque a punto estuviera de alzarse con el título, y Sevilla. El Real Madrid ocupaba la 6ª plaza, pese a los 12 goles de Fleitas en sus 26 partidos. Mal papel de los dos más grandes, enredados en mutuas acusaciones. Aunque ni siquiera haber quedado por delante del Real Madrid pareció atemperar el furor azulgrana, conforme iba a verse pronto. Antes, es preciso analizar hasta qué punto constituían refuerzos reales parte de los fichados entre redoble de tambores. O en menos palabras, si merecieron llegar desde América. La frialdad estadística, unas veces, o el rastro que dejaran en lo personal, otorgan argumentos de juicio.
El paraguayo Rubén Garcete Martínez, alineado como “Rubens” y procedente el campeonato peruano, tan sólo dirimió 4 partidos con el Córdoba C. F., sin cantar ningún gol. Juan Antonio Biselach Gutiérrez, peruano llegado desde ese fútbol, a sus 25 años debería estar curtido, pero únicamente pudo vérsele 5 tardes, sin llevar ningún guarismo al tanteador gaditano. Otro peruano, Félix Osman Bendezú Negri, también jugó poco con el Cádiz C. F., se fue a Venezuela, cuyo campeonato pudiera equivaler entonces al nivel de nuestra 3ª División, y años después, de vuelta, estuvo dirigiendo desde el banquillo con escasa fortuna a varios equipos. Aunque el argentino Daniel Eduardo Valledor Cabrera no costase mucho al Sevilla, resultó carísimo, pues tan sólo asomaría en 3 partidos. Y conste que a sus 24 años tampoco era ningún niño sin destetar. José del Carmen Urbieta Galeano, paraguayo del Sabadell, ni siquiera se vistió de corto en el vestuario de su primer equipo. Víctor Manuel Franco Lara, paraguayo y oriundo real del Córdoba, cuya llegada se produjo desde Chile, sólo tuvo ocasión de lucir como verdiblanco en su presentación, posando para los fotógrafos. El cromo que de él editase la editorial bilbaína “FHER”, actualmente se cotiza como rareza. Luego desfilaría por el Figueras, Tarrasa o Tortosa en 3ª División, y una vez colgadas las botas se dedicó a la intermediación futbolística. Un paraguayo más, Silvio Salvador Herrera Miers, importado por el Real Betis, tampoco disputó ningún partido con su primer elenco. Evaristo Bernal Heyn, paraguayo, por no variar, sumó 10 partidos de 2ª División con el Lérida en su única temporada. Genaro Blas García Rivas fue alineado en el Elche con su primer apellido en 16 tardes, anotando dos goles. Puesto que permaneció bajo el palmeral 2 campañas, salió a 8 partidos y un gol por temporada. Luis Doldán, el paraguayo del Calvo Sotelo, presumiblemente no arrastraría a muchos espectadores hasta el estadio, pues sólo jugó 12 partidos en 2ª División, anotando 2 goles, antes de irse al Calella para competir en 3ª. Luis Ramón Alonso Vázquez, otro paraguayo del Elche, sumó 2 únicos partidos en 1ª División. La temporada 1971-72, puesto que nada pintaba en la plantilla franjiverde, le recetaron una cesión al Ilicitano, recién descendido a 3ª. Y menor todavía fue la contribución de Epifanio Medina Olmedo al Real Betis Balompié: un partido en 2ª División. Posteriormente se le vio en el Atlético Ciudadela y Villarreal, ambos de 3ª. Afincado en Menorca, tras colgar las botas hizo algún pinito como entrenador. Para colmo, a Carlos Alberto Próugenes, argentino importado por el R.C.D. Mallorca, el redactor deportivo José María Múgica le colgó el apodo de “Filósofo del miedo”, por su escandalosa medrosidad. Aunque no le faltara un buen toque, el fútbol, como bien se sabe, no es para cobardes.
Otros se empeñarían en trazar biografías más rocambolescas, como Inocente Domínguez Gaona (Capitá, Paraguay 24-XII-1945).
