Argilés: Corazón Perico
Fernando Cuesta Fernández
Cuadernos de Fútbol n.o 188 | Julio 2026
Argilés: Corazón Perico
Autor: Fernando Cuesta Fernández
Publicación: Cuadernos de Fútbol, nº 188
Fecha: 1 de julio de 2026
Fecha de recepción: 13 de mayo de 2026
Fecha de aceptación: 15 de junio de 2026
ISSN: 1989-6379
Resumen / Abstract:
Antonio Argilés fue uno de los grandes símbolos del RCD Español en los años cincuenta y sesenta. Lateral derecho combativo y capitán del equipo, destacó por su entrega y liderazgo, aunque la mala suerte le impidió debutar con la selección absoluta. Tras más de 350 partidos como blanquiazul, vivió dos descensos del club y posteriormente desarrolló una carrera como entrenador.
Antonio Argilés was one of the great icons of RCD Español during the 1950s and 1960s. A tough and committed right-back, he became team captain and was renowned for his determination and leadership. Misfortune prevented him from making his debut for Spain’s senior national team. After more than 350 appearances for the club, he experienced two relegations with Espanyol before pursuing a career as a football manager.
Fue uno de los laterales más destacados de los años 50, con fama de duro, pero Antonio Argilés Antón (Tarrasa, Barcelona, 31 de diciembre de 1931 -Ibídem, 21 de agosto de 1990), lo daba todo en defensa de los colores blanquiazules, hasta bastante “cera” a los delanteros contrarios, como entonces se decía vulgarmente… Integrante de uno de los mejores sistemas defensivos de la época, al lado de su cuñado Josep Parra, y junto a Cata, Faura, y el guardameta Marcel Domingo, el suyo fue un caso de verdadera mala suerte, pues cuando estaba a punto de debutar con la Selección Absoluta, en la mejor temporada liguera del Español hasta entonces, con el “Equipo del Oxígeno” dirigido magistralmente por el técnico argentino Alejandro Scopelli y embalado hacia un título que al final no conseguiría, se rompió y perdió la oportunidad. Y algo muy parecido volvería a ocurrirle unos meses más tarde.
Curiosamente, sus inicios en el fútbol no fueron como defensa lateral, sino jugando en una posición más avanzada, concretamente como interior izquierdo. Había nacido el último día del año 31, en el seno de una familia humilde, y se inicio en conjuntos de la comarca, como la Peña Vallparadís, la Electra Industrial y el Pont de Vilumara, antes de unirse al Amateur del Tarrasa con tan sólo quince años. Entonces compaginaba el fútbol con un trabajo y con los estudios de Peritaje Mercantil, que dejaría poco después, continuando con su actividad laboral -por razones obvias- y jugando los fines de semana a su deporte favorito, en el que destacaba desde muy joven. Tanto, que a los 18, en la temporada 49-50, dio el salto al primer equipo del Tarrasa, y ya como lateral derecho, posición que no abandonaría. El Español pagará por sus servicios 150.000 pesetas, una cantidad importante para la época y más tratándose de un futbolista de Tercera División, pero evidentemente habían vislumbrado una gran proyección en aquel muchacho de 1,70 de altura y 67 kilos de peso, rápido y aguerrido.
De Tarrasa a Sarriá
Va a debutar con los pericos en la octava jornada de la Liga 50-51, en Sarria, y nada menos que ante el Atlético de Madrid, el vigente campeón, que saldría derrotado por 4 a 3, y ya se quedará para siempre en el equipo titular, derrochando nervio, coraje y entrega a raudales. Nadie le discutiría el puesto durante una década larga, y únicamente le frenarán las lesiones, muchas veces producto de su forma de jugar, yendo siempre al límite, o las sanciones, consecuencia de actuar a menudo al borde del reglamento. Precisamente una inoportuna lesión sufrida en esa su primera temporada en la élite le impide estar presente en el histórico 6 a 0 que los blanquiazules le endosan a su eterno rival, el Barça, finalizando ya el campeonato, y que aun hoy sigue siendo el correctivo más severo entre los dos principales clubes de la Ciudad Condal.