De entrada empeoró muchos registros, puesto que le dejaron vestirse de corto en 9 ocasiones con el Deportivo de La Coruña durante 4 temporadas, distribuidas en 1ª y 2ª División. A lo largo de una de ellas pasó seis meses cedido al Gimnástico de Tarragona, y desligado de la disciplina deportivista prosiguió repartiendo leña en 3ª División con el C. D. Lugo, Ferrol, Lemos y Sociedad Cultural Arosa, puesto que era de los que sacudían sin el menor remordimiento. Antes de colar por el cedazo federativo como hijo de barceloneses, practicó el cuerpo a cuerpo durante cuatro años en el Libertad de Asunción, y a todas luces debió gustarle La Coruña, puesto que colgadas las botas en 1976, enraizó en ella. Curiosamente, en agosto de 1971 estuvo a prueba en el barcelonés R. C. D. Español, aunque el asunto no cuajara. Había sido internacional con Paraguay en dos ocasiones; una en Montevideo, contra Uruguay, y otra frente a Argentina. Cuando fuera descubierto, Bogossian, su intermediario, adujo lo de siempre: Que en realidad no fueron partidos internaciones, puesto que el choque de Montevideo correspondía al homenaje a un jugador uruguayo, y con el único propósito de ofrecer más lustre a la celebración, al Olimpia lo presentaron como selección paraguaya. El dirimido ante Argentina “tampoco tuvo la menor oficialidad; fue de preparación. Allí únicamente se contemplan como internacionales los encuentros de competición”. Lo fantástico es que después de ser desenmascarado, se le otorgara la imprescindible ficha. El desbarajuste federativo superaba cualquier pronóstico.
Gaona fue noticia cuando a punto de concluir el siglo XX, miembros del Cuerpo Nacional de Policía practicaran su detención, como presunto autor de malos tratos desde hacía 15 años a una mujer minusválida física, vecina del mismo edificio y bajo su tutela. Las primeras investigaciones descubrieron que los hechos eran conocidos por el vecindario. El exfutbolista, según fuentes de la investigación, proporcionaba a la minusválida pan hervido como único alimento, negándole leche, verdura o frutas, y para asegurarse de que no las consumiera había puesto un candado al frigorífico. Al mismo tiempo la señora era explotada económicamente, ya que entregaba hasta el último céntimo de su pensión por minusvalía. Luego de declarar ante el juez, fue puesto en libertad con cargos. Un angelito, en suma, tanto dentro como fuera de los estadios.
Pedro Fernández Cantero, cuya incorporación la llevó a cabo el Barcelona, jugó bastante cuando saliera de la ciudad condal -puesto que con el Barcelona tan sólo pudo lucir de corto 11 tardes-, y repartió muchísima estopa en un Granada C. F. de testamento y extremaunción, junto al infausto Aguirre Suárez. Para lo que ambos acreditaran, hubiera sido mejor dejarlos al otro lado del Atlántico. El propio Arturo Bogossian manifestó en una entrevista: “Yo traje al Barcelona a Fernández, Samaniego y Aranda. Su entrenador los puso a prueba y se quedó con Fernández, dejando fuera a Aranda, el mejor”. Puede que el técnico buscase brío, o para ser más exacto esparcir miedo entre los atacantes adversarios, tal como hiciera el presidente granadino Cándido Gómez Álvarez cuando, tras acordar el traspaso de Ramón Díaz Cruz, “Ramoní” para el fútbol, exigiese como contrapartida de la operación, en 1969, el ingreso de Fernández en la entidad nazarí. El caso es que con él tuvo a un elemento a quien sus adversarios apodaran meses más tarde “puntillero”, o “picador”.