Dos años más tarde, en la mítica temporada del “Equipo del Oxígeno”, con Scopelli en el banquillo -clasificados en cuarto lugar-, va a ser convocado para la Selección “A” en dos ocasiones, y en ambas no podrá jugar finalmente, teniendo que conformarse con acudir al combinado “B”. Esa va a ser su gran frustración como futbolista profesional, mayor aun que la de no conseguir ningún título. Un tirón en la ingle, sufrido en un entrenamiento previo, y un inoportuno esguince, respectivamente, le impedirán medirse a Argentina en Chamartín (diciembre del 52) y a Bélgica en Les Corts (marzo del 53). Aun así será cinco veces internacional “B”, debutando el 6 de mayo de 1953 en Mestalla frente a Luxemburgo, con triunfo español por 2 goles a 0 (Manchón y Buqué), y la siguiente alineación: Pazos; Argilés, Campanal, Segarra; Falín, Zárraga; Arteche (Miguel), Buqué, Fuertes (Sócrates), Moreno y Manchón. En agosto de ese mismo año pasará por la vicaria, contrayendo matrimonio con la hermana de la esposa de su compañero de equipo -este sí internacional “A” y mundialista en Brasil-50- Josep Parra.
Un lateral correoso
Jugador muy viril y temperamental, Argilés será expulsado en varias ocasiones, ganándose una merecida fama de duro. También acostumbraba a protestar a los árbitros con frecuencia y vehemencia. Marcó muy pocos goles a lo largo de su carrera -pues no se prodigaba en ataque, como casi todos los zagueros de su tiempo-, tan sólo tres, y dos de ellos en la campaña 53-54, en la que el Español volvió a clasificarse en cuarto lugar. Pero al año siguiente van a pasar grandes apuros, teniendo que disputar una liguilla de promoción, de la que acabarán saliendo airosos. En 1957, sin embargo, llegan hasta la mismísima final de Copa, viéndose las caras con el Barça -la única vez que eso ha ocurrido en el partido decisivo del Torneo del KO- . El encuentro se celebró en un ya destartalado Estadio de Montjuic, y en él Argilés no estuvo demasiado afortunado, pues una indecisión suya y del guardameta Vicente propició que el azulgrana Sampedro metiera la cabeza y consiguiese el único gol del choque, cuando ya el tiempo reglamentario enfilaba su recta final, y se mascaba la prórroga.
A finales de los años 50 va a alcanzar la capitanía del equipo, en premio a sus muchos años de servicios. Por esas fechas forma parte de otra buena línea de contención, junto al arquero Vicente y al lado de Bartolí y Dauder. Y así llegamos a una temporada crucial para su carrera, la 61-62. En ella el Español debuta en competición europea, salvando un par de eliminatorias en la Copa de Ferias hasta caer eliminado, pero en la Liga no levanta cabeza, viéndose de nuevo abocado a disputar la promoción para mantener una categoría que hasta el momento no había perdido nunca. Su rival va a ser el Real Valladolid, al que derrota por 1 a 0 en la ida, disputada en Sarria (Carranza falló un penalti que podía haberles dado mucha tranquilidad de cara a la vuelta), y en Zorrilla se presenta con un once muy defensivo, capitaneado por supuesto por Argilés. Aguanta con el marcador virgen hasta la segunda parte, en la que encaja el gol que iguala las cosas, pero cuando ya se vislumbraba el desempate, casi con el tiempo cumplido, Rodilla -futuro jugador perico- va a conseguir con un certero cabezazo devolver a los blanquivioletas a Primera y hundir al Español.
Retirada, con marcha atrás
La desolación es indescriptible. Se hará tabla rasa en la plantilla, con vistas a recuperar de inmediato la categoría perdida, y se producirán numerosas bajas, entre ellas la de Argilés, por quien no apuesta el nuevo entrenador, el hispanoparaguayo Heriberto Herrera. El de Tarrasa tiene solamente 31 años, y varios equipos se ofrecen para contratarlo (el propio Valladolid, el Deportivo de La Coruña, el Málaga, el Sabadell incluso), pero él decide renunciar y retirarse. Pasa a entrenar al equipo Amateur, con la promesa de un partido de homenaje que nunca se celebraría. A todo eso, el Español va a conseguir reintegrarse de nuevo a la Primera División, pero por los pelos, en el desempate de la promoción que le enfrentó al Mallorca, en el Bernabéu, merced a un gol de Idígoras.
Sin embargo en octubre de 1963, después de casi año y medio de inactividad, Argilés va a replantearse su decisión, y se anima a calzarse de nuevo los borceguíes. El equipo le necesita, pues los puntos no le sobran precisamente, y el banquillo lo ocupa de nuevo un viejo conocido suyo, Alejandro Scopelli, que confía en él ciegamente. Con el brazalete de capitán jugará 18 partidos durante esa complicada campaña 63-64, en los que se encuentra a gusto y con su acostumbrada fuerza y entrega. Los pericos no consiguen eludir la promoción -seria la tercera consecutiva-, pero en ella no tendrán demasiados problemas para salvar la categoría ante el Sporting de Gijón, con un equipo en el que también se bate el cobre, dos años después de su retirada en el Barça, nada menos que Ladislao Kubala.
En el banquillo
Pero ahí Argilés ya dice basta. El auténtico hombre fuerte del club, el empresario Juan Vilá Reyes, tiene ambiciosos proyectos para el Español, y realiza una serie de importantes fichajes, el más sonado de todos ellos un Alfredo Di Stefano que también se resistía a hacer mutis por el foro. Para nuestro hombre se inicia ahora una prometedora carrera como técnico, primero con el Manresa, en Tercera División, y más tarde con el Badalona (Segunda) y San Andrés (nuevamente en la Categoría de Bronce). Y en ese preciso momento el Español llama nuevamente a su puerta, urgido por los resultados, y él no puede decirle que no, por supuesto.
El Español de la temporada 68-69 partía como uno de los favoritos para alzarse con el título de Liga, con su prestigiosa delantera de los Cinco Delfines (Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María), y los espectaculares fichajes de Lico y Glaría para el medio campo, pero las cosas no van a salir como se pensaba…Tras la cuarta jornada, con una escandalosa derrota en Córdoba por 5 a 0, el entrenador húngaro Janos Kalmar va a presentar su dimisión (¡ ejem…!), y Vilá Reyes echará mano de Argilés, ayudado por su antiguo compañero Faura. El españolismo, perplejo, confía en que el nuevo técnico emplee el látigo e insufle moral en un colectivo demasiado acomodado. Lo intenta -no podía esperarse otra cosa de él-, pero estaba escrito que aquel, al igual que ocurrió en el curso 61-62, no era el año del Español… El tándem Argilés-Faura, a quienes nadie podía negarles su desmesurado amor al club de la Carretera de Sarria, no va a ser capaz de revertir la dramática situación, y esa dinámica perdedora les supondrá a los pericos el segundo descenso de su historia.
Con el Español de nuevo en Segunda, y Vilá Reyes encarcelado por el turbio y politizado “Caso Matesa”, Argilés va a abandonar una nave a la deriva para reemprender un peregrinaje por diversos banquillos catalanes (Nástic de Tarragona, Europa, Badalona de nuevo, Hospitalet…), hasta el momento de su retirada en el modesto Bufalá, a mediados de los años 80. En 1990, contando sólo con 58 años de edad, una terrible enfermedad se lo llevará por delante, a él, que estaba cansado de frenar a los delanteros más peligrosos. 13 temporadas, y más de 350 partidos vestido de blanco y azul fueron sus poderes, pero también tuvo la desgracia de conocer dos inesperados descensos, y no haber podido doctorarse como internacional, reuniendo para ello sobrados merecimientos.