Pagó los platos rotos de un durísimo Granada, mientras lograba irse de rositas el mayor garbanzo negro -entiéndase Aguirre Suárez-, quién sabe si porque con los árbitros supiera mostrarse educadito y obsequioso. A Pedro Fernández, en cambio, acabó cayéndole un castigo ejemplar tras lesionar a Amancio el 9 de junio de 1974, en partido de Copa. Los rifirrafes entre ambos jugadores venían de lejos, y Amancio Amaro(6), que era de los que no se arrugaban, ya le había clavado los tocos en un partido tres años antes, lo que parece habría provocado el acto vengativo del paraguayo, quien como si en realidad hubiera sido víctima y no verdugo, tuvo el cuajo de afirmar en una entrevista concedida al diario “El País” mucho tiempo después: “Amancio jamás me perdonó”(7).
Como en Barcelona conocían muy bien sus modos y maneras, en 1973, cuando por fin pudo debutar Johan Cruyff tras resolverse sus problemas burocráticos, precisamente ante el Granada -el 28 de octubre-, antes de que la plantilla andaluza cenase en la ciudad condal, Francisco Rodríguez, secretario técnico “culé”, se dejó caer por el hotel, saludando a su otrora pupilo. Según narrase el propio Fernández largo tiempo después, desde el diario “Ideal”, tras anticiparle que Cruyff iba a debutar, y según todas las previsiones a él le tocaría marcarle por primera vez en nuestra Liga, Rodri le habría recomendado suavidad, en recuerdo de sus días de azulgrana: “Me pidió que no lo lesionáramos, que les había costado mucho esfuerzo ficharlo, y encima bastante dinero”. Imposible saber qué hubiera pasado si esa tarde estuviese para jugar Aguirre Suárez, cosa que no ocurrió. El caso es que Cruyff salió indemne y muy ovacionado, pues 2 de los 4 goles que dieron el triunfo al Barça fueron obra del neerlandés.
Fernández Cantero se vio implicado, además, en un feo asunto de faldas, junto a su compatriota Gustavo Benítez, a quien acusarían de violación. Uno y otro no esperaron al juicio. Gustavo Benítez puso el océano de por medio, mientras Fernández dejaba unas inversiones junto a la Alhambra para recalar en el fútbol francés, mientras corrían los meses de sanción. Más adelante, en su país, comenzó entrenando a un modesto club del interior, en la localidad de Ita, antes de dar el salto al recién ascendido Oriental, de un barrio de Asunción, logrando rescatarlo de lo que se antojaba irremisible descenso. De cualquier modo, su periplo por Paraguay resultaría breve, puesto que decidió echar el ancla en Granada, donde podía vérsele por el barrio de Zaidín.
Tuvo suerte mientras luciera de corto, puesto que se prefirió no mirar al trasluz los papeles de quienes habían colado tiempo atrás por el cedazo federativo, evitando nuevos sobresaltos. Su nombre nunca figuró, por tanto, en los listados de falsarios, pero sí en los de posibles infractores. El primer memorándum del At. Bilbao y Real Sociedad lo citaba, no como internacional, sino como dudoso español. También aparecía en el informe de Jesús Gallo, el detective que contratasen ambos clubes vascos para destapar irregularidades por el cono Sur de América, como probable falsificador documental, aunque no lograra hacerse con la prueba definitiva. Además, llegó a España engrosando el muestrario de Arturo Bogossian; buena razón, en sí misma, para sospechar. Él, finalmente, tampoco es que hiciera mucho por desentrañar el entuerto. Competir en clubes de no muy alto rango tenía sus ventajas, puesto que casi todas las pupilas se dirigían a entidades de relumbrón.
Durante el año 2019 tuvieron que someterlo a una delicada intervención coronaria, y además arrastraba dificultades de movilidad, aquejado por problemas en una cadera. La habitual lesión de tantos futbolistas. Casi hasta ese momento seguía practicando deportes con moderación y llevaba una vida normal. El sábado 21 de noviembre de 2020, a los 74 años, falleció en su Granada adoptiva, unos cuantos años después de que lo hiciese Aguirre Suárez, su compañero de tropelías en el campo de Los Cármenes, cuyas barrabasadas habrá que tratar cuando se narre lo relativo al descubrimiento de su falsedad documental.
Por no eternizar el repaso de fiascos, una última escala ante Osvaldo Pedro Dandru González, argentino, a quien la suerte no sonriera ni en el fútbol ni en la vida. Había jugado en Francia, desde donde lo reexpidieron a Argentina. Meses después quiso quitarse la espinita en el Rayo Vallecano, pero sólo pudo enfundarse la camiseta franjirroja en 5 partidos de 2ª División. Cuando se despidió de este mundo tan sólo contaba 35 años.
Pero no todo fueron paletadas de arena. También hubo excelentes jugadores, y así ha de reconocerse.
Sebastián Humberto Viberti maravilló durante sus dos o tres primeros años. Elegante, magnifico director del juego malacitano, capaz de suministrar pases medidos desde gran distancia y hacer fácil lo que para la moría resultaba imposible. Quien lo viera por nuestros campos de 2ª División, puesto que fue en esa categoría donde debutase con el C. D. Málaga la temporada 1969-70, a buen seguro se haría cruces. ¿Cómo alguien capaz de jugar así, pasó desapercibido ante los seleccionadores argentinos? ¿Tanto y tan bueno habría allí para elegir? Por supuesto, lució la albiceleste a despecho de lo acreditado en su documentación. Como quien falsea algunos papeles pudo haber falseado también su edad real, surgieron dudas acerca de la misma, sobre todo ante su prematura curva descendente. En junio de 1975, a sus 30 años, si diéramos por buena el acta de nacimiento, dijo basta en el Gimnástico de Tarragona, donde decepcionó sin ambages. Ya alejado del balón, estuvo entrenando al Málaga durante dos campañas y media -con el húngaro Kalmar poniendo su documentación de técnico, puesto que el aún no la poseyera-, y se le detectaron los primeros problemas coronarios. Falleció el 24 de noviembre de 2012, a los 68 años.
Otro argentino, menos vistoso con el balón en los pies, y por tanto más barato, fue Emilio Antonio Pazos, central y medio centro defensivo llegado al Sevilla C.F. cuando contaba 20 años. Correoso, duro y eficaz, dirimió 5 temporadas en el club hispalense, una en el Granada y 6 en el Real Murcia.
Miguel Pérez dio la impresión querer comerse el mundo durante sus primeras campañas en el Real Madrid, aunque luego no supiera enfrentarse a tanta competencia. Regateador hasta la exageración, rápido y descarado, fue blanco de no pocos adversarios incapaces de sujetarle. Había llegado desde el fútbol francés con apenas 20 y tuvo que abandonar la disciplina “merengue” tras una temporada en blanco, a los 24. La lesión que sufriera le dejó visiblemente mermado, hasta el punto de disputar únicamente 6 partidos de Liga con el R. Zaragoza en 1972-73, otros 6 con el Rayo Vallecano durante el ejercicio siguiente, en 2ª División, y emborronar su rastro a partir del campeonato 1975-76, firmando otros 6 partidos en la misma categoría, con un gol, en el C. D. Castellón.
Aunque quizás entre tantos, quien merezca de varas un reconocimiento enorme sea Clemente Iriarte Madariaga, navarro emigrado a Chile con su familia cuando contaba 5 años, e inscrito como profesional por el Rayo Vallecano la temporada 1966-67, con los madrileños en 2ª División. Luego pasó por el Oberena, Burgos y Real Oviedo durante 9 campañas, erigiéndose en líder desde el centro del campo. A sus 32 años, cuando para los usos de la época ya se le diera por amortizado, pudo cumplir el anhelo de incorporarse al Club Atlético Osasuna, contribuyendo decisivamente al ascenso a Primera. De sus 17 campañas por nuestros campos, sólo pudo dirimir seis en 1ª División, muchas menos de las merecidas. Imperaba el derecho de retención y la directiva ovetense estuvo ejerciéndolo pese a las ofertas llegadas hasta su secretaría. Con casi 600 partidos en su haber, le fueron adjudicando distintos apodos: “Maestro”, por la sabiduría futbolística que destilara; “Arquitecto”, por su capacidad para ver como nadie los espacios vacíos y trenzar diagonales con tiralíneas. “El Deseado”, ante el interés que tuvo siempre por su contratación el navarro Fermín Ezcurra, pese a recibir cada año contundentes negativas desde la capital asturiana. Y para la afición del Real Oviedo, sobre todo, “El Pulpo”, puesto que parecía tener tentáculos al hacerse con tantos balones.
En noviembre de 2021, cuando la enfermedad que arrastraba hacía prever lo inevitable, una representación de veteranos jugadores “carbayones” se desplazó hasta la capital navarra para entregarle una camiseta azulona y el retrato de sus días de corto, como sencillo homenaje. “Nunca tuve una con mi nombre -dijo entonces-. En mi época no había eso. Tengo mucho cariño al Oviedo y a mis excompañeros”. Como muchos veteranos, añorantes de otro fútbol más directo, reconocía ver pocos partidos, y casi todos por la televisión, desde casa. “Me engancha poco, es tan distinto al de nuestros tiempos…”
Con 75 años se apagó su existencia, el 22 de diciembre de 2021.
Por si alguien se pregunta qué aducían los oriundos, reales o imaginarios, sobre la tormenta en que se vieran inmersos, pues la verdad, muy poca cosa. Aplicaban mayoritariamente el viejo aforismo de “en boca cerrada no entran moscas”. Daba igual se tratara de recién llegados, o con varios años de experiencia en nuestro campeonato. Y si por bisoñez se les hiciera cuesta arriba torear al entrevistador de turno, recurrían al encogimiento de hombros, recurso empleado por el defensa paraguayo Néstor García, que en octubre de 1969 acababa de debutar con el Pontevedra C. F., marcando nada menos que a Paco Gento. “¿Hablamos del caso paraguayos?”, le espetó de pronto Amador Larriba. Y el neófito en nuestro campeonato despejó a las nubes: “Se han desorbitado mucho las cosas. Creo que la solución que se dio fue la mejor”.
¿Solución? Cualquier cosa menos eso.
Cuando la pelota echase a rodar en setiembre de 1970, muchos espectadores creyeron, como Néstor García, que el escándalo de los falsos oriundos, aun a pesar a las chapuceras maniobras de extinción adoptadas, pudiera haberse apagado. Se equivocaban de medio a medio. Los duelos y quebrantos no habían hecho mas que empezar.
(1).- Buena parte de la historiografía del F. C. Barcelona tilda al secretario federativo Andrés Ramírez como madridista, o incluso anti culé. Al margen de filias y fobias, e independientemente de cuáles pudieron haber sido sus colores, pecó de comodón, más que de crédulo, cuando siguiera otorgando validez a unas certificaciones de la Liga Paraguaya expedidas “a medida” de los clubes emisores. Una vez destapada la internacionalidad paraguaya de Anastasio Jara, debió haber puesto en tela de juicio todas las posteriores remisiones del órgano sudamericano, exigiendo certificaciones expedidas por la F.I.F.A., como se hizo más adelante, una vez lo purgaran con 6 meses de inhabilitación. Quede constancia, en cualquier caso, que el Real Madrid no estuvo entre los más beneficiados por tamaña desidia. Encabezarían la lista formaciones de menor calado social y capacidad económica, como Elche C. F., C. D. Málaga, Granada o Córdoba C. F.
(2).- Cuando Johan Cruyff llegó a España, su apellido fue inicialmente recogido por los periodistas tal y como se hiciera en Holanda, es decir Cruijff, o incluso Kruyff. Más adelante acabaría quedando como Cruyff, sin la “j” del original.
(3).- Todos ellos se vieron “normalizados” por decisión del Delegado Nacional de Deportes, como salida de emergencia ante los problemas de índole legal, económica y administrativa, derivados de una hipotética aplicación retrospectiva del reglamento imperante. Detentaba dicho cargo el catalán Juan Gich, y los clubes beneficiados fueron Valencia, Elche, Mallorca, Real Madrid, C. D. Málaga y At Madrid; tres de los denominados “potentes” y otros tantos de rango inferior.
(4).- Esta cabecera se publicó en Barcelona desde el 14 de setiembre de 1964 hasta despedirse de los kioscos en 1980, siendo el primer periódico privado de Cataluña desde la Guerra Civil. Sus impulsores y fundadores fueron Jaime Castel, con gran aportación del capital; Carlos Sentís, periodista y político estrechamente vinculado al franquismo, aunque ya con 65 años, tras la muerte del dictador, se sumara a las filas demócratas hasta el punto de convertirse en pieza fundamental para el retorno de Tarradellas a Cataluña; Federico Gallo, periodista también, y político no menos devoto del régimen, además de popularísimo presentador durante los albores de Televisión Española, al frente de programas de enorme éxito, como “Esta es su vida”, o siendo la voz narradora de los festivales de Eurovisión hasta 1968, o ya durante la transición, responsable de los informativos de TVE; y Andrés Avellí Artís, periodista, escritor con tendencia al costumbrismo y dibujante, más conocido por el seudónimo de “Sempronio”, que ejercería su primer director, hasta 1966. La cabecera pasó luego a manos de Carlos Godó y el propio Jaime Castel, hasta que en 1977 el Grupo Mundo, propiedad del barcelonés Sebastián Auger, la recogiera. “Tele/eXprés” tuvo serios problemas con la censura, al apostar por una línea sensacionalista, aunque desde luego no tan acusada como la de los tabloides ingleses de esa época. Gozaba de prestigio, ante la composición de su plantilla redactora y nómina de colaboradores, pero se veía lastrado por la estrecha vigilancia del Ministerio de Información”, y las suspicacias de un régimen cada vez más débil. Fruto de ellas, su efímero segundo director y relevo de Andrés Avellí, el periodista Ignacio Agustí, antiguo militante de la Lliga Regionalista y celebrado escritor, gracias a su trilogía “La ceniza fue árbol”, recibió un cese fulminante a raíz de publicar un artículo sobre cierta manifestación de curas. Y no fue el único en perder el pulso contra los lectores de la censura. Que se sepa, el club azulgrana nunca tuvo intereses en dicho medio. Otra cuestión, si acaso, las devociones de quienes aporrearan el teclado de sus “Olivetti”, o la estrategia contable, puesto que al fin y al cabo escribir con tinta azulgrana vendía lo suyo en la ciudad condal.
(5).- Ante la negativa de la Federación Neerlandesa a consentir el fichaje de Johan Kruyff por cualquier club extranjero -a ella le competía diligenciar el transfer internacional-, un diputado defendió en el parlamento del país la incapacidad que dicho órgano tenía, leyes en mano, de cercenar por puro capricho el porvenir laboral de cualquiera de sus súbditos. Si no se ponían obstáculos a las salidas de ingenieros, médicos, músicos o artesanos, con mejores oportunidades de desarrollo fuera de Holanda, tampoco podía tratarse de distinto modo a un, o unos futbolistas. Establecer vetos a ese respecto, según su intervención, constituiría delito perseguible judicialmente.
(6).- Con respecto a su escasa templanza ante los tremendos marcadores de la época, Amancio declaró a un periodista en 1972: “Cuando recibo la primera patada, pienso: ¡Vaya, hombre! Ante la segunda me digo: ¡Mala suerte! Con la tercera: ¡Habrá sido casualidad! Ya en la cuarta tengo clarísimo que ese tío viene a por mí. De manera que a la quinta, soy yo quien sacude primero”. Los defensas de la época gozaban de enorme impunidad, ante la actitud contemplativa de un gran número de árbitros.
(7).- La sanción de 15 partidos que le impusiera el Comité de Competición, tras la grave lesión ocasionada a Amancio Amaro, resultó por demás curiosa. Oliva, colegiado de aquel encuentro, ni siquiera lo amonestó. Ante las consecuencias de su acción salvaje, los miembros del Comité revisaron las imágenes televisivas, extrayendo la conclusión de que Fernández Cantero debió haber sido expulsado en el acto. Contra lo escrito a menudo, no fue la primera acción tan duramente castigada en nuestra máxima categoría. Cortizo, defensa del Real Zaragoza, ya había pechado antes con otra similar